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 Mermelada costeña en Caldas

Abogado, analista y columnista de opinión en El Espectador, Revista Semana y Eje 21.
30 de marzo de 2017
Por Uriel Ortíz Soto
Por Uriel Ortíz Soto
Abogado, analista y columnista de opinión en El Espectador, Revista Semana y Eje 21.
30 de marzo de 2017

Comunidad y Desarrollo

uriel ortiz

Los senadores Roberto Gerleín y Efraín Cepeda, expertos en marrullas politiqueras y burocráticas, tienen como misión trasladar parte del botín electoral caldense a sus feudos políticos de la Costa Caribe, de donde son oriundos y se precian de danzar al vaivén de ser caciques electorales.

Para lograr este objetivo muy seguramente que conseguirán varios ingenuos caldenses que quieran aspirar a la cámara de representantes, con el fin de asegurar su reelección como senadores por la circunscripción nacional con votos caldenses.

El peligro de que nos quedemos sin el pan y sin el queso es latente, puesto que en contraprestación nos van a poner a votar por un costeño para el senado, que nos enseñará a comer arepa e huevo y carimañola, que son bien ricas en vitaminas, pero que llevan en sus intenciones el veneno de la corrupción y el clientelismo político con graves indigestiones democráticas.

No es que los Caldenes seamos como la luz del día en cuestiones políticas, hemos cometido errores tan graves como las dos elecciones a la gobernación del señor Guido Echeverry, que a sabiendas que se encontraba inhabilitado, aunque nos duela creerlo, tiene la resistencia del Santo Job de soportar dos inhabilidades y a aún el cinismo de aspirar al senado de la república, en caso de perder esta última batalla, curul que también podría ser demandada.

La soberanía de los pueblos empieza a perderse cuando forasteros e intrusos aparecen con intenciones no santas para cercenar sus derechos, prometiendo lo divino y lo humano, en menoscabo de los intereses políticos  de las regiones.

Pareciera que a nuestros dirigentes caldenes no les doliera su departamento, primero fue cuando en 1.967 ocurrió su disgregación para crear por meros intereses politiqueros los departamentos de Quindío y Risaralda, que afortunadamente han logrado salir adelante, pero, ahora llegan dos mermelados costeños expertos en marrullas politiqueras y clientelistas, con la misión de debilitarnos electoralmente con  destino a su región costeña.

Que los senadores costeños: Roberto Gerleín y Efraín Cepeda, – que se han distinguidos por ser conservadores indisciplinados y fuera del orden-, estén montando sus feudos políticos en Caldas, es algo que confirma la poca seriedad de la actividad política en nuestro País.

Los dirigentes de Caldas, deben unirse en un solo bloque e impedir que estas posibilidades de clientelismo y extravagancia se fortalezcan y cojan fuerza, puesto que al paso que vamos,  caldas va a ver menguadas sus posibilidades de elegir para el 2018 senadores de su propio entorno.

Sería vergonzoso que esto sucediera, y resultáramos dependiendo para el senado de la República de los senadores costeños antes mencionados, que a decir verdad sus ansias de poder los han convertido en dirigentes extravagantes, que como queda dicho no les importa, como el invasor, apoderase de los feudos políticos caldenses que nos pertenece.

La misión especial electoral, debe tener en cuenta en la reforma política, modificar la figura de listas nacionales para el Senado de la República, puesto que gracias a ello, son muchos los senadores que han logrado su objetivo en menoscabo de los intereses y posibilidades de los departamentos segregados, cercenando la posibilidades de quienes tienen verdadero de derecho de aspirar, puesto que son nacidos en sus entrañas.

Si se quiere mayor disciplina de partido se hace indispensable regresar a los formalismos de antes, es decir: que las listas sean cerradas y para el senado de la república listas regionales.

Resultó tan nefasta la propuesta de las listas nacionales para el senado de la república, que en la actualidad gracias a falla tan garrafal, son más de diez departamentos que no disponen de senador, puesto que dichas curules fueron negociadas por los cacique y transeúntes politiqueros que establecieron sus feudos políticos en ellos, con menoscabo de sus posibilidades democráticas, usurpándoles los votos y dejándolos huérfanos de poder en el máximo órgano legislativo.

 

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