14 de abril de 2021
Directores
Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

HABITAR, VIVIR Y  CONVIVIR

19 de octubre de 2016

“Lo que pudo haber sido y no fue”. Ese podría ser el título para el resultado de toda una discusión que se realizó en Pereira alrededor del terreno que en la actualidad ocupa el Batallón San Mateo. En la medida que dicho Batallón será trasladado a La Virginia, se planteó la posibilidad de que esos terrenos fueran destinados para la construcción de un gran parque, y destinar también algunos espacios para conectar la Avenida de Las Américas con la 30 de Agosto.

Desde luego que existen múltiples intereses que se mueven alrededor del tema, entre ellos, claro está, el económico. Pero lo realmente lamentable es el hecho de que las propuestas y las solicitudes de miles de pereiranos en donde se incluyen una inmensa mayoría de jóvenes, ha sido descalificadas como una especie de “sarampión juvenil”, sin tener en cuenta los “altos intereses” de la ciudad.  Desde luego que ello lo que esconde una pobreza conceptual de quienes elaboran e interpretan los planes de un ordenamiento territorial en donde se sacraliza el espacio y se objetiva a la gente, para utilizar la definición de Manuel Saravia Madrigal, cuando afirma:

“Mediante la deificación del espacio y la objetivación de la gente, la práctica del planeamiento urbano conjuntamente con la ciencia del urbanismo, transformó la configuración espacial y social de la ciudad, dando nacimiento en el siglo XX a lo que se ha llamado la taylorización de la arquitectura”.

Porque, finalmente, lo que menos importa es pensar la ciudad desde el punto de vista de espacio para la convivencia, para vivir, para habitar.

Y agrega el autor citado: “Habitar un territorio es convivirlo. Una relación convivencial que siempre es nueva. La convivencialidad es la acción de las personas que participan en la creación de la vida social. Para Illich, «trasladarse de la productividad a la convivencialidad es sustituir un valor técnico por un valor ético, un valor material por un valor logrado». La convivencialidad es «la libertad individual, realizada dentro del proceso de producción, en el seno de una sociedad equipada con herramientas eficaces». Implica renunciar a la sobreabundancia y al superpoder (ya se trate de individuos o de grupos). Lo cual redunda en renunciar a la ilusión que sustituye la preocupación por lo prójimo, por lo más próximo, «por la insoportable pretensión de organizar la vida en las antípodas» Habitar una región es sentir, asumir, valorar la presencia de las comunidades que la pueblan. Lo que significa, en primer lugar, el derecho a un hábitat comunal. Pero el arte de habitar no sólo crea espacios interiores. También fue siempre y en todas partes habitable el espacio situado más allá de nuestros umbrales. «Aún hoy, en los países cálidos, la mayoría de la gente se pasa una buena parte de su vida en la calle. Este espacio habitable fuera del propio hogar son las zonas comunales, lugares que sirven a muchos grupos y a cuyo uso de todos tenemos derecho, aunque sólo en la forma comúnmente reconocida por la comunidad.”

Seguimos entonces pensando que los espacios públicos no son para compartir, sino para “pasar”, no para en encuentro sino para el aislamiento.