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Politizar: ¡Un reto!

2 de diciembre de 2016
Por Hernando Arango Monedero
Por Hernando Arango Monedero
2 de diciembre de 2016
Hernando Arango Monedero

hernando arangoYa veo: Más de uno está haciéndose cruces ante el llamado a politizar el país como un reto. Y no es para menos teniendo, como tenemos, la idea de que hacer política, politizar, es hacer lo que hacen los que dicen ser políticos, cuando dedican su vida a incurrir en tropelías, a buscar canonjías y a comprar conciencias en forma de votos o de favores sobre asuntos en trámite para obtener resultados indebidos. ¡Pero no! Hacer política es construir los parámetros, establecer las rutas, fijar los objetivos para que el país se encamine hacia ellos y todos, todos los ciudadanos, conozcamos que, lo que hemos trazado como metas, procedimientos y caminos, se están cumpliendo y no están al garete o al querer del funcionario de turno, llámese presidente o simple dependiente. Así, sólo así, será posible tener el país que deseamos.

Quedemos pues en que política, más que el arte de gobernar a los pueblos, es el arte de construir sociedad, de establecer objetivos y trazar senderos para el logro de esa patria en la que queremos vivir y que deseamos heredar a nuestros hijos y nietos.

De allí que nos sea necesario participar en la elaboración las leyes, intervenir en las soluciones que se deben estructurar para el logro de un mejor vivir, para alcanzar modos y vías expeditas para los problemas y retos de cada día. Esa participación debe darse en todos los ciudadanos y en todas las edades. Esa participación debe entenderse en la contribución con ideas; realizarse con la intervención en los debates, construirse con el apoyo, orientación y exigencia a quienes hemos designado como nuestros representantes en los diversos cuerpos colegiados, llámense Concejos, Asambleas y Congreso. Con la exigencia y vigilancia a quienes son designados en los cargos públicos, para que sus actuaciones, más que transparentes, vocablo que no significa nada, sean claras, con lo estaremos asegurando que no hay trapisondas, que no hay nada escondido, que no hay nada que se nos oculte. Esos funcionaros van desde el presidente, pasando por sus ministros, siguiendo con toda la escala de la rama ejecutiva, incluyendo a quienes se encuentran en la rama judicial, desde magistrados a jueces promiscuos en los municipios más pequeños, sin excepción, para que sus actuaciones, en lo público y en lo privado, sean diáfanas y ejemplo para todos los que como ciudadanos esperamos de ellos rectitud y limpieza en sus actuaciones. Desde luego que los entes de control deben ser fieles a la designatura que sobre ellos recae y su vigilancia debe llevar a que los ciudadanos sintamos que hay guardianes en la heredad.

Si construimos desde los colegios, las universidades y también en todas las comunidades, hombres y mujeres con verdadero interés en la política, tendremos ciudadanos entendidos en las cosas del Estado. Ciudadanos responsables de sus actuaciones. Ciudadanos conscientes de su valer en la sociedad. Ciudadanos que analizan y aportan a lo que ocupa al país. Ciudadanos con capacidad de exigencia de sus derechos y cumplimiento de sus deberes. Ciudadanos que acepten o rechacen lo que en el medio se está dando.

Cuando logremos que todos estemos enterados de lo que se hace y se cierne sobre nuestra sociedad, tendremos soluciones a asuntos tan traumáticos como es el calvario de la salud para todos; tendremos capacidad de exigir lo que nos es debido de parte de nuestros gobernantes. Tendremos certeza de que la Justicia nos es conferida pronta y cumplidamente en lo que nos corresponde y paralelamente sabremos si lo que se nos dio, o se nos negó, es lo que en razón nos es conferido o negado. Conociendo la política y participando en ella, ya no será necesario el preguntar: “Usted no sabe quién soy yo? Ya, ese decir, no cabrá para ninguna circunstancia, porque cada uno tendrá perfecta noción de lo que es, de lo que puede reclamar y de lo que puede esperar.

Y para ejemplo e ir un tanto más cerca, el debate del país sobre el Acuerdo de Paz, sería un debate razonado, entendido y no recomendado, pues cada uno habría ido a verificar por sí, si la amenaza era concluyente, si el otorgar un logro a las FARC era una dadiva excesiva o sólo una concesión justa. Si lo dicho por unos era una mentira o una verdad que mereciera ser defendida.

Con la concepción de politizar al país, con interesar a todos los ciudadanos, no estaríamos hoy ante la disyuntiva de sí el deber del Presidente era llevar el Nuevo Acuerdo a otro plebiscito, o sí el llevarlo directamente al Congreso era la debido. No estaríamos entre el llamado “conejo” o burla a la decisión popular, o el proceder legal.
Todos, absolutamente todos, estamos en el deber de politizar nuestra forma de actuar y de razonar.
Entendámoslo: POLITIZAR nuestro proceder, no “politiquiar” con nuestro proceder.
Manizales, noviembre 30 de 2016.