Como un castillo de naipes cayó el malecón de La Dorada

UN CONSEJO PARA TRUMP

Por John sajje

Cuando se dio la noticia, hubo incredulidad. Aquella noche de jueves y después de 28 años, dos meses y 27 días la suerte estaba echada! Atrás quedaban 138 muertos confirmados -600 sin confirmar- que trataron de evadir las  302 torretas, que custodiaban 1.200 soldados a lo largo de 157 km; de los cuales 127 tenían alambre de púa. Si, fue un 9 de noviembre de 1989. Esa noche en los 50 búnkeres, hubo silencio- quizás en homenaje a  Gunter Litfin el primer muerto por la libertad- ¡Los soldados bajaron los fusiles! Era una ironía. De las 100 mil personas que intentaron  huir, solo 5.075 lo habían logrado. Del otro lado había fiesta… Quienes lo construyeron fueron unos bárbaros! La historia conoce este retazo como el Die Wende. Aquella noche, caía el muro de Berlín.

“Duró, lo que dura un suspiro en la puerta de una escuela” Atinó a decir el  presidente de la JAC de la zona. Incluso el congresista  Arturo Yepes había interpuesto un derecho de petición a Corpocaldas para su intervención. Era miércoles y mientras en las escuelas se disponían a celebrar el descubrimiento de América; el Conejo, un barrio tradicional donde se originó La Dorada -como incipiente leñateo- veía con aturdimiento como 280 millones se iban aguas abajo, sin doliente. Como un castillo de naipes, aquella mañana, caía el malecón. El muro de La Dorada.

La gente no daba crédito al rumor. ¡¿El mismo que el alcalde Erwin anunció y construyó con bombos y platillos como una realidad de 250 metros, con ciclo rutas, módulos, oteros, protección urbanística y paisajista y otras arandelas más propias de los videos promocionales?! Si. Ese. No valieron las advertencias de los lugareños ¡Ni las nueve visitas de Vargas Lleras!

  • El problema fue del interventor, ¡de eso no hay duda!- dice el viejo Otto
  • Si, él debió escuchar a los habitantes de Conejo- responde su interlocutor con cara de enfado
  • Nooo, no señor! El debió poner un cartel Que dijera “por favor no apoyar los codos en el muro”- dice Otto sin inmutarse
  • ¡Ojala se cumpla lo de las pólizas del contrato con el consorcio!-
  • No seas crédulo… esas no son pólizas, son poli ¡¡zas!!!
  • Bueno eso si…Fue un lugar de “pase” de los chirretes -Ja, ¡Lo tumbó el humo! –
  • Hombre, ¡humo se volvieron los 280 millones que costó!-
  • Nooo, son 920 millones, pulpitos, repartidos en un diciembre al ¡son de tutaina!
  • ¡¿Y el estudio de la Universidad Nacional?!
  • ¿Vos crees en eso? este si era malecón, pero mal, econ, nómicamente. Mas arena que anclaje y cemento… Contáme otra de ingenieros!

Esta semana, cuando los doradenses leyeron la noticia, hubo incredulidad.

-¡Oye, anunciaron más plata – 11 mil millones- para construir otro malecón!- ¡Dorada es una fiesta! Diría Hemingway-

El interlocutor no atinó a decir palabra, simplemente movió la cabeza, entre la resignación y enfado. Se rascó la cabeza y pidió un tinto.

Al final, la caída del muro permitió ¡la reunificación de las dos alemanias!

En el otro final, la caída del muro pantalla, del malecón, dividió a los doradenses.

A propósito, ¿cree usted que la actual administración estaría en condiciones de recomendarle al señor Donal Trump, el  consorcio que construyó el malecón, para que le haga el muro divisorio con México?

Este también lo construyeron ¡unos bárbaros!