17 de abril de 2021
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La juventud al poder

8 de diciembre de 2016
Por César Montoya Ocampo
Por César Montoya Ocampo
8 de diciembre de 2016

 cesar montoya

Impresionó, en la reciente Convención  Nacional del Partido Conservador, la presencia entusiasta de la juventud. De los 6.000 asistentes, el 70% tenía una edad inferior a los 35 años. Nuestra colectividad, en síntesis, contra pronósticos de mal aguero, tiene empuje vital, presencia aguerrida, es suya la indisciplina que emana de sus explosivas energías acumuladas. Estamos frente a un partido rebelde, que no se deja enclaustrar bajo cilicios penitenciales. Es libérrimo y altivo.

Enemigo,-sí-, del alcanfor como tonificante del débil corazón. Nuestro partido está sacudido por potencias creadoras, siempre nuevo, desordenado a veces,  hostil a los ocasos, transformado en manantial de alboradas. Sorpresa grande se debieron llevar quienes pensaban que estábamos agonizando.

¿Agonizando? Si  nuestros críticos se hubieran enterado de ese pulmón azul, multitudinario,  díscolo pero invicto,  que en la Convención gritó a rabiar, hizo rechiflas, aprobó con entusiasmo, abucheó a los que pretendieron  hacer asaltos piratas, silbó a una auto-candidata presidencial que es un embutido del uribisno, y apuntaló  como un  hito su invencible vocación de futuro.

¿Agonizando? Allí vimos indígenas de tez morena, caras como breñas abruptas, cuerpos macizos y unos penachos airosos convertidos en floreros de vegetales selváticos. Allí campesinos con los corazones  extasiados bajo el son del himno triunfal, vestidos con telas domingueras, estrenando botines   con base de  carramplones bulllosos. Allí quinceañeras angelicales, tiernas palmeras con aroma vegetal. Allí mujeres aguerridas, con las frentes tajadas por los surcos que dejan los trajines de una existencia sin socorros providenciales. Allí los hombres fornidos, guapos todos, con miradas titilantes, transfigurados en soldados espartanos para defender nuestra heredad. Allí nosotros, caminantes baquianos, curados contra los sustos, con pecho ancho y corazón guerrero, no intimidables por ningún fenómeno de la  naturaleza y  mucho menos  con pánico huidizo frente a los arcabuzazos de los contrarios.

En uno de los diarios  desesperados de Sándor Márai, escribió : “Quien sigue en este mundo después de cumplir los ochenta se limita a llevar una existencia vegetativa, no una auténtica vida; a estas edades ya no se vive por algo, simplemente se vive”. Estorban los seres caducos que atascan caminos, enturbian  aguas, corrompen la sal. ¿Qué hace un dinosaurio dirigiendo un partido político? Las conflagraciones electorales las deben comandar los hombres nuevos que buscan  dimensiones grandes  en las altas entretelas de los compromisos verificables.  Es un   crimen, como lo escribiera Arias Trujillo, que un fósil petrificado se atraviese “como mula muerta” para atajar o dificultar  la renovación de las élites. La juventud  busca y necesita horizontes, espacios para sus ambiciones. Bendita la democracia que se airea con    jardines humanos de vocaciones heróicas.

Se debe buscar el calor viril del hombre jóven. Es grato ese  olor de los 20-40 años, esa altanería inmarcesible, ese espíritu de ímpetu retador.  Los viejos hablan del pasado porque no tienen futuro. En cambio son anárquicos, bizarros, petulantes, engreídos, estos mocetones que enfrentan el destino con optimismo, seguros en sí  mismos, que añican  y se burlan de quienes son predicadores de nostalgias.

La vida es alegría, vitamina dionisíaca, desbocamiento hacia linderos lejanos. “La vida comienza mañana” escribió Guido Da Verona. Cada amanecer está impregnado  de eternidad. En ese fortín de trincheras inderrotables desembocan los sacudimientos de grandeza, con la protección de zodíacos milagrosos.  La “fortuna” ampara la juventud.

Cosechamos estas reflexiones en la Convención de mi partido. Quedamos saludablemente emocionados con el renacer  de un conservatismo vocinglero, irreverente, con la  mirada clavada en las estrellas. Somos  pregoneros de futuros.

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