Una invitación a valorar los tiempos pasados

el campanario

Por Héctor Arango

Crecí consumiendo con particular deleite la comida que mi mamá podía poner amorosamente en la mesa; siempre respeté a mis padres y sigo respetándolos hasta ahora. También a las personas  mayores.

Tuve televisión con 3 canales y no se lo podía mover para que no se dañara la perilla.

Antes de salir para ir a la escuela arreglaba mi cama. Mi cuarto lo dejaba impecable, antes de ir a estudiar.

Entonaba el Himno Nacional en la escuela; bebía agua de la llave; andaba descalzo o con los zapatos deportivos comunes y baratos y ropas sin marca.

No tuve celular ni tablet y mucho menos computador.

Ayudaba a mi mamá en las tareas de la casa, y eso no era considerado “explotación infantil”.

Tenía horario establecido para dormir. Y otro para ponerme en pie-

Cuando en un examen me calificaban con notas altas, no ganaba regalos porque no había hecho más que cumplir con mi obligación. Cuando me calificaban con notas bajas, recibía castigo.

Me castigaban cuando me portaba mal y eso era apenas una corrección no un caso de “violencia infantil”.

No soy revoltoso, no necesito diagnóstico médico o psicológico y no me falta un solo pedazo de mi cuerpo.

Menos consentimiento y MÁS DISCIPLINA para esta generación!!!!

Es eso lo que el mundo y los niños están necesitando!

Orden, Respeto, Disciplina, Bondad, Educación, Obediencia y Amor.

Por un mundo donde no haya sólo derechos para los niños y adolescentes. Que también haya Deberes y Obligaciones para todos ellos.

Si vos también te sentís parte de esa camada, que no sufrió ningún tipo de trauma, comparte para demostrar que estamos vivos, que estamos bien y que formamos parte de esta sociedad donde los valores se están deteriorando.

(Comparte este texto, si quieres, para concientizar a tus contactos y VALORAR los tiempos pasados).

Unas máximas para padres e hijos

— Todo lo que soy o espero ser se lo debo a la angelical solicitud de mi madre. (Abraham Lincoln).

— Por severo que sea un padre juzgando a su hijo, nunca es tan severo como un hijo juzgando a su padre. (Enrique Jardiel Poncela).

— Los padres son los primeros y mejores educadores de sus hijos. (Jaime Arboleda Grueso).

— Ese es mi hijo: un libro de tres años revolcándose sobre la alfombra. (María de Flavigni).

— La primera mitad de la vida la estropean nuestros padres; la segunda, nuestros hijos.  (Clarence Darrow).

— ¡Cuán grande riqueza es, aun entre los pobres, ser hijo de un buen padre. (Juan Luis Vives).

— Tener un hijo no es tener un ramo de rosas. (Federico García Lorca).

— Las madres perdonan siempre. Han venido al mundo para eso. (Alejandro Dumas).