Santos afirma que el 1 de junio todas las armas de Farc estarán en poder de la ONU

Bogotá, 17 de febrero de 2017 (RAM) Así lo aseguró este jueves el presidente de la República Juan Manuel Santos, al saludar al cuerpo diplomático acreditado en Colombia. El mandatario destacó la movilización de los guerrilleros a los puntos de ubicación y garantizó el desarme de las Farc.

Santos señaló en su discurso que: “Para el primero de junio, cuando se cumplan 180 días desde el llamado Día D, todas las armas de las Farc que atemorizaron a nuestra población estarán en poder de las Naciones Unidas, qué gran logro para Colombia, que gran logro para el mundo”.

Y agregó que la próxima semana se instalará en el Cauca la Comisión Nacional de Garantías de Seguridad, para proteger a líderes de derechos humanos y contrarrestar las organizaciones que atenten contra la implementación del Acuerdo de Paz con la articipación de 3 expertos y 2 delegados de organizaciones de Derechos Humanos.

En cuanto a los recursos y apoyos que se está entregando la comunidad internacional a Colombia para el posconflicto, Santos señaló: “Hemos creado una importante institucionalidad, como la Alta Consejería Presidencial para el Posconflicto, los Derechos Humanos y la Seguridad; como la Agencia de Renovación del Territorio, y un gabinete de posconflicto, que reúne a las cabezas de las entidades de Gobierno involucradas en el tema”, puntualizó.

Las palabras de Santos:

“El sol de la paz brilla por fin en el cielo de Colombia. ¡Que su luz ilumine al mundo entero!”

Con estas palabras concluí mi intervención en Oslo, al recibir el Premio Nobel de Paz, y con ellas comienzo hoy el saludo a los representantes de la comunidad internacional en Colombia.

Y lo hago para decirles, con toda sinceridad, con toda emoción, en nombre de 49 millones de colombianos: ¡GRACIAS!

Gracias a ustedes, apreciados diplomáticos; gracias a sus naciones; gracias a los organismos internacionales que representan…

Gracias porque, si ese sol de la paz brilla hoy, es –en gran parte– por ustedes: es porque ustedes –sus naciones, sus organizaciones– contribuyeron a hacerlo posible.

La comunidad internacional se vinculó al proceso y lo respaldó desde el primer momento.

Algunos fueron países garantes; otros países acompañantes…

Algunos nombraron enviados especiales; otros manifestaron su apoyo en declaraciones y mensajes…

Las propias Naciones Unidas –al autorizar y poner en marcha la misión para el monitoreo y verificación del cese al fuego y de hostilidades, y del desarme– le dieron la máxima garantía de seriedad a esta oportunidad histórica de paz que habíamos buscado por más de medio siglo.

El Santo Padre –apreciado Nuncio– ha sido una voz de aliento y esperanza que siempre nos acompañó.

Lo cierto es que todos –TODOS, sin excepción– rodearon unánimemente nuestro proceso, y los frutos ya los comenzamos a ver.

Ustedes son nuestros testigos de excepción. Ustedes –al igual que todos los colombianos– pueden comprobar hoy que cerca de 7 mil miembros de una guerrilla que estuvo alzada en armas por décadas contra el Estado están ya concentrados en las zonas veredales transitorias para comenzar su reincorporación a la sociedad civil y el proceso de desarme.

Así lo han constatado personalmente el presidente Hollande, de Francia; el presidente Higgins, de Irlanda –que visitó una zona en Anorí, Antioquia, el domingo pasado–, y el ministro Steinmeier de relaciones exteriores de Alemania, recientemente elegido como su nuevo presidente.

Y también lo pueden hacer ustedes, Embajadores –por supuesto siguiendo los procedimientos establecidos para la visita a estas zonas, vale decir, con previa y expresa autorización del Alto Comisionado para la Paz–.

Para el 1º de junio –cuando se cumplan 180 días desde el llamado Día D– todas las armas de las FARC que atemorizaron a nuestra población estarán en poder de las Naciones Unidas. ¡Qué gran logro para Colombia y para el mundo!

Lo que hemos visto en estos días es la marcha de la esperanza. Centenas y centenas de personas caminando, llegando en buses, camiones, lanchones, hacia el comienzo de una nueva vida.

¿Y quién cuida este proceso? ¿Quién vela por la seguridad de los excombatientes que ahora se acogen a la paz? Los mismos soldados y policías que hace unos pocos meses los combatían.

Siempre dije que la guerra absurda que teníamos en Colombia era una guerra entre “hijos de una misma nación” y hoy sentimos más que nunca la contundente realidad de esta frase.

Y ahora comenzamos –con los buenos auspicios de Ecuador, la nación anfitriona, y de los otros garantes, como son Brasil, Chile, Cuba, Noruega y Venezuela– la fase pública de conversaciones con el ELN para que esta paz de Colombia sea una paz completa.

Hoy mismo se conoció el primer comunicado conjunto de la Mesa de Conversaciones con este grupo, en el que los negociadores dan cuenta de avances en medio de una “actitud constructiva”.

Apreciados embajadores:

Este es mi séptimo saludo al cuerpo diplomático acreditado en nuestro país. El próximo año será la última vez, y ya estaremos envueltos en las naturales incidencias del proceso electoral.

Por eso quiero aprovechar esta oportunidad –cuando nos queda año y medio para consolidar la obra de gobierno, y más aún hoy que contamos con la bienvenida presencia de varios embajadores concurrentes en Colombia– para hacer un rápido balance ante ustedes.

Esta nación, esta patria querida, es muy distinta, es totalmente diferente a la que teníamos hace apenas seis años.

Lo que antes era tragedia, combate y frustración hoy se está convirtiendo en esperanza, convivencia y optimismo.

Y no hablo solo de la paz. Hace dos días nos reunimos con empresarios y dirigentes de gremios económicos para analizar las perspectivas de nuestro país, y presentamos el plan del Gobierno para estimular al sector privado y generar más inversión y más empleo. Un plan al que denominamos “Colombia Repunta”.

El consenso –comenzando por el director para el Hemisferio Occidental del Fondo Monetario Internacional– es que Colombia enfrentó con seriedad y responsabilidad las dificultades de los años pasados, incluido el peor fenómeno de El Niño de nuestra historia y la caída en los precios del petróleo que representó una disminución del 20 por ciento de nuestros ingresos fiscales.

Hemos superado el bache y lo hicimos con los menores efectos sobre la inversión y el desempleo, si nos comparamos con los demás países de la región.

El horizonte ahora es positivo. Los inversionistas quieren invertir más en Colombia; los turistas comienzan a llegar en cantidades nunca antes vistas; los empresarios tienen más confianza y facilidades para hacer empresa, y mucho más si lo hacen en regiones que fueron afectadas por el conflicto.

Si el año pasado nuestra economía creció alrededor del 2 por ciento –lo que es un logro destacable en medio de la coyuntura–, este año debemos hacerlo por encima del 2,5 por ciento.

Y no será un crecimiento puramente económico sino con grandes dividendos sociales, pues se trata de seguir impulsando sectores como la vivienda, la infraestructura, la industria, el turismo, el agro, con lo que esto significa en mejora de la calidad de vida de los colombianos y generación de empleo. Con lo que esto implica en seguir reduciendo la pobreza y la desigualdad.

Ustedes saben, apreciados embajadores, que los avances sociales del país en los últimos 6 años han sido destacables:

Bajamos el desempleo a niveles de un solo dígito, y en 74 de los 77 meses de este gobierno hemos creado empleo de calidad.

En total, son más de 3 millones 200 mil nuevos puestos de trabajo, la mayoría formales.

En seis años, la proporción de nuestra población en situación de pobreza disminuyó en 12 puntos porcentuales.

Y redujimos la pobreza extrema a la mitad, lo que nos permite avanzar hacia la meta de eliminar la pobreza extrema de Colombia para el año 2025 o antes.

Y en materia internacional, los logros no se quedan atrás.

Cuando asumí el gobierno –como recordaba el año pasado– éramos considerados como una especie de oveja negra de la región; nos pedían visas hasta para visitar la más pequeña isla del Caribe; nos incluían en las listas negras de violadores de los derechos humanos, y nos tenían bloqueada la aprobación de los acuerdos de libre comercio con Estados Unidos y Europa.

En los últimos seis años nos han levantado la exigencia de visa a los colombianos en 44 países; salimos de todas las listas negras, y los tratados que antes nos habían bloqueado fueron aprobados y están vigentes.

Con la Alianza del Pacífico –que creamos con Chile, México y Perú– seguimos apostando por un modelo de integración profunda basado en el libre comercio, la libre movilidad de capitales y personas, y la protección a la inversión.

El próximo 9 de marzo hemos agendado una cumbre extraordinaria virtual de la Alianza donde vamos a proponer avanzar hacia un tratado con la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático –Asean– y fortalecer aún más las relaciones intrarregionales.

Yo soy un convencido –lo he sido desde hace 25 años, cuando fui el primer ministro de Comercio Exterior del país– de las bondades del libre comercio y la cooperación global, y seguiremos promoviendo y honrando los tratados comerciales y de protección de inversiones que nos vinculan.

Este año –agradeciendo el apoyo de los países miembros de la OCDE– esperamos concluir con los requisitos para ingresar a esta organización. Esto impulsará todavía más la incorporación de los más altos estándares de buen gobierno, de buen manejo económico y de transparencia.

Hoy –por fortuna– tenemos excelentes niveles de colaboración con todos nuestros vecinos, y somos amigos y aliados de los países de la región en la búsqueda del progreso de nuestros pueblos.

Hace 20 días celebramos en Arequipa el tercer gabinete binacional con el Perú y ayer, en Guayaquil, tuvimos un productivo quinto gabinete binacional con Ecuador.

Y algo más, muy importante: Colombia es el país más biodiverso del planeta por kilómetro cuadrado pero también uno de los más vulnerables a los efectos del cambio climático. Por eso hemos sido particularmente activos en la defensa del medio ambiente y la promoción del desarrollo sostenible.

Nos enorgullece haber planteado –desde la Conferencia de Río+20 de 2012– la necesidad de fijar unos Objetivos de Desarrollo Sostenible, los cuales fueron adoptados por las Naciones Unidas como parte de la Agenda 2030.

También fuimos proactivos en las discusiones que llevaron al Acuerdo de París, donde nos comprometimos a reducir en un 20 por ciento nuestras emisiones de gases de efecto invernadero para el año 2030.

Apreciados amigos de la comunidad internacional:

Les he dado las gracias por su respaldo al proceso de paz, pero también quiero hacerlo –muy especialmente– porque su apoyo no terminó ahí.

Ustedes han entendido –muchos por propia experiencia– que la paz va mucho más allá de la firma de un acuerdo.

La paz se construye en las regiones; la paz implica enormes inversiones en desarrollo rural, en vías terciarias, en justicia; la paz incluye arduas tareas de desminado, proyectos de sustitución de cultivos ilícitos y la reincorporación de los antiguos combatientes.

Por eso es tan importante –y valoramos tanto– que la comunidad internacional nos haya demostrado su compromiso con la desafiante etapa de posconflicto a través de la creación de fondos como el de las Naciones Unidas, el del Banco Mundial, el de la Unión Europea y el del BID –llamado Colombia Sostenible–, que presentamos formalmente esta misma semana.

En Colombia estamos comprometidos con la eficiencia y la transparencia en las tareas del posconflicto, y quiero darle esa tranquilidad a la comunidad internacional.

Hemos creado una importante institucionalidad, como la Alta Consejería Presidencial para el Posconflicto, los Derechos Humanos y la Seguridad; como la Agencia de Renovación del Territorio, y un gabinete de posconflicto, que reúne a las cabezas de las entidades de Gobierno involucradas en el tema.

Y estamos diseñando, desde la Secretaría de Transparencia, una estrategia anticorrupción para el posconflicto que dé garantías a los cooperantes internacionales y a todos los colombianos.

Nos preocupan sobremanera las amenazas y los asesinatos de líderes sociales y defensores de los derechos humanos.

Desde marzo del año pasado creamos una Comisión de Alto Nivel que lidera el seguimiento individual a estos casos –para prevenirlos y esclarecerlos–, con el concurso de la Fiscalía y el importante acompañamiento de la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos.

La próxima semana, en el Cauca, que es uno de los departamentos más afectados, voy a instalar la Comisión Nacional de Garantías de Seguridad, que diseñará la política pública y criminal para contrarrestar las organizaciones y conductas que atenten contra la implementación del Acuerdo de Paz.

En esta comisión no solo participarán altos funcionarios del Estado sino también tres expertos reconocidos en la materia y dos delegados de plataformas de Derechos Humanos.

Tengan la seguridad –la plena seguridad– de que NO vamos a permitir que la violencia de unos pocos ponga en peligro los buenos frutos de nuestro proceso de paz y reconciliación.