23 de abril de 2021
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Trump y los demonios de la democracia

15 de noviembre de 2016
Por Sebastián Osorio
Por Sebastián Osorio
15 de noviembre de 2016

Columnista internacional

Sebastián Osorio

sebastian-osorio-columnistaLos atentados a las torres gemelas el 11/9 cambiaron al mundo para siempre. El pasado 9/11 podría significar un nuevo punto de quiebre para el mundo. Estados Unidos vivió su propio Brexit y nuevamente las mayorías han hecho de las suyas. Algunos dirán que ese es el ejercicio democrático y que siempre habrá perdedores. La cosa es que nuevamente queda la sensación que más de uno no tenía mucha idea de por qué o por quien estaba votando. Muchos se quejaban de cómo habían perdido sus trabajos por culpa de los acuerdos comerciales que han llevado a grandes multinacionales a moverse a países en desarrollo donde la mano de obra es mucho más barata, pero ignoran (o se hacían los pendejos) que el mismo Trump tiene la producción de muchos de sus negocios en el extranjero (ver http://www.univision.com/noticias/elecciones-2016/de-escocia-a-panama-los-negocios-en-el-extranjero-del-antiglobalizador-donald-trump).

Queda también la sensación que hay una inmensa parte de la sociedad que está creciendo completamente desarraigada del resto, unas personas cuya  única prioridad es su propio bien, pero no tienen absolutamente ningún sentido de lo que es vivir en comunidad o de qué es ser un buen ciudadano, lo cual los hace supremamente vulnerables a los mensajes populistas y demagógicos. Meter a todos los seguidores de Trump en una bolsa y pensar que todos son brutos seria tal vez una injusticia, pero es que es muy difícil pensar cómo alguien es capaz de votar por un candidato que ha llevado su indecencia a límites impensados. Es que uno no puede estar tranquilo votando por una persona que ha mostrado abiertamente su xenofobia, su poco respeto por las mujeres y sus tintes dictatoriales. No estamos hablando de una personalidad complicada, ni de aspectos que se puedan decir que hacen parte de su vida privada. Son aspectos que rayan con un comportamiento ilegal. Un político y ante todo un presidente tiene que tener un comportamiento intachable. Y más el Presidente de Estados Unidos, un país que se jacta de su democracia y de las libertades civiles. Pero apeguémonos a su discurso, a sus propuestas, supongamos que sus comentarios racistas y machistas son simplemente “detalles”. ¿Qué hay en su mensaje? Una repetición incansable de hacer Estados Unidos grande otra vez (“Make America great again”, su slogan de campaña), unos discursos cargados de adjetivos (bastante limitado su vocabulario por cierto) y poco fondo. No es solo la improbable construcción del muro (http://www.elmundo.es/papel/historias/2016/11/07/581c8318e2704e6a658b461c.html), sino de dónde saldría el dinero para financiar su plan de reactivación de la economía (unas primeras estimaciones indican que con su plan de recortes fiscales habría un aumento de la deuda de 6.6 USD trillones, casi un 40% más).

¿Qué queda entonces? La figura de hombre de negocios exitoso. Pero los métodos para conseguir ese éxito son bastante cuestionables, siempre enmarcados entre la deslealtad y la ilegalidad, para evitar la bancarrota en más de una oportunidad. Queda entonces muy difícil entender por qué más de 60 millones de personas votaron por él. Por más de que se esfuercen en hacer parecer esto como una revolución contra el “establecimiento”, hay que tener claro que aunque Trump no tenga ninguna experiencia en un cargo político, es parte del “establecimiento económico”. No hay ninguna duda de que él hace parte de esa clase alta que ha evadido impuestos y manejado al país a su antojo.

Serán 4 años largos. Crecerán las tensiones raciales, seguramente incrementarán los abusos contra las minorías, se incrementarán las inequidades y se perderán libertades civiles. Algunos pensarán: eso es en Estados Unidos, ¿a nosotros en Colombia qué nos importa? Entre las muchas razones que hay, destaco dos. Primero es que hay que pensar que, lo queramos o no, Estados Unidos sigue siendo la mayor potencia en términos políticos, económicos y militares, y que lo que haga es normalmente emulado por muchos otros países. Entonces comportamientos denigrantes contra los inmigrantes, los negros y las mujeres, que son pan de cada día en muchos países, quedarán prácticamente legitimados. Segundo, porque no se nos puede olvidar que –increíblemente- Trump cree que el cambio climático es un invento (ver http://internacional.elpais.com/internacional/2016/11/10/actualidad/1478776033_938523.html), aun cuando la evidencia científica desde hace décadas se ha encargado de demostrar lo contrario. Esto nos tiene que asustar y mucho. Nada podemos hacer más que cruzar los dedos para que tenga un gobierno medianamente bueno y no haga del mundo un lugar peor del que es hoy.

2016, el año de la democracia

Van 3 votaciones históricas este año. Tres votaciones con resultados decepcionantes donde primó la demagogia: Brexit, acuerdo de paz en Colombia y triunfo de Trump. Sin pretender hacer una apología de los regímenes dictatoriales, estas votaciones muestran los riesgos de la democracia. En un mundo ideal, habría que hacer un “examen de admisión” a las urnas. Dada la imposibilidad de hacer esto, surge la duda de qué es lo que se puede y se debe someter a votación. En mi muy limitado conocimiento sobre derecho constitucional, creería que no se deberían someter a votación temas de tanta complejidad, como lo fue el Brexit por sus implicaciones económicas y geopolíticas. Tampoco se deberían someter a votación temas que atenten contra las libertades civiles, como lo sería un hipotético referendo contra el matrimonio homosexual. Imagínense que alguien propusiera restituir la esclavitud. No es tan impensable esto en un mundo donde el Ku Klux Klan aun existe (y está celebrando porque Trump ganó, ver http://www.huffingtonpost.es/2016/11/09/lider-ku-kux-klan_n_12880504.html).

Este cuento de los límites de la democracia claramente no les interesa a los suizos. En este país, donde resido, hay una tradición de democracia directa. La gente vota unos 3 referendos cada 3 meses. Deciden cosas tan importantes como si reformar el sistema de salud y otras tan superfluas como si comprar aviones nuevos para el ejército. Una de las más polémicas fue el referendo en 2014 para limitar la migración, la cual fue aceptada. Al ver el mapa de quienes votaron sí, se parece tanto como al de los que votaron por Trump: regiones donde hay más vacas que personas y no han visto un extranjero en su vida. En dos semanas Suiza votará otro referendo que podría cambiar su historia: acelerar el desmantelamiento de la energía nuclear. Tal como lo hiciera Alemania, después de Fukushima, Suiza quiere prescindir de este tipo de energía. La cosa es que en Suiza cubre más del 35% de la demanda (en Alemania estaba alrededor del 20%). Una salida de la nuclear acelerada podría llevar a un apagón en el mediano plazo. Vuelve la pregunta: ¿se debe dejar en manos de la gente el futuro del sector eléctrico y poner en riesgo la economía de un país? El mensaje de evitar un Fukushima vende mucho y esto es un riesgo innecesario.