10 de abril de 2021
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Otto Morales Benítez

20 de noviembre de 2016
Por Jesús Helí Giraldo Giraldo
Por Jesús Helí Giraldo Giraldo
20 de noviembre de 2016

Por: Jesús Helí Giraldo Giraldo

jesús heli giraldoOtto Morales Benítez nació en Riosucio Caldas el 7 de agosto de 1920, realizó estudios secundarios en su ciudad natal y en Popayán en el Liceo de la Universidad del Cauca. Abogado de la Universidad Pontificia Bolivariana de Medellín. Profesor universitario, jurista, político, investigador, académico. Fue uno de los fundadores de la Asociación de ex alumnos de la Universidad del Cauca, Asecauca, Capítulo Bogotá, el 24 de junio de 1977.

Este momento tiene un significado trascendental para mí al reunirme con ustedes para hablar de un hombre universal. Otto Morales Benítez fue el resplandor que iluminó una época, nos dejó su luz difundiendo el conocimiento y la cultura en rayos impregnados de humanismo. Cien libros publicados más 42 esperando turno editorial, sumado a 60 de los cuales fue coautor expanden su inteligencia y despiertan el saber.

De los libros que no han salido a la luz pública tuve el placer de conocer uno muy especial, Popayán, la culta. En él despliega Otto Morales Benítez otro de sus amores, la ciudad de Popayán y la Universidad del Cauca, con el manto de cultura característico y sus grandes exponentes del mundo intelectual. Menciono especialmente el artículo sobre los 170 años de la Universidad del Cauca, una oración suya pronunciada el 11 de noviembre de 1997.

La sabiduría de Otto Morales Benítez, calificado por Belisario Betancur como “Maestro de Maestros”, lo llevó, entre otras cosas, a integrar 47 Academias nacionales e internacionales y a ser postulado al Premio Príncipe de Asturias 2010.

Fue tal la magnitud de su obra que sobre ella se han escrito más de 20 libros y ya hace parte del pénsum universitario con el nombre de Cátedra Ottoniana, modulada hacia el estudio del humanismo social, análisis de Conflictos y construcción de identidades.

Su autenticidad sale a flote en todos sus actos y en su palabra. A la pregunta de Augusto Escobar Mesa, en el libro Interrogantes sobre la identidad cultural colombiana, “¿De los personajes que han hecho historia aquí o allende ¿cuál  hubiera querido ser?”  Otto Morales responde: “Ninguno. No me gusta sino ser Otto de Riosucio”… por una razón sencillísima: porque nosotros somos parte de ese engranaje histórico. Tenemos una gran tradición indígena en el pueblo mío, una cultura popular, mítica, profunda; lo del Diablo del Carnaval de Riosucio no puede explicarse sino como una continuación de lo que es la tradición de un pueblo que canta sus símbolos, que protesta, que sueña; es la tradición de un mundo nuevo. Ese sí nuevo a pesar de que venía de las fuerzas más ancestrales”.

¿Por qué no llegó a la Presidencia de Colombia?, pregunta Escobar Mesa: Otto responde: “Uno sueña con llevar al gobierno unas tesis. Si éstas hay que doblegarlas, para admitir la concupiscencia electoral, no vale la pena truncar de esa manera los sueños democráticos”.

Otro testimonio de su carácter aparece en El tiempo el 3 de febrero de 1981: “… cuando descubro en lo que se ha ido convirtiendo la mecánica política y lo que ésta demanda, veo que mi manera de concebir la acción a favor de una causa no concuerda con sus exigencias. Ello explica mi cambio de parecer”

¿A qué le ha sido infiel? Tajantemente precisa que no le ha sido infiel a nada de lo que ama, y agrega que es fiel totalmente a las personas, las ideas y las cosas que ama. Su esposa Livia Benítez, sus hijos Adela, Daniel, y Oympo, sus hermanos y familiares, la Universidad Pontificia Bolivariana, la Universidad del Cauca y Popayán, sus amigos, Colombia, sus libros y su lectura y la humanidad entera saben de qué hablaba.

Otto Morales se definía a sí mismo como “un hombre que trabaja humilde y pacientemente y con mucho respeto por los demás”. Le cantó a la amistad, calificándola como el privilegio de la existencia, de esta manera describe su acción solidaria: “ayudar  me produce euforia. Realizo el acto que se me pida y, luego, olvido mi contribución. Por ello no me persigue la amargura de la ingratitud”.

Otto Morales le da prioridad al arte de la conversación sobre sus otras dos inigualables virtudes, la de escribir y la de reír, explicando que no hay nada tan sugerente como el misterio de la relación con la gente, y agrega; con la palabra usted maneja el amor, los negocios y la política.

Luchador desvelado por la paz, desde las causas de la violencia hasta la búsqueda de un país reconciliado y en sana convivencia.  Al asumir el cargo de Alto Consejero de Paz en el gobierno de Belisario Betancur  dijo: “La paz es obligación de todos los colombianos y por alcanzarla debemos luchar sin que nadie se sienta al margen. No sólo es un deber del gobierno. Es también una tarea de todos”.

Fue el sabio que nunca dejó de aprender, su ejemplo nos dice que el estudio no termina, la universidad sólo nos abre el apetito del saber, y  éste es insaciable.

Murió Otto Morales Benítez el 23 de mayo de 2015 y ya está constituido el Comité para la celebración de sus 100 años, impulsado por sus hijos Adela y Olympo. Seremos muchos más los que vamos a ayudar a ese comité.

 

Bogotá, 2016-11-20