¡Amnésicos, bandidos! Y… ¿qué más? (I)

Por: mario arias gómez

La famosa frase ¡O tempora et consuetudines!, ¡Oh tiempos o costumbres!, dicha por Cicerón en la primera Catilinaria contra su enemigo político, Lucio Sergio Catilina, en la que lo tacha de corrupto, cae como anillo al dedo para desmenuzar el soborno de la firma Odebrecht, y para reiterar que nada nuevo hay en la viña del Señor. Las malas acciones, conductas, prácticas, procederes y tácticas de los corruptos y deshonestos, son una viejísima costumbre que utilizan estos infectos -de todos los tiempos- la cual se remonta a épocas inmemoriales de la historia de la humanidad. Decir que las causas de tal comportamiento son multidimensionales, no es decir nada nuevo, ni que se está descubriendo el agua tibia. Sórdido y grotesco cohecho que es necesario poner en contexto, para poder adentrarse en su análisis.

Conocimiento que de primera mano ha causado inimaginado sunami que prueba definitivamente cómo las últimas campañas han estado infiltradas por dineros sucios, desde que Juampa era parte de la cuerda uribista, y cómo la multinacional brasilera, hace más siete años ha estado vinculada al gobierno de entonces, hasta la fecha. Para ponerlo en blanco y negro, es preciso establecer las circunstancias de tiempo, modo y lugar, lo cual intentaré.

El presente registro fotográfico es prueba fehaciente de que estos TRES TRISTES TIGRES (Uribe, Santos, Zuluaga) comieron trigo en el mismo plato. Dios los cría y ellos se juntan, se distancian y después se vuelven a juntar.

Impacta la intrépida batahola que apenas comienza a mostrar sus fauces, lo que ha hecho que corran ríos de tinta en la prensa -hablada y escrita- del país y el mundo. Lo primero que hay que tomar en cuenta, es qué en el 2010, el Centro Demoníaco no existía. Sus nuevos socios, Pastraña -el frívolo- engrosaba la farándula internacional; la señora de la escoba, batía el incensario a “San Uribe”, el “don nadie” Ordóñez, andaba afanoso absolviendo a los ex altos funcionarios -Palacio, Pretel de la Vega y otros- por el tema de la yidispolítica, que facilitó la reelección de 2004, alegó “dudas razonables para desechar la mayoría de los cargos -compra del voto- que había en contra de ellos”. El fresco don Omar, proseguía en su eterno silencio e interminable siesta -al decir de Montoya Ocampo-. Uribistas vergonzantes todos, propulsores del no. Época en que no se mencionaba la mermelada, ni de imponentes pastores cristianos con olor a alcanfor. En lo político, se imponía sin duda el querer del amo, el inclemente, inhumano “San Uribe”.

Eran … ¡una sola sombra larga! / Esta noche / solo, el alma / llena de las infinitas amarguras y agonías de tu muerte, / separado de ti misma, por la sombra, por el tiempo y la distancia, / por el infinito negro, / donde nuestra voz no alcanza, / solo y mudo / por la senda caminaba, / y se oían los ladridos de los perros a la luna, / a la luna pálida / y el chillido / de las ranas, /… (Una noche.  NOCTURNO III de José Asunción Silva)

Mockus punteaba de lejos las encuestas. La campaña orientaba por “San Uribe”, en su desespero, luego de sonar las alarmas, tocó a Somatén y ordenó redoblar los esfuerzos, buscar recursos para aceitar la maquinaria, olvidando el “te doy en la cara martica” a los contrincantes. La angustia concluyó con la elección del “traidor” de marras.

Tiempo en que apareció el suculento y penoso soborno de Odebrecht, por US$ 6,5 millones, recibidos por el uribista, Gabriel García, por la adjudicación de la “Ruta del Sol” -tramo dos- entregada en los estertores del gobierno Uribe; igual los US$ 400.000 de los afiches, el millón de dólares girados extrañamente a Sancho-BBDO, etc. Relación que continuó con la dupla Santos-Prieto.

Lo plasmado no obedece a antipatía, tirria u ojeriza de mi parte contra los baladíes jefes, pues ni me van ni me vienen, alejado como estoy del bien y del mal, en uso de mal retiro, sin aspiración de ninguna clase. Hoy me ocupo de la quijotesca y riesgosa tarea de rememorar hechos, escudriñar el pasado, desenmascarar plenamente sepulcros blanqueados -de ayer y de hoy-, con sus “obras y milagros”, apuntalado en la ingrata experiencia de más de medio siglo, de convivir con la “porcelana azul”, querubín -que nunca lo fue- y que intenta revenderse. Indecoroso diablo, de doble faz, sin escrúpulos, que ensaya maquillar su pasado “glorioso”. Que te compre quien no te conoce.

Asquientos comediantes que como “San Uribe” no quieren soltar, ceder, dar asueto, poner pausa, dar reposo a su insaciable e inextinguible avaricia de poder y por ende, del billete, Doblez ética que camuflan con una miedosa máscara que los disfraza de pudorosos defensores de la moral pública, del bien común y buen gobierno. Amnésicos que olvidan que sus sacrificados e incondicionales alzafuelles, pagaron o pagan con grilletes, en frías mazmorras, su infeliz, nefasta, malhadada, mal entendida y censurada obediencia. Dios los cría y ellos se juntan. Dios que no castiga ni con palo ni con rejo sino con su machetico viejo.

Historia que descarna la incoherente y falaz sociedad propuesta con el agitado, alucinado, cegado, insulso y ofuscado “San Uribe”, para quien el agravio es más significativo que el debate público de cara al país. Su afán de revancha, resarcimiento y desquite, los causa la frustración provocada por Santos, razón de su antipatía, aversión, malquerencia, odio y rencor, que no esconde, ni disimula. Cuenta de cobro pasada por la equivocada creencia que gobernaría en cuerpo ajeno, que le cuidaría los “tres huevitos” -seguridad democrática, confianza inversionista y cohesión social-, que continuaría la guerra contra “Lafar”, que reverente seguiría batiéndole el incensario, como lo hizo de Ministro. Zalemas que consistían en engolosinarlo con el cuento de que era el “nuevo gran libertador de Colombia”, en reconocer que era su incontrastable gran elector, que iría a manejar la agenda el gobierno. Manda huevo.

De una u otra forma, tacó burro. “Subalterno” que madrugó a liberarse del báculo del desabrochado y tosco cosiaca, de poncho y peinilla, al que dejó con los crespos hechos. Imperdonable desaire que ipso facto lo matriculó de felón y perjuro. Epítetos amplificados por la gavilla de malandrines, encargados de estorbar, imposibilitar e interferir la tarea de gobierno, poner palos en las ruedas al proceso de paz. Gregarios qué en una especie de cacería de brujas, inaceptable e insostenible, se dedican aún a desdibujar, deslustrar e impugnar, todo lo que lleve el rótulo Santos. Nada de lo que propone es bueno, ni adecuando o bien intencionado. De manera absolutamente infame, lo primero que hacen es condenarlo sin sustento, sin concederle el beneficio de la duda.

Hablan sin fundamento, para soliviantar la clientela mochilera. Áspera, ruda y tragicómica obsesión depredadora, propia de perros de presa, los qué en su avidez opositora, “todo vale”. Ensañamiento que es una orgía de sangre, rabia, resentimiento, violencia, sin que les importe a los muy orondos llevarse por delante la tranquilidad del país. Génesis de la actual polarización. Parece que para Uribe, fuéramos una población de alimañas salvajes -aunque a veces nos comportemos como tales- dispuestas a alimentarnos con carroña.

Compulsiva, incivilizada y marginal conducta, que menosprecia, repele y repudia la presunción de inocencia, el derecho a la legítima defensa, que deben estar muy por encima del linchamiento mediático y colectivo, propio de las sociedades tribales. En vez de una sociedad justa y tolerante. ¿Será que lo que el solapado Uribe desea es una sociedad de hienas resentidas, rencorosa, vengativa e irreconciliable, en la que sea más rentable la discrepancia, la disparidad, antes que la la transacción? Escenario de espejos deformantes que solo aportan munición y fuerza a los bucaneros de una democracia prostituida, en la que se lava el cerebro de la gente con exóticos eslóganes y banderas extrañas y ajenas.

Manizales, marzo 19 de 2017

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