19 de abril de 2021
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Bob Dylan… El Nobel de la literatura musical

14 de octubre de 2016
Por Gilberto Montalvo
Por Gilberto Montalvo
14 de octubre de 2016

gilberto montalvo

Queda demostrado, música y literatura son concubinos, duermen en la misma cama, se cogen de la mano para amancebarse y decretan luminosas producciones que se interpolan infinitamente.

Música con poesía de calidad y fragmentos de nutrientes alabanzas por la defensa de los derechos humanos o en discordia con el poder son elementos en el caso de Bob Dylan el nuevo Nobel de Literatura.

Pudiera creerse inesperado pero la Academia ha derivado sus calificaciones hacia expresiones literarias que mantengan esa calidad de siempre y más aun, que enriquecidas con música de alto nivel, logren esa simbiosis emparentada con el éxtasis.

Bob Dylan es abordado por múltiples biógrafos que han esculcado su inmenso talento y ha sido un referente para muchas generaciones de poetas y músicos que lo han mantenido en la cabecera de sus ilusiones.

El propio Lennon, víctima de las garras atrapadoras de Dylan, lo exaltó en ocasiones cuando se deleitaba reiterando su admiración por el ícono de la canción americana.

Bob Dylan vivió en un permanente ayuntamiento con Billboard o Rolling Stone, fue acaparador del Pulitzer, el Príncipe de Asturias, un Oscar y 10 grammys, la Medalla Presidencial de la Casa Blanca y ahora le cayó encima la desgracia del Nobel, parodiando a Gabo.

Recibirá homenajes superiores a los que seguramente solo se le prodigarían si en lugar del premio se hubiese muerto.

Justo el Nobel. La literatura en la poesía de Dylan es limpia, transparente y sus letras pueden ser leídas o escuchadas con los compases indescifrables de su maestría musical.

Su voz de barítono esquemático nunca fatigó a sus oyentes así estuviera enmarcado en una primera etapa solo en el Folk, recalando después en el Rock, el Country e incluso el Gospel, cuando en una conversión repentina llegó a las escalinatas del cristianismo a posarse de rodillas ante el enviado especial de la divina providencia. De iconoclasta a cristiano renacido por convicción, seguramente.

Igual suerte corrió en los setenta en Colombia Gonzalo Arango que pasó de ateo confeso a una militancia espiritual de características místicas.

Dylan en Woodstock y Arango en Ancón. Coincidencias fortunosas.

El nuevo Nobel imbricó su sapiencia musical, una guitarra magistral o teclados hilarantes, con el estro especial de un poeta consumado en los reclamos y en la finura de unas expresiones de élite en el amor, la sinrazón o el equívoco y lograr asi el más alto nivel popular de la música del siglo XX.

Y Bob se puede leer. Asi de sencillo, sus poemas son mágicos y las estructuras literarias de un nivel excepcional con imágenes muy elaboradas.

Después de ires y venires con éxitos rotundos en toda esa confusión de ritmos frenéticos que lo elevaron al pedestal de los grandes, en 1980 toma un respiro y se apacienta con una de sus más selectas producciones: Oh Mercy, cuando regresa a sus orígenes de la música tratada con la maestría de la filigrana.

Sus veleidades inmensas por incluir en sus trabajos temas sociales, económicos, políticos, religiosos, filosóficos y por supuesto literarios, le dieron la inmensidad que hoy recoge, sin ninguna duda, con la serenidad de sus setenta y cinco, cincuenta y cuatro de ellos, en la finura de su arte.

En sus reflexiones literarias nunca se excluyeron y por el contrario fueron inmanentes, orbitaron en su generación de ideas, los recursos ancestrales ingleses, irlandeses y escoceses. Hay también de un rezago étnico de línea materna de la península de Anatolia en Turquía. Toda esa amalgama potente de influencia cultural logró purificar un estilo descollante y propio.

Bob Dylan ennoblece al Nobel.

Militante, defensor de los derechos civiles en su país, rebelde, protestante, no tuvo empacho en reivindicar, en medio de una borrachera fenomenal, a Lee Harvey Oswald, el asesino del presidente Kennedy, con la aseveración que este resumía todo lo que eramos nosotros.

Su referente musical: Woody Guthrie, quien murió en un siquiátrico hasta donde fue el hoy Premio Nobel a convivir con sus angustias.

Y como no podía tener más defectos, Dylan es pintor de estudio, de acuarelas y dibujos que lograron la más exultante critica de los expertos.

Sus exposiciones han sido materia de sublime expectativa de quienes conocen de estas artes de las finas líneas y el color exuberante.

Música y literatura son concubinos que viven al aire libre y Bob Dylan el Nobel de este amancebamiento.