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Eufórico grito de la juventud ¡Si se pudo!

16 de noviembre de 2016
Por mario arias
Por mario arias
16 de noviembre de 2016

Por: mario arias Gómez

Mario Arias defLuego de 130 horas de intensísimo y minucioso trabajo, de tires y aflojes, el país recibió con regocijo el nuevo Acuerdo de Paz que según se informa recogió el 80 % de los reparos de quienes votaron por el ‘No’. Decisión elogiada por los más importantes organismos nacionales  e internacionales, ONU, OEA, Unión Europea,  líderes del mundo, el papa Francisco, la Conferencia Episcopal, las Iglesias todas, el presidente Obama, el Congreso de EE. UU., los Premios Novel de Paz, presidentes de Centro y Suramérica, acreditados intelectuales y comentaristas, jóvenes, viejos, colombianos de a pie, todos en apoyo de la Paz, lo que lleva a pensar que tanta gente pensante no puede estar despistada.

Merecida alabanza reciben -de nuevo- los aplicados y fatigados gestores por la desvelada labor adelantada, luego que el gobierno dobló la página de la repugnante campaña montada sobre un tropel de mentiras y desinformación que dieron el apócrifo triunfo al NO por exiguos 53.894 votos, elección que de  repetirse hoy -lo que se descarta- otro gallo cantaría, gracias a la movilización de los jóvenes que unánimemente apremiaron el nuevo ¡Acuerdo, Ya!

Igual descuella la conducta del Presidente que no se alteró, amilanó, turbó ante el inesperado y convulsivo resultado, quien, sin pérdida de tiempo, convocó a las plurales fuerzas inconformes con algunos puntos del Acuerdo; deshielo que incluyó al más acérrimo enemigo de la paz, quien de dientes para afuera se declara “amigo” de la  paz, pero de los sepulcros. Santos invitó a presentar a todos los sectores sus propuestas. Gesto republicano que lo enaltece y recogerá la historia. Sin demora, se reunió con Uribe y la trilogía de candidatos urgidos de exposición mediática, así como con Pastrana, Ordóñez y Martha Lucía, que sin representación política los graduó Uribe como voceros del NO. Camaleones que en su insolencia, pretenden dictar cartilla al Presidente sobre lo que debe hacer, al punto que en su desfachatez, piden que solo sea notario de sus iniciativas.

Empalagoso propósito concertado con “San Uribe”, que busca pescar en río revuelto con la mira puesta en el 2018. Envalentonado por el triunfo del NO, demandó que se respete el espurio resultado, con la amenaza implícita que de no ser así, retornará ipso facto la guerra librada no por sus hijos, los acaudalados angelitos, Tomás y Jerónimo -enriquecidos durante su gobierno-, sino por los hijos de las inconsolables madres de Soacha, entre otros, de los campesinos pobres, de los desocupados de Tumaco, ciudad Bolívar y los cinturones de miseria, por los desechables y zarrapastrosos del Bronx, desaparecidos -la mayoría- por los bestiales e imperdonables falsos positivos.

Delitos de lesa humanidad olvidados por “San Uribe”, quien selectivamente solo recuerda los cometidos por la “lafar”; amnesia en la que escuda la enorme viga en sus propios ojos. Reiterados delitos que fueron el pan diario en los ocho años de la endemoniada Seguridad Democrática, sin que la mano de la justicia encuentre al imperturbable y ensimismado autor, que por lo que se ve sigue libre de polvo y paja, mientras  las víctimas esperan su resarcimiento.

Histórico legado de una oscura alma de corazón grande, guante de seda que encubre una brutal y cruenta mano de hierro, salpicada de sangre inocente, que bañada en no sé qué misteriosa agua lustral, esta lo autoriza para enrostrar al Presidente una imaginaria impunidad que nunca autorizó, ni acordó. Argucia que se apoya en una frase de Lenin, atribuida a Goebbels -hombre de confianza del Führer-: “Una mentira repetida mil veces se convierte en una verdad”.

Recurso usado por Laureano Gómez para explicar la derrota del conservatismo  en las elecciones parlamentarias de 1947, al urdir lo del 1’800.000 cédulas falsas entregadas por los gobiernos de la República Liberal a los electores, para que en cada elección votaran una y otra vez, lo que originó según el autor, el gigantesco fraude que atajó el triunfo del Partido, favoreció el sectarismo político, causante de la violencia de 1948-1953. Medio siglo después, revive la estrategia por el Goebbels paisa -burda versión del político alemán-, no para expandir el odio a lo extranjero, los judíos, al comunismo, sino para oponerse a la paz, polarizar al país, inducir el NO, hecho cantado por su discípulo amado, mediante la distorsión, invención y ardides contra el Acuerdo, avivando el odio a “lafar”, el encono contra Santos y contra quien descobijó sus falsedades, D. Coronell.

Suscrito el nuevo Acuerdo, la gente decente requiere que el Presidente plante cara al indescifrable “San Uribe”, antes que sea tarde, sin temer el choque frontal con su irredimible enemigo y la insoportable gavilla conformada por Pastrana, Ordóñez y Martha Lucía, naderías faltos de vuelo propio, quienes usurparon  una vocería que nadie les confió. Recaderos que sería redundante preguntar a quién representan. Consuetas que les pasa lo del entusado, que no hay disco que le sirva. Nada de lo que hace o dice el Presidente es correcto, razón para que, sin autoridad moral, exijan que el nuevo Acuerdo -que no da espera- permanezca en “stand by”, a la espera que se fracturen las fuerzas que lo apoyan.

En consonancia con el Novel que en buena hora la Academia Sueca le otorgó al airoso Presidente, este le da la fuerza para no caer en la celada tendida por el voraz personaje, referente de odio, quien en su cerrazón y dialéctica incierta, aduce  miles de razones para acechar el fin del conflicto y por ende la paz.

Para “San Uribe”, no cuenta que de las 57 sugerencias de las cortes, empresarios, juristas, líderes religiosos, etc.- que tenían reparos al Acuerdo, se  acogieran 56 ‘cambios, ajustes y precisiones sustanciales’. Su afán dilatorio lo demuestra el que luego del noble y caballeroso guiño del Presidente de darle a conocer anticipadamente el nuevo Acuerdo, procedió -terminada la reunión- a difundir un comunicado preparado previamente, en el que con la misma  monserga, necedad e inconcebible ceguera, pide que no se tenga por definitivo hasta no ser revisado por los voceros del ‘NO’ y las víctimas. Habrase visto. Inútil gesto de cortesía que recuerda el insólito suceso protagonizado por su paisano, el diputado Rodrigo Mesa: “Eso es como meterle perfume a un bollo”, dijo.

El nuevo acuerdo accedió: “eliminar la idea de incorporar el Acuerdo a la Constitución al llamado bloque de constitucionalidad. Las Farc tendrán que presentar un inventario de sus bienes para ‘destinarlos a la reparación de las víctimas’. La Jurisdicción Especial tuvo revisiones y ajustes: Se definió de manera concreta el concepto de restricción efectiva de la libertad. Se eliminó la elección de magistrados extranjeros; se estableció el tiempo de duración  de la Jurisdicción; se especificó que entre la normatividad aplicable se incluye el CP colombiano vigente. Sobre la consideración del narcotráfico como delito conexo al d. político, se estableció que ‘los magistrados tendrán en cuenta caso a caso la jurisprudencia de las cortes colombianas’. La reforma rural integral y el enfoque de género sufrieron modificaciones. Se definió que ‘nada de lo establecido debe afectar el derecho constitucional a la propiedad privada’. Se incluyó un principio de respeto a la igualdad y no discriminación, de libertad de cultos, se reconoció a la familia y a los líderes religiosos como víctimas del C.

Una prueba más de saboteo a la paz es el alharacoso y oportunista mensaje de felicitación a Trump -desahogo mediático- Presidente de EE.UU., en que Uribe entre líneas coló el subliminal y torpe encargo -que no pasó desapercibido- del no apoyo al proceso de paz con “lafar”. Transcribo literalmente el fraude intelectual: “Felicitaciones presidente Trump, el narcoterrorismo de Colombia y la tiranía de Venezuela son los grandes enemigos de nuestra democracia”.

 

Bogotá, noviembre16 de 2016