13 de abril de 2021
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Rasgada de vestiduras

31 de marzo de 2017
Por Augusto León Restrepo
Por Augusto León Restrepo
31 de marzo de 2017

Augusto León Restrepo 

augusto leon restrepoVoy a preguntarle a mis amigos judíos, algunos de los cuales fueron condiscípulos en el católico Colegio de Nuestra Señora de Manizales, si la costumbre de rasgarse las vestiduras en señal de vergüenza, arrepentimiento, dolor  por un pecado cometido, furia incontrolable o tristeza ante algo perdido, irrecuperable, como la honradez o como la muerte de un ser querido, aún persiste. Yo creo que sí, que persiste este modo de exculpación, de expiación por los pecados cometidos  porque ahora recuerdo que les escuché que es usual que se rompan el vestuario en algunas ritualidades pero que para tales efectos utilizan los bluyines mas desteñidos, las blusas con tejidos ya raídos, los suéteres motudos u otras prendas que ya han cumplido su misión. Es que ni las épocas  ni los palos están para cucharas, me dijeron.

No quedó cumplida mi curiosidad y averigüé quienes y cuando habían acudido a la costumbre de romperse la ropa y  encontré por ejemplo que Jacob , padre de José, lo hizo cuando pensó que a este lo había devorado un lobo, y Rubén, hermano de José, la deshilachó cuando supo que José había sido vendido como esclavo por sus otros hermanos. Job, quien con paciencia soportó tantas ignominias, cuando le contaron que habían muerto todos sus hijos rompió en gemidos y se arrancó sus vestiduras. Caifás acusó sin pruebas y sin razón a Jesús de haber atentado contra la ley del César y después de arrepintió y «rompió sus prendas exteriores». En la misma forma procedió el mensajero que le comunicó al Gran Sacerdote Elí que en una batalla sus tropas habían perdido el Arca de la Alianza a manos de sus enemigos los filisteos. El Arca era la urna sagrada donde se suponía que estaban las Tablas de la Ley. Y en la Biblia hay centenares de alusiones a quienes de esa forma proclamaban su arrepentimiento, su contrición de corazón y su propósito de enmienda.

En Colombia, desde hace unos meses, a todos sin excepción nos dio por rompernos las vestiduras. A los gobernantes, a los jueces, a los políticos, a los sacerdotes, a los parlamentarios. A los santistas y a los uribistas. Y mas desde que apareció el satánico Odebrecht con su corte diabólica. Y hasta marchas y manifestaciones se organizan como una gran ritualidad de denuncia y de autoculpabilidad, como en un gigantesco bazar de fariseos, de hipócritas, en que señalamos a los demás con índices jupiterinos y agradecemos al Altísimo por no incurrir  en conductas pecaminosas que nos puedan conducir a las tinieblas y a la las cavernas del infierno,  cuando los rabos de paja huelen a miseria humana. A miseria política. «Muchos judíos se rasgaban la ropa solo porque era una costumbre o porque querían parecer muy buenos. Pero a Jehová lo que le importaba era si la persona estaba arrepentida  de corazón por sus pecados. Por eso le dijo a su pueblo: «Rasguen su corazón y no sus prendas de vestir; y vuelvan a Jehová su Dios» «. El que lo entendió, lo entendió.