18 de abril de 2021
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Un llamado a la serenidad

26 de octubre de 2016
Por Omar Yepes Alzate
Por Omar Yepes Alzate
26 de octubre de 2016

Omar Yepes Alzate

omar yepesPor decir lo menos, es molesta la columna de Gabriel Silva Luján, publicada por El Tiempo el lunes 24 de octubre de 2016. Es simultáneamente desdeñosa y agresiva contra los votantes del NO en el plebiscito y arrogante ante el presidente, a quien trata de darle consejo o instrucciones para que proceda en el inmediato futuro. Escribe: «La pregunta es si los pocos votos que los enemigos de la paz obtuvieron de mayoría les da el poder suficiente para meterle un palo entre las ruedas al proceso». Y más adelante: «Aquello que no se puede permitir Santos es hacerle conejo a la esperanza de una reconciliación duradera como la que está hoy al alcance de la mano. Presidente, usted tiene un mandato contundente para hacer la paz. Que ladren y aúllen quienes prefieren la guerra. Siga adelante». No, doctor Silva, así no es.

No es aceptable que se desconozcan las múltiples y reiteradas manifestaciones de querer la paz por parte de los electores del NO; y que se les tilde de enemigos del proceso por el hecho de tener observaciones a varios puntos del proceso. Son observaciones respetables que merecen ser estudiadas con toda serenidad y juicio por los comisionados del gobierno y los representantes de las FARC. Actuar en contrario sería desconocer la voluntad mayoritaria expresada en las urnas y golpear la regla de oro del sistema democrático.

Que la votación del plebiscito no fue abundante no le quita validez a los resultados. Es la decisión del pueblo. Y nadie puede arrogarse el derecho de tomar para sí el silencio de los que no participaron. Si no los ganadores, tampoco los perdedores. Nadie puede pretender que quienes no votaron estaban de su lado. Aquí no puede ninguna de las partes tratar de impresionar, o ganar a posteriori, tomando para sí la expresión de que «el que calla otorga», pretendiendo con ello que el silencio les favoreció; más bien puede aplicarse aquella otra de que «quien calla no dice nada». Si alto volumen ciudadano no participó, habrá que indagar las razones. Eso queda para los estudiosos. A lo mejor nuestra democracia está haciendo crisis como producto de los abusos de la dirigencia política de convocar a los electores sobre la base de ofertas pecuniarias. » Si no hay dinero, no votamos» pensarían algunos, o muchos. O, simplemente, la falta de originalidad e incentivos intelectuales en la campaña, o la pugnacidad de los contendientes, los alejó o los aturdió. De todas maneras, el volumen electoral no estuvo tan alejado de las votaciones tradicionales, que, por bajas, no han sido cuestionadas o impugnadas en ningún momento.

Creemos que las circunstancias no están para las agresiones, y que más bien todos, absolutamente todos, debemos contribuir serenamente a la solución del agobiante problema que padecemos, como es la violencia, que le resta tantas posibilidades al país y mantiene en angustia permanente a la sociedad colombiana.