10 de abril de 2021
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Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

Deseable mujer

Comunicador Social-Periodista. Especialista en Producción Audiovisual. Profesor universitario, investigador social y columnista de opinión en diferentes medios de comunicación.
31 de marzo de 2017
Por Carlos Alberto Ospina M.
Por Carlos Alberto Ospina M.
Comunicador Social-Periodista. Especialista en Producción Audiovisual. Profesor universitario, investigador social y columnista de opinión en diferentes medios de comunicación.
31 de marzo de 2017

Por Carlos Alberto Ospina M. 

“…Tu risa es una canción, cuyas palabras se ahogan
en el gritar de las melodías; un rapto del olor de unas flores
no vistas; es como la luz de la luna que rompiera a través
de la ventana de tus labios, cuando la luna está escondiéndose
en tu corazón. No quiero más razones; olvido el motivo.
Solo sé que tu risa es el tumulto de la vida en rebelión”

Rabindranath Tagore

¿Qué hace deseable a una mujer? Las teorías de la evolución hablan de percepción primaria relacionada con la capacidad de reproducción y el atractivo físico que, al parecer, refleja la salud fisiológica. No consiste en un mero hecho mecánico ni producto del azar. La biodiversidad y la selección natural se propaga en todas las formas de vida. Los factores socioeconómicos, la idealización, la cultura, los modelos mediáticos, el poder adquisitivo y hasta la marginalidad, afectan e influyen, en la salud física, mental y emocional de los seres humanos.

La sociedad moderna se mueve sobre dos endebles y efímeros ideales, el sexo y el dinero. Ambos se devalúan con el tiempo. Durante la vigencia materialista, las estrategias comerciales desequilibran el fiel de la balanza, sometiendo a la naturaleza femenina a un bombardeo cotidiano, excluyente a nivel fenotípico, y moderador de conductas o formas de un supuesto encanto universal. En la actualidad la torta se fragmenta debido el ingreso de otros actores y minorías; no obstante, el marketing sigue enfocando el conjunto de sus maniobras hacia las mujeres de carne, hueso, corazón y alma encendida. No se trata de una hipótesis ni promesa de venta, es casi una demoniaca imposición: La mujer se adapta, cambia, muda, asume y coexiste con esa frenética “evolución moderna” o queda por fuera de las nuevas representaciones de integración fatuas.

Brotan infinidad de eufemismos para maquillar el tópico de fondo: La mujer es objeto de interés erótico e irreemplazable nicho de mercado. La publicidad utiliza los estudios de la psicología en general y la neurociencia en particular, para fomentar la compra de bienes y servicios a partir del proceso denominado fisio-psicológico. El Journal of Sexual Medicine y el reciente estudio de la Universidad de Macquarie en Sydney-Australia muestran la importancia de la atracción, afirma el diario de medicina sexual, en la forma de vestir, oler, actuar, moverse, etc. de la mujer contemporánea. Por su parte, la investigación de PLOS ONE, señala que los ideales de belleza de la mujer están por debajo de los índices de masa corporal (IMC) saludables. Algo pasa y no es de menor cuantía.

Lo que para aquella es el purgatorio de la estética, para otra es un campo de acción de comportamientos positivos, elevada autoestima, superación y gratificación personal. No es momento de enarbolar la bandera de una doble moral ni cuestionar la libertad inherente a cada quien. Las relaciones interpersonales y las presiones sociales, también, transforman el deseo, la magia, el enamoramiento, la selección, las actitudes y la cultura femenina. Toda época trae su afán. En el ámbito estrictamente humanístico, nunca es tarde para restaurar los valores, la sensibilidad y la inteligencia humana. Sí, “el amor es la poesía de los sentidos”, parafraseando a Balzac, ¿cuánto amor es necesario para dignificar a la mujer? Lejos de la tradicional discusión sobre la victimización, el asistencialismo, el maltrato y la lucha de género, queda por sondear el amplio y complejo universo femenino que permita identificar estas “nuevas identidades”, apuradas algunas por los estereotipos de belleza y varias estimuladas por la inequidad.

¡Qué nadie se meta con las emociones! Ni trate de diferenciar, lo que ya de por sí es distinto, con base en los lóbulos o la química del cerebro. El cuerpo de la mujer no es una burda perilla que se acciona y obedece por estímulo conductista o se desborda producto de los estrógenos. Como Individuo dinámico y activo está afectado por las estructuras convencionales, los enfoques familiares, los prejuicios ideológicos, la doctrina espiritual, el statu quo, la educación, los sentimientos, el organismo y el sistema nervioso; entre una amplia lista de condicionamientos externos e internos. ¡Irónico! La mujer en singular y la sociedad en general, hablan de la importancia del aspecto, pero pocos miran las cicatrices y el dolor callado que produce la exclusión engendrada en los modelos de perfección. A distancia de las luchas viscerales por la igualdad y el reconocimiento, hay que realizar una exfoliación a la superficialidad: una limpieza espiritual que no subestime ni menosprecie lo deseable que es cada mujer, no por su apariencia ni por el baño con aromas minerales, sino por el respeto que alivia su estricta existencia.

Me dijo bajito: «Amor mío, mírame en los ojos.
«Le reñí, agria, y le dije: «Vete.» Pero no se fue.
Se vino a mí y me cogía las manos… Yo le dije: «Déjame.»
Pero no se fue.
Puso su mejilla en mi oído. Me aparté un poco,
me quedé mirándolo, y le dije: «¿No te da vergüenza?»
Y no se movió. Sus labios rozaron mi mejilla. Me estremecí,
y le dije: «¿Cómo te atreves, di?» Pero no le dio vergüenza.
Me prendió una flor en el pelo. Yo le dije: «¡Es en vano!»
Pero no cedía. Me quitó la guirnalda de mi cuello, y se fue.
Y lloro y lloro, y le pregunto a mi corazón:
«Por qué, por qué no vuelve?»

Tagore

Esa contradicción, también las otras, y aquel insondable agujero negro, son las realidades que no permiten escapar de ella, de la deseable mujer inteligente, autónoma y bella. Sí, sublime, en el espacio y en el tiempo de la imperfección humana. Más allá del sexo, la estética y el dinero. Es acá, en el ahora, donde hay que llenar el corazón de instante felices, siendo así, única, Amada Deseable Mujer. 

Pie de página – Enfoque crítico: Para Medicina Legal, Profamilia y la Encuesta Nacional de Demografía y Salud, la tiranía de los modelos de belleza, no son considerados violencia de género. Estas estadísticas invisibles causan centenares de suicidios, infidelidad, depresión, baja autoestima, drogadicción, apego, hogares disfuncionales, marginación e inequidad.