14 de abril de 2021
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Donald Trump y la estrategia del miedo

31 de octubre de 2016
Por Albeiro Valencia Llano
Por Albeiro Valencia Llano
31 de octubre de 2016

albeiro valencia

Increíble pero cierto; es posible que un candidato como Trump llegue a la presidencia de Estados Unidos. Simplemente desarrolló una campaña política anunciando que la gran nación se encuentra quebrada, postrada, transformada en una potencia de segunda. Hemos seguido con interés y preocupación una contienda electoral rarísima, atípica y polarizada, con dos candidatos que simbolizan la crisis o el mal momento que vive este país. El pueblo va a elegir al menos malo. Trump no tiene ideología sino negocios; muy pocos pensaban que lograría avanzar en las primarias, pero su “encantadora y arrolladora figura” creció como espuma y arrasó a sus 16 contrincantes. Hillary tiene en su contra los dos gobiernos de Obama, la crisis económica del país y la violencia contra los afroamericanos. La Convención Demócrata la proclamó como candidata a la presidencia, pero sufrió un tropezón cuando WikiLeaks reveló unos emails internos del Comité Nacional Demócrata, para favorecerla sobre el candidato Bernie Sanders. La imagen de Hillary se desgastó por los cuatro años como Secretaria de Estado, no es buena oradora y la perjudica el machismo de los estadounidenses. En cambio, Trump asusta porque es impredecible, se siente cómodo en la extrema derecha y preocupa por sus comentarios xenófobos y racistas. No le interesa explicar su programa de gobierno, ni que los votantes piensen; quiere que se aterren, que sientan miedo.

¿Por qué llegó tan lejos?

Se supo instalar en el corazón de millones de estadounidenses debido a la crisis económica y porque el “sueño americano” se fue desvaneciendo. Dice lo que la gente quiere escuchar. Su discurso busca seducir a los blancos nacionalistas, a las capas medias empobrecidas, y a los desempleados que piensan que los inmigrantes son los culpables de sus desgracias; quieren rescatar el poderío de Estados Unidos que significa regresar al poder blanco. Comparten su machismo, el odio a las mujeres, a los musulmanes y a los mexicanos. El poderío de China es la competencia para su país estancado por las malas administraciones. Todo esto lo aprovecha Trump por medio del discurso populista; encarna la rabia, la indignación y el desespero de los blancos pobres. Aprovecha su volumen corporal, el movimiento de las manos, las posturas, las muecas, los gritos, y con los gestos reafirma el discurso agresivo; así se convierte en un encantador de multitudes. Se roba la atención por los ademanes exagerados y caricaturescos y los admiradores lo observan en televisión con profunda emoción. Por lo tanto, cae bien en los medios, la prensa lo hizo famoso; desde 2015 salía permanentemente en periódicos, revistas y en las pantallas y solo gastó 10 millones de dólares en anuncios, mientras que a otro candidato le habría costado 2.400 millones. De este modo consiguió una cobertura mediática de 91%; por esta razón venció fácilmente en las primarias republicanas. Publicaban sus mentiras, desplantes y locuras, sin ningún examen crítico.

Pero cuando su imagen creció como espuma, los medios se asustaron porque llegaron los debates y Trump fue quedando al desnudo. Entendieron su incapacidad para ser presidente del país. Cuando los sondeos en redes sociales le daban una ventaja al magnate, frente a Hillary, fueron apareciendo las acusaciones de acoso sexual y la gran prensa empezó a rechazar su campaña; USA Today señaló que no puede ser presidente porque “le falta carácter, conocimiento, constancia y honestidad”. Y el Washington Post afirmó que “Es errático, no está preparado para ser el comandante en jefe, se mueve con prejuicios, como empresario está lleno de altibajos, es injusto con los ciudadanos, habla sin pensar, embruteció el diálogo nacional y es un mentiroso”.

Como los medios le quitaron el apoyo se refugió en Twitter, pues tiene 12,5 millones de seguidores, mientras que Hillary tiene 9,9 millones. De este modo suelta un trino o carga un video en Instagram y millones de personas los replican y convierten en tendencia. Así ha logrado demostrar el poder de las plataformas digitales. Le quitó sustancia al debate político y maneja la campaña con comentarios incendiarios y salidos de lugar, y con adjetivos de grueso calibre, que llegan con facilidad al público inculto. No necesita votantes inteligentes.

La estrategia del populismo

Millones de estadounidenses están más pobres que hace 25 años y ante el malestar económico y social que vive Estados Unidos, desde hace varios años, se viene sindicando a los inmigrantes como los culpables y, por esta razón, señalan especialmente a los mexicanos. Para los otros males que agobian a la sociedad identifican como enemigos a los musulmanes y afroamericanos. En este punto llegan los demagogos que saben jugar con la democracia, y hay preocupación porque el discurso populista cala en los votantes y representa un peligro para el futuro de esta poderosa nación. Se premia la retórica facilista que se aprovecha de la rabia, del desempleo y de la desesperanza. Es aquí donde entra Trump.

Al candidato republicano le fue muy mal en el último debate del 19 de octubre, pero, además, ya venía cayendo en las encuestas; cuando le preguntaron si aceptaría el resultado de las elecciones respondió que sobre el tema se pronunciaría en su momento y que mantendría el suspenso, porque la prensa ha envenenado a los votantes. Pero más tarde dijo que lo aceptaría solo si él ganaba la presidencia. En realidad, su imagen se ha venido desplomando, acudió a la estrategia de hablar de fraude. Afirmó que “Estas elecciones están totalmente amañadas por Hillary, La Mentirosa, y por los medios de comunicación”. Según todas las encuestas la candidata republicana está entre cinco y once puntos por encima de Trump, pero como ya dejó el manto de duda sobre el robo de las elecciones no se puede saber cómo reaccionarán los votantes. Se dice que con el resultado del Brexit en Inglaterra y del plebiscito del 2 de octubre en Colombia, ninguna encuesta es confiable.

La gente votará por el candidato menos malo, pero hay que tener en cuenta que tomarán una decisión al borde del abismo y en este punto pueden pensar: Lo que ha de ser que sea. Si le temen al futuro cualquier cosa puede pasar.