BREXIT Y UN REINO UNIDO DESUNIDO

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Si hay una cosa segura sobre la próxima salida del Reino Unido de la Unión Europea es que nada es seguro. El Parlamento británico acaba de votar a favor de la primera ministra, Theresa May, para que pueda invocar el artículo 50 del Tratado de Lisboa que iniciará el proceso de desconexión. Y dentro de unos días la premier dará formalmente los pasos para comenzar ese proceso. Pero, ¿qué pasará después?

Nadie tiene la menor idea de qué traerá el futuro, y los expertos más cualificados se contradicen entre sí. May no ha revelado detalles sobre a dónde va o lo que tiene que hacer para llegar a donde quiere. Lo que desea, de inmediato, es el permiso para poder hacer lo que quiera en su país, a pesar de que no se han iniciado las negociaciones con Bruselas y no se han fijado unas mínimas condiciones. En esta situación de caos total, las clases emprendedoras -industriales, exportadores, banqueros…- se esfuerzan por mantener su viabilidad y el resultado es que la producción industrial en el Reino Unido es ahora más alta que nunca. Los británicos tienen una inmensa confianza en sí mismos. Seguramente sobrevivirán. Incluso pueden prosperar. Pero la verdad es que nadie sabe qué pasará.

Es precisamente porque no sabemos nada, sin embargo, que es tan importante tratar de aclarar algunos puntos. Primero, intentemos ser generosos y entender a la primera ministra. Ahora se ha transformado en la voz de la Little England (Pequeña Inglaterra), una Inglaterra donde el Parlamento no tiene voz a menos que vote a ciegas por una política que ella se ha negado a explicar. May tiene el apoyo total del incompetente líder del Partido laborista, en la oposición. ¿Cómo es capaz de imponer sus deseos en una Cámara de los Comunes muda? La respuesta es sencilla: Corbyn tiene una popularidad de apenas un 20%, según las encuestas de opinión, lo que significa que si May se encuentra con problemas de cualquier tipo con la oposición, puede convocar elecciones generales, ganar una mayoría masiva de escaños y eliminar al Partido Laborista, dejándolo casi fuera de existencia. Pero eso llevaría tiempo, así que la premier prefiere hacer su voluntad ahora, sin la necesidad de comicios adelantados. Ésa es la gran arma que la mandataria conservadora posee frente a sus críticos. Y es una amenaza que tendrá éxito. Ya ha amenazado a miembros de su partido con que si tratan de votar en su contra en cuestiones como el Brexit, probablemente no serán seleccionados como futuros candidatos. Y ha amenazado a la Cámara de los Lores con su abolición si intentan detenerla. Es implacable. Y hasta ahora ha disfrutado del éxito.

Sin embargo, May ha tenido éxito porque tiene poder y apoyo principalmente en Inglaterra. Es inglesa, el partido tory que dirige es abrumadoramente inglés, y los intereses que representa son firmemente ingleses. La tendencia en contra de la inmigración que representa es principalmente inglesa. Es cierto que Inglaterra es la parte más grande, más rica y más exitosa del Reino Unido. Pero necesita al resto del país para sobrevivir fuera de Europa, y ahí es donde pueden surgir los problemas desconocidos.

El partido nacionalista escocés, que gobierna en Escocia, ya ha dejado claro que tratará de celebrar un referéndum con el propósito de declarar la independencia, ya que la mayoría de los escoceses prefieren permanecer en la UE. May se ha negado a permitir la consulta. Desde su punto de vista, tiene razón, porque cualquier complicación sobre la posible independencia de Escocia interferiría en las negociaciones para dejar la UE. Para los nacionalistas, sin embargo, es urgente reclamar su independencia antes de que finalice el proceso del Brexit, de modo que el referéndum se celebre sin que hayan abandonado aún la Unión Europea. El gran problema para los nacionalistas, sin embargo, es que más de la mitad de los escoceses no quieren la independencia del Reino Unido. Es un hecho que Downing Street sabe bien.

El Reino Unido nunca ha estado tan desunido como ahora, y todo ello ha sido provocado por May, quien ha impuesto la mayoría de votos en Inglaterra sobre los deseos del resto del Reino Unido. Ha arruinado efectivamente la unión que ligaba a todos los británicos, pero aquéllos que han afirmado que esto llevará al final del Reino Unido no tienen, de hecho, la razón. La mayoría de los escoceses votaron en contra del Brexit, pero parece seguro que la mayoría también votará en contra de la independencia de Londres. Eso probablemente ocurriría también en Gales. El caso más interesante es el de Irlanda del Norte.

En el Ulster, la mayoría votó en contra del Brexit. Tenían buenas razones para hacerlo, ya que son vecinos de una nación, la República de Irlanda, miembro de los Veintiocho. Los norirlandeses tienen como moneda la libra esterlina,los irlandeses en el sur utilizan el euro;pero tanto el norte como el sur actúan respecto a su comercio y a sus vínculos personales como si fueran un solo país. Siempre ha habido, en Irlanda, un sentimiento histórico que alimenta el deseo de una nación unida, y, como se ha vuelto a ver en el último Día de San Patricio, los irlandeses en todo el mundo celebran sus sueños y aspiraciones por una nación que unificará a todos los irlandeses. Cuando los resultados de la votación para el referéndum Brexit en el norte de Irlanda se hicieron públicos en junio de 2016, hubo muchos que pronosticaban que el voto por permanecer en la UE haría avanzar las aspiraciones de una Irlanda unida.

Es cierto que la salida del Reino Unido de la Unión conduciría a la creación de pasaportes y barreras aduaneras a lo largo de los 500 kilómetros de frontera entre el norte y el sur de Irlanda. Éste sería el lado desagradable de la imagen. También podría conducir a un resurgimiento de la violencia nacionalista, ya que todavía hay muchos partidarios activos de la lucha armada. Los nacionalistas ingleses de May han seguido adelante con su agenda nacionalista sin pensar en las consecuencias en un territorio donde los ingleses mismos crearon violencia en el pasado. Un Reino Unido fuera de la UE convertiría la frontera dentro de Irlanda en una fuente permanente de conflicto no sólo por el contrabando sino también por la inmigración.

Un Reino Unido fuera de la UE también eliminaría uno de los logros de los acuerdos de paz de 1998. Una de las disposiciones clave es que cualquier persona nacida en Irlanda del Norte tiene derecho a ser ciudadana del Reino Unido o de Irlanda, o de ambas. ¿Cómo piensa May resolver este punto? ¿Puede alguien ser al mismo tiempo ciudadano de la UE y no ciudadano de la UE? Es uno de los muchos problemas que seguramente surgirán. Pero, en todo caso, parece que no habrá ninguna revuelta de los norirlandeses contra el Brexit. Todos los irlandeses sueñan con una Irlanda unida: es un sueño expresado en su política, su arte y su música. Pero para conseguir una reunificación es necesario que la gente del norte y del sur voten por ella. De hecho, el sur tiene una economía sana a la que es poco probable que los contribuyentes renuncien ante los dudosos beneficios de compartirla con un norte que sigue siendo relativamente más pobre y que también está dividido a lo largo de líneas religiosas que no existen en el sur. Y no hay garantía de que los norirlandeses apoyen la reunificación: la última encuesta de opinión pública muestra que hay división al respecto casi al 50%.

Eso significa que, en la práctica, la primera ministra May puede seguir adelante y hacer lo que quiera, porque ni en Escocia ni en Irlanda del Norte hay un fuerte apoyo para la separación de Inglaterra. Puede que ella tenga suerte, pero una cosa parece ser segura: el país que ella ha dividido tan desastrosamente seguirá unido, a pesar de ella.

Henry Kamen es historiador británico. Acaba de publicar Carlos emperador. Vida del rey césar (La Esfera de los Libros).

EDITORIAL/EL MUNDO, ESPAÑA