11 de abril de 2021
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De espaldas al río más grande

5 de octubre de 2016
Por Rodrigo Zuluaga Gómez
Por Rodrigo Zuluaga Gómez
5 de octubre de 2016

 Rodrigo Zuluaga Gómez

rodrigo zuluagaCuando uno se encuentra frente al espectáculo del río Magdalena con toda su belleza y esplendor viene la reflexión: que a pesar de las desigualdades tan aterradoras que tenemos, Colombia es un país de ciudades, ciudades que vienen desarrollándose aceleradamente desde principios del siglo pasado y que en ello el río tuvo mucho que ver. Con Santa Fe de Bogotá a la cabeza muchas ciudades presentan un auge notorio, con  la descentralización que ha funcionado a medias, pues parte del oriente y todo el sur colombianos presentan pocos signos de  desarrollo, así se diga lo contrario.

Una veintena de ciudades se han desarrollado merced al inicio temprano de la aviación y a la utilización por muchos años del río Magdalena, columna vertebral de la patria, con su tenaz influencia en 18 departamentos y que además forma frontera en 10 de ellos. Fundamental fue el impulso de la navegación por esta vértebra fluvial que ha comunicado pueblos y regiones, pero ha dividido también por ser frontera en lo que se llama el Magdalena Medio, ¨la joya de la corona¨. El sociólogo Orlando Fals Borda  dijo una vez que nuestros  ríos envés de unir dividen a los colombianos.

A comienzos del siglo pasado la mayoría de nuestras ciudades eran conglomerados con calles sin pavimentar, donde la brisa especialmente en las zonas costeras levantaba polvaredas amarillas al puro estilo del oeste norteamericano. Hay que mencionar a Barranquilla porque fue por allí por donde entraron todas las migraciones importantes al país usando la insipiente aviación que movilizaba pasajeros y bultos de correo, y por todos los puertos del río Magdalena cuando éste era el único y más el expedito medio de transporte de una Colombia en ciernes.

No cabe la menor duda que fue por ésta ciudad y usando el río Magdalena por donde entró la civilización al país. Nos entró antes del descubrimiento y la conquista, la cultura caribe y la muy influyente cultura azteca y maya. Después descubridores y colonizadores transitaron por el río aprovechando su navegabilidad hasta muy adentro del territorio. Al constituirse la nación por sus puertos ingresó la maquinaria y toda clase de productos acabados, los pianos, el mobiliario, las inmensas lámparas,  en fin entró el progreso, la cultura y la modernidad al país: a Antioquia por Puerto Berrío, a Caldas por La Dorada, a Bolívar por Mompox, a Santander por Barrancabermeja, al Magdalena por El Banco, al Tolima por Honda y a Cundinamarca por Girardot. Usualmente todo entraba por el río y luego se trasladaba al interior del país por la amplia red de los Ferrocarriles Nacionales, que fue otro medio de transporte que escribió una epopeya maravillosa en su tiempo.

Pero el uso de los ferrocarriles, la construcción de carreteras y la novedosa aviación de carga y de pasajeros, hicieron perder la importancia al río Magdalena, algo que no debió suceder nunca.  Años después se ha intentado sin éxito incluir al río en los planes nacionales de desarrollo, procurando acercarlo a la economía. Tal vez parece imposible que ésta arteria fluvial sea mejorada en su navegabilidad, ojalá pero la deforestación y el vertimiento en su lecho de afluentes demasiado contaminados lo impiden, pues ya ni la pesca es posible.

Este abandono del río más importante de la nación muestra que nuestra clase dirigente y nosotros, todos, somos montañeros, muy andinos, unos cachacos irremediables, que hemos despreciados las bondades del río más grande de la patria.