11 de abril de 2021
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25 de marzo de 2017

Contraplano

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Por Orlando Cadavid Correa

El doctor Ramiro José Arteta Guzmán –un estudioso médico oftalmólogo barranquillero que se las sabe todas en materia de calendarios— nos acaba de proporcionar generosamente valiosas luces para salir de la oscuridad en el laberinto de los almanaques.

El facultativo se despachó desde su consultorio en “La Arenosa” con este e-mail cargado de verdades de a puño, a propósito de nuestro Contraplano del domingo 19 de marzo, titulado “Un Granjero entra en competencia con el Bristol”:   “Es una copia en español del famoso “Old Farmer’s almanac” de los gringos, que se publica desde 1792 (ya cumplió doscientos veinticinco   años).

Este almanaque antecede en sesenta años al “ Almanaque pintoresco de Bristol”, que  se publica desde 1832 en New Jersey, y el cual fue adquirido por la compañía Landman y Kempf desde 1856, haciendo tirajes en español que son muy populares en Ibero y Latinoamérica”.

El Granjero que elogiamos sin tacañería, creyéndolo original desde la portada, de gran colorido, hasta la última página, que incluyó aplausos para editores e impresores, es un plagio bien diseñado gráficamente por los acuciosos productores que le prestan su concurso, fusil al hombro, a la firma bogotana Cuéllar Editores.

He aquí otra aclaración que nos hace el doctor Arteta (dueño de una excelente vista de lince y una memoria de archivo): provoca entre los simpatizantes del tema un  reordenamiento en el escalafón imaginario de los almanaques de fama universal.

El Bristol, siempre vestido en sus dos frágiles tapas de color anaranjado chillón, pierde el liderazgo, pues desciende del primero al segundo lugar, y se queda con la simbólica medalla de oro de la antigüedad el llamado “Old Farmer’s Almanac”, también de origen estadounidense, nacido en 1792, lo que quiere decir que arribó recientemente a los  doscientos veinticinco   años, y piensa seguir cumpliendo mucho más.

Para que no nos quede ninguna duda de la solvencia de su doble revelación, el médico “ñero” ilustra su mensaje dirigido al dilecto amigo Antonio Guihur Porto, el tambor mayor de las cruzadas en defensa de los pensionados de Colombia , y al autor del Contraplano, reproducciones facsimilares de ediciones antiquísimas de los dos almanaques en cuestión.

Este cruce de mensajes pertenece al episodio que ha dado pie a esta columna:

Doctor Arrieta: Muchísimas gracias por ayudarnos con sus luces a salir de la oscuridad en materia de almanaques. Con su valioso concurso nos queda bien clara la historia tal como es. Haremos buen uso de su fenomenal aporte para desasnarnos en el llamativo ir y venir de los calendarios y poder proporcionar así a los lectores los hechos como realmente han sucedido. Lo saludo cordialmente, Orlando Cadavid

Gracias por su comentario, señor Cadavid. Me gustó el verbo “desasnar”, el cual me gustaría aplicar con una varita mágica a esa Colombia que no falla en ir a misa y comulgar mientras se mantiene llena de odios e intolerancia, incapaces del perdón que enseñó Jesús…

Ramiro Arteta MD

Oftalmólogo

Barranquilla

En el intercambio de mensajes terció el crítico gramatical don Efraím Osorio Lóepz:  Don Orlando: ¿Sí ve, pues? Con razón mi memoria me devolvió en el tiempo. Alguna vez, no recuerdo cuándo, y en alguna parte, no recuerdo dónde, había visto yo esas portadas. Gracias por la información”.

La apostilla: En un examen escrito de oftalmología dos estudiantes de medicina se quejaban en tono menor: “Este cuestionario está a punto de sacarme un ojo”, dijo el uno. “A mí me está dejando bizco”, comentó el otro.

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