Maluma: Condecoración inmerecida

José Miguel Alzate

jose miguel alzateLa lluvia de críticas que le cayeron al Gobernador de Antioquia, Luis Pérez Gutiérrez, por haber condecorado con el escudo de oro del departamento a Juan Luis Londoño, más conocido con el nombre artístico de Maluma, exaltándolo como “inmenso poeta urbano”, son la expresión clara del rechazo de una sociedad formada en principios, respetuosa de sus valores, a un artista que con su lenguaje sin ningún contenido estético lo único que hace es alimentar en los jóvenes las bajas pasiones. Entregarle esa condecoración a alguien que escribe canciones donde convierte a la mujer en eso que Luis Buñuel definió como oscuro objeto del deseo es faltarle al respeto a esos seres humanos que cada día logran el milagro de hacer nacer una vida.

La mujer es un ser humano que por el noble papel que cumple en la sociedad de ser receptora de una semilla que se convierte en vida merece admiración. Condecorar a un artista que con su música incita a los jóvenes a mirarla como simple objeto que se utiliza para desfogar pasiones dormidas es transgredir el concepto que se tiene sobre su misión en el mundo como forjadora de una sociedad donde la familia es el núcleo principal. En sus canciones Maluma no exalta a la mujer como ser lleno de virtudes, sino que la rebaja a la condición de simple elemento para el gozo sexual. Cuatro Babys, su canción más conocida, no la eleva al sitial de respeto que merece, sino que la muestra como un instrumento sin otro valor que su facilidad de ofrecer placer.

Que un mandatario de un departamento que se dice culto imponga una condecoración de ese peso a un hombre que no canta a las excelsitudes de la mujer es sintomático de lo bajo que en este país hemos llegado en cuestión de arte musical. Puede que para Luis Pérez Gutiérrez el mensaje que envía Maluma en sus canciones tenga significado de trascendencia. Pero para la mayoría de los colombianos sus letras no invitan a mirar con ojos de grandeza a la mujer, ni a que se les prodigue respeto, ni a que se les rinda tributo de admiración por lo que son como seres humanos dotados de inteligencia. El reguetón no exalta todo lo bueno que la mujer tiene. Simplemente la cosifica, le dá un espacio como objeto, la muestra como alguien sin cerebro, que está ahí para brindar placer nada más.

Otra habría sido la reacción ciudadana si el Gobernador de Antioquia le impone el Escudo de Oro del departamento a un cantante como Fausto. Este artista tiene el poder de llegarle al público con canciones que expresan la grandeza del alma humana. Qué distinto es escuchar temas como Agua caliente o Te inventé, donde hay un erotismo de fina factura, con belleza en el lenguaje, lleno de sugerencias, a escuchar esa chabacanería que caracteriza las letras de Maluma. Es que a nadie le cabe en la cabeza que decir “La primera se desespera, se encojona si se lo echo afuera” sea arte musical. En cambio, decir “He inventado un beso nuevo para que tu boca sea muy feliz”, como lo hace Fausto, es degustar un sentimiento que se expresa en frases plenas de ternura.

¿Por qué no se le ocurrió a Luis Pérez Gutiérrez imponerle el Escudo de Oro de Antioquia a Héctor Ochoa, el compositor de El camino de la vida? Si lo hubiera hecho, la reacción habría sido distinta. Ahí sí la gente habría aplaudido su gesto. Pero que se lo imponga a un artista que no tiene profundidad sicológica en sus canciones, que cree que es arte decir “La segunda tiene la funda, y me paga pa’que se lo hunda”, que sólo expresa vulgaridades que sonrojan a cualquiera, como Maluma, es no tener idea de apreciación musical. Con razón un estudioso  de la música como Jaime Rico Salazar se atrevió a decirle al Gobernador de Antioquia que tiene un cerebro reducido. Es que exaltar la vulgaridad y el mal gusto no es un acto de gobierno plausible.

Deben estar revolcándose en sus tumbas poetas como León de Greiff, Carlos Castro Saavedra, Gregorio Gutiérrez González, Epifanio Mejía, Porfirio Barba Jacob y Jorge Robledo Ortiz, las grandes voces líricas de Antioquia, por el desaguisado del gobernador Luis Pérez Gutiérrez de darle título de poeta a un hombre que no conoce de métrica ni de orquestalidad, mucho menos de magia literaria. Maluma no exalta la belleza de la mujer, sino que la retrotrae a un simple papel de objeto sexual. En su inspiración no caben los vocablos hermosos, esos que hablan de la grandeza del alma y de la exquisitez del espíritu. Sí, Maluma ha logrado la creación de un mundo propio: el mundo de los instintos bajos, donde se pierde el pudor, donde no cabe la decencia para referirse a la mujer.