11 de abril de 2021
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«Reasumas la lucha, Augusto León»

24 de octubre de 2016
Por Augusto León Restrepo
Por Augusto León Restrepo
24 de octubre de 2016

augusto leon restrepoA raíz del anuncio de nuestro colaborador Augusto León Restrepo de suspender en forma indefinida su coLumna en Eje 21, ha recibido algunos comentarios de sus lectores. Hoy publicamos el de Guillermo Gartner Posada.

Muy estimado Augusto León:

Ni más faltaría que yo estuviese en desacuerdo con tu meditada y responsable decisión de hacer mutis por el foro y guardar tu pluma en la última tabla del closet. No soy nadie para pedirte con toda humildad que reconsideres tu decisión que, seguramente te afecta en lo personal, pero también nos afecta a todos aquellos que hemos entronizado tu columna en un lugar destacado desde el que la podemos aprovechar como un valioso fanal, no solo del buen decir sino, lo más importante, de la sindéresis, el sentido común y las enormes dosis de sensatez que nos regalas a muchos en cada entrega.

No tengo la intención de controvertir los sentimientos negativos que parece ser que te dejó el inesperado resultado del plebiscito del pasado 3, pero sí quiero hacerte algunas reflexiones que pudieras utilizar para darle algunos matices de gris a situaciones quizás apocalípticas que estás viendo en blanco y negro. A veces tendemos a pensar, y quizás después de ver sus sorpresivos resultados, que el plebiscito se planteó para que los colombianos decidiéramos si queríamos la paz o queríamos la guerra. No por Dios, eso no fue así. Sabes mejor que yo que la pregunta no fue esa, pues si así fuera, los resultados de la consulta mostrarían que somos un país de desalmados que no merecemos bajo ninguna circunstancia estar en el concierto de la Humanidad. No podemos soslayar el hecho contundente de que, con la mejor intención del mundo, el Presidente manejó la parte final del Acuerdo de la Habana, literalmente con los piés. No de otra manera se puede entender que se haya firmado dicho acuerdo, acompañado de una inoportunísima celebración, UNA SEMANA ANTES de que la ciudadanía manifestara su aprobación o no a dichos acuerdos. De otra parte, la gente tenía por qué saber, y finalmente lo supo, qua al menos, la forma final de los acuerdos y los mecanismos para que los mismos se incorporaran a saco en la Constitución, fue pergeñada por, excúsame el término que voy a usar, dos abogados de baja estofa que hicieron lo que les vino en gana; bien sabes que el mismo Humberto de la Calle manifestó hace poco que él mismo se dio cuenta de ello al regresar a la Habana de uno de sus muchos viajes a Bogotá y le informaron (posiblemente el senador de marras que hizo la tercera voz) que ya eso había sido acordado en su ausencia.

Me parece que no tiene mucho sentido el seguir abundando en las muchas torpezas que se cometieron alrededor de este proceso, sin resaltar acompasadamente los muchos aciertos que quedaron plasmados en al Acuerdo. Pero no dejo de recordar la enseñanza que ambos recibimos reiteradamente en la Primaria (o Preparatoria, como se decía en ese tiempo) del Colegio de Nuestra Señora allá en la Carrera 21 en la que nos repetían a cada rato que “el fin no justifica los medios”. Por eso tengo muy claro que la lucha por la Paz no acabó en pasado 3 de Octubre, por el contrario, desde ya debe recomenzar la lucha por ella con mucho mayor empeño, conservando las muchas cosas buenas que se acordaron, pero también corrigiendo los errores que se cometieron. Esto no es solamente una responsabilidad de los del NO como peregrinamente sostiene el Gobierno, es una responsabilidad de todos los colombianos, incluídas las Farc, el enderezar adecuadamente el camino. Yo, que voté por el Si tragándome varios sapos, siento que también me corresponde poner mi grano de arena al lado de los que quieren que las cosas cambien, que son muchísimos más que los que votamos a principios del mes. No sé si te parezca un absurdo lo que voy a decir, pero a mí me han parecido de verdad refrescantes y de un valor inmenso las múltiples marchas y manifestaciones que se han hecho en diversas partes de nuestra geografía, los plantones en la Plaza de Bolívar de Bogotá y tantas reclamaciones desde tan diversos orígenes, urgiendo porque se alcance la paz. Varios años manifesté mi frustración viendo las enormes manifestaciones que se hacían cada rato en España protestando por el estado de sus cosas, al compararlas con la indolencia infinita de todos nosotros frente a cientos de sucesos que merecían expresiones de ese calibre pero que jamás se nos dieron, hasta ahora.

De modo mi estimado Augusto León que, aunque al principio no fue mi intención, terminé haciéndote una invitación muy cordial a que revalúes tu posición y reasumas la lucha por sacar adelante nuestro terruño. De verdad que, en un futuro muy cercano, alguien te recompensará por ello.

Un abrazo,

Guillermo Gärtner Posada