Cuando…

Por: Ricardo Tribin Acosta

Cuando acepto mis miedos y los enfrento, estoy indicando síntomas de valor. Cuando apoyo a otra persona durante una necesidad emocional o de cualquier tipo, estoy creciendo en mi capacidad de amar. Estos dos enunciados son importantes en la vida de una persona ya que, en el caso del primero, estaremos quitando de la mente la racionalización, estamento que es en la mayor parte de los casos solo imaginación, y al enfrentar la situación sobre la cual hemos elucubrado sin certeza ninguna, estaremos quitándole el velo a esos miedos absurdos que tanto nos afectan.

De otra parte y ya hablando del segundo predicamento, una verdad bien claramente demostrada sin discusión alguna a lo largo de los años estriba en que cuando damos de nosotros estaremos, no solo amando a los demás, sino también aumentando la capacidad de amor también en dirección a nosotros. De ahí la importancia que tiene en nuestras emociones el dar sin reserva, esto es sin esperar recompensa o reciprocidad de la otra parte, lo cual en el caso de no ser correspondidos nos evitará el sentimiento poco agradable de la decepción.

Lo mismo ocurre con el dolor. Si aceptamos que este es parte normal del diario vivir, le estaremos dando impulso vigoroso al crecimiento en nuestras vidas, si paralelamente no nos rebelamos emocionalmente ante lo que nos suceda. Esto implica que, si bien estamos en la capacidad y el derecho de buscar superar lo que nos agobia, podremos entender y admitir que sentiremos dolor, más no nos quedaremos innecesariamente ni en la autocompasión, ni en el sufrimiento, lo cual al final llevará conducirnos a positivos sentimientos de felicidad.

Por eso resulta también importante destacar que tenemos cualidades y también defectos y que en nuestro proceso de cambio para bien, tratamos de mejorar y mantener las primeras, y de encontrarle una solución a los segundos, ya que con ello, sin necesidad de ser o creernos perfectos, estaremos dando los pasos hacia el progreso individual, el cual va acompañado de la agradable sensación y vocación de ser cada vez mejores como individuos: Un Día a la Vez.