11 de abril de 2021
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EL RETORNO AL PASADO

9 de noviembre de 2016

Uno de los aspectos que más ha impactado a los electores de los Estados Unidos es el discurso de Donald Trump en el cual plantea un retorno al pasado, a volver a la época en que los Estados Unidos era el epicentro del desarrollo del mundo. Y ha calado ese discurso, en la medida que está acompañado de una guerra sin cuartel contra la hoy excandidata del Partido Demócrata acusándola de haber cometido errores a granel cuando fue funcionaria del gobierno.

Pero todo indica que aquello del “eterno retorno” es algo así como la puesta en escena de una utopía que tiene la particularidad de que al dar un paso en la búsqueda de un objetivo, éste se aleja dos pasos. De allí que se hable de utopía, de algo inalcanzable pero que nos mantiene vivos y con la ilusión de alcanzar cierto objetivo.

Y es bueno hacer un poco de historia para darnos cuenta que muchos países, como Colombia y Venezuela, entre otros, vivimos de utopías. En el caso de Venezuela, buscando afanosamente que llegue la época de la bonanza del petróleo que alcanzó cuando el precio llegó a cien dólares el barril. Pero se debe recordar que cuando se presentó dicha bonanza en el país hermano, el señor Chávez subsidió con bajos precios el petróleo a sus amigos los argentinos, los bolivianos y los cubanos. En síntesis no hubo reserva para el período de crisis que ha debido soportar en Venezuela el presidente Maduro.

En el caso colombiano algo similar se produjo cuando hubo la bonanza cafetera como resultado del Pacto Internacional del Café que le permitió a Colombia tener unos ingresos importantes independientemente de la oferta que se presentara del grano a nivel internacional. Pero vino la crisis cuando se rompió el pacto cafetero y a finales del siglo XX comenzó a perfilarse una crisis que se profundizó con la apertura económica y con ella la quiebra de las confecciones nacionales porque no estaban preparadas para una competencia internacional.

Hoy queda claro que es bien difícil revivir las bonanzas cafeteras y que ahora más que nunca se hace indispensable diversificar y volver la mirada al campo en donde se hace necesario un proceso de tecnificación y de diversificación como nunca.

Con mucha razón ha dicho Carlos Caballero Argáez en unas declaraciones a El Espectador, que el Estado colombiano se redujo a cobrar impuestos y tener el monopolio de las armas. Pero lo que tiene que ver con una proyección en el campo económico y educativo, es bien poco lo que se ha hecho, cuando dice: “La crítica que se puede hacer al gobierno en el manejo de la bonanza petrolera es que no se ahorró ni un centavo. Ese fue el gran problema. Los chilenos lo supieron hacer, los noruegos ni se diga. En el gobierno de Uribe se desmontó el Fondo de Ahorro y Estabilización Petrolera, que tenía algo así como US$1.500 millones. Vino la bonanza y todo lo que pagó de impuestos Ecopetrol, de dividendos, nada de eso se ahorró.”