20 de abril de 2021
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“Vivir peligrosamente”

17 de noviembre de 2016
Por César Montoya Ocampo
Por César Montoya Ocampo
17 de noviembre de 2016

cesar montoya

Lo escribió Federico Nietzsche en su libro ”Así habló Zaratustra”.Se puede escarbar en la hondura filosófica de ese mensaje. Llegamos a la vida no para balancearnos en complacencias, no para degustar sabores gratos. Un sino no elegido nos ubicó sobre geografías abruptas, con  ríos profundos y lodosos y montañas de piedra hostil. Vivir es enfrentamiento, maceración continua, un encarcelamiento espiritual. Al nacer la criatura estalla  en gimoteos y cierra el ciclo sobre la tierra entre  responsos  y mares de lágrimas.

Nadie es feliz. Los que nadan entre hartazgos económicos padecen las zozobras propias del dinero. Tienen innumerables  enemigos ocultos, amenazas solapadas, mayor inseguridad. El rico duerme poco, es suya una mala digestión, sufre por los movimientos cíclicos  de la bolsa, lo angustian las largas estaciones de invierno o de verano, se le altera el temperamento, es explosivo y artificial.

Para el millonario el vil metal   tiene tanta gravidez que todo lo acomoda a su brillo ostentoso. Es un pechugón impaciente, un doblecara que se mueve  al compás de los tintineos que producen las  monedas.Le teme al peligro aunque está inmerso en él. Cree que todo lo resuelve el circulante,  que el dólar derrumba puertas y es signo de felicidad. Trata de vacunarse contra los imprevistos buscando falsamente una bienandanza imposible.

El hombre de la gleba acepta las contingencias como un reto. Algo más, las busca. Oscila en un calvario con diarias frustraciones pero se recupera con una inmediata resurrección. Si otros ascienden por los ascensores de los apellidos, o los privilegios de la plutocracia, el pobre lo hace escalando dificultosamente cada grada, sudando plusvalía como dijera  el Mariscal Alzate.

Pero cómo es de bello conquistar,palmo a palmo, en agonías continuas,  el entramado que soporta los despliegues de la ambición humana. Quien está en la lid  sabe que debe apoderarse  del porvenir con angurria, asaltando la fortaleza de los competidores, a mordiscos, trizando escollos. Debe tener un yo olímpico para no dejarse abatir por los que esgrimen ventajas inmerecidas. El futuro no es de los culifruncidos, sino de los guerreros que primero fueron soldados a la intemperie y después, en los  campos de Marte, conquistaron las preeminencias. Ese vivir peligrosamente  es un vademécum viril, un reto para encarar los obstáculos.

Se acoquinan los débiles, los que tienen la sangre aguada, los que necesitan muletas para caminar. Ciertamente la vida no es para cegatones, menos  para inválidos. Es más lotería que exactitud matemática. Tampoco los irresolutos tienen hoja de ruta. Edifica el pobre que sacude las privaciones que lo asedian, que se inventa las herramientas para horadar el porvenir. Para él la vida fluye. Es un manantial de horizontes. Entiende que está inmerso en una contienda de guapos, con zancadillas y pescozones. En ese ring ganan los que no se asustan con los mazazos que reciben. Se cae muchas veces, pero hay que endurecer la vocación de combate y enfrentar, como sea, al adversario.

Gilberto Alzate no pertenecía a ninguna élite. A físicas trompadas ganó comandancias  en los colegios y la universidad. Se le  cerraron todas las ventanas de la política. En Caldas fue mirado como un ambicioso que había que extirpar en las justas electorales. El gobierno del sordo Urdaneta  enfiló todas las baterías para  eliminarlo.Contra esos terremotos que desataban sus confabulados adversarios, se sublevó como un  dios de las tragedias griegas y solo El Eterno pudo abatir  su procerato.

César Gaviria era un hipppie mechudo y nadaísta, no exactamente un oligarca. Con inteligencia, mucho cálculo, y una pituitaria exitosa, llegó a la Presidencia. También volvieron añicos el destino adverso Marco Fidel Suárez salido de los extramuros hambrientos de Bello, Belisario Betancur de los socavones carboníferos de Amagá, Víctor Renán Barco de la finca Santa Rita de Aguadas y Omar Yepes Alzate de La Mina, vereda de Pijao.

Los que pertenecemos a ese mundo de las calistenias heróicas, preferimos el olor de la pólvora y no los perfumes feminoides. Somos asi. Vivimos peligrosamente.

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