El paraguas de Odebrecht

Por Rodrigo Pareja

Centenares de personas en este país carcomido hasta los tuétanos por la corrupción pública y privada, y gracias a ella enriquecidas robando el dinero de todos los colombianos, perciben la aparición de Odebrecht y sus escándalos como una bendición.
Asimilan como un afortunado golpe de suerte el descubrimiento de las dolosas maniobras de la ahora desprestigiada firma brasilera, como una especie de paraguas bajo el cual puedan permanecer ignorados y en paz ante a los colombianos, aunque no lo estén frente a sus conciencias.
Porque en el caso de Odebrecht – la madre de todas las  sobornadoras —  hay que concluir que si bien es cierto el sector público aparece en primer lugar como el principal delincuente, el sector privado no se queda atrás, como sucede con todo lo que tenga que ver con la corrupción que agobia y quiebra al país.
Esos comprometidos en las irregularidades y los manejos dolosos cuando se trata de birlar mediante contrataciones fraudulentas y amañadas  los dineros de todos los ciudadanos, están errados en su interpretación del  escándalo actual, y de ninguna manera podrán guarecerse bajo el quitasol de Odebrecht.
Si como todos esperan esto de la firma brasilera llegue hasta sus últimas consecuencias  “caiga quien caiga” como lo han proclamado algunos muy importantes, eso no significaría ni podría entenderse como el triunfo absoluto  sobre la corruptela, de la cual lo cometido por  la empresa líder en ella representa solo el piquito.
De este que es el más grave escándalo descubierto en los últimos años quieren aprovecharse muchos izándolo como bandera y posando de honestos para tapar —  como el gato – sus propias porquerías, y esto es lo que no debe permitir por ningún motivo la ciudadanía.
 Hay que aprovechar el haberse topado con esta apestosa cloaca descubierta en la selva virgen de la burocracia, no solo para sancionar a los más encumbrados delincuentes sino también a aquellos que quieren pasar de agache aprovechando la confusión y la importancia mediática del condenable episodio.
Y eso tiene que hacerse poniendo al descubierto a los protagonistas del delito, funcionarios públicos y representantes del sector privado, porque si en el caso del cohecho para cometerlo se necesitan dos actores, también para sobornar y aceptar el soborno se precisan dos.
No solo Odebrecht. También sus firmas colegas constructoras, tanto nacionales como extranjeras, acostumbran  mimar más de lo debido a quienes deciden mediante argucias y pliegos de condiciones amañados hacia dónde van los dineros públicos.
Ya la Auditoría General de la República hizo las primeras graves denuncias con nombres propios, pero ellas no pueden quedarse en eso, en escritos sobre el papel o en noticias de radio o televisión que son apenas el momento y luego desaparecen para complacencia de los encartados.
Máxime, cuando parecen existir ciertos e influyentes intereses para que esto no trascienda,  porque toca fibras muy cercanas a opulentos y muy poderosos engranajes que en forma silenciosa han venido enriqueciéndose mediante el fácil artilugio del “yo te financio tu me contratas”
 Gobernadores y ex gobernadores; actuales alcaldes y ex alcaldes; gerentes y ex gerentes, directores y ex directores de entidades estatales, todos tendrán que ser objeto del más riguroso escrutinio, máxime cuando algunos de ellos vienen posando de impolutos a pesar de cargar un pesado fardo de irregularidades a sus espaldas.
Alguna vez escribimos y no sobra recordarlo, que estos últimos actúan a la manera del carterista que a toda carrera y con el botín que acaba de rapar en la mano, grita “cójanlo” “cójanlo”, para despistar a transeúntes y policías. Ojalá estos, convertidos de pronto en potenciales electores, no se dejen engañar.
 
 Twitercito: Esto está tan podrido que a veces se añora un sobornador que soborne a la justicia para que esta cumpla con su deber.