20 de abril de 2021
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ASFIXIA A LA OPOSICIÓN

29 de octubre de 2016

El régimen de Nicolás Maduro sigue empeñado en una peligrosa y cínica huida hacia delante: mientras que por un lado se reúne con el Papa y, supuestamente, acepta un proceso de mediación, por otro incrementa hasta la asfixia el hostigamiento a la oposición.

Sus últimas amenazas, en este caso de confiscación de sus bienes a los empresarios que secunden la huelga general convocada ayer por la oposición, marcan un nuevo hito en la aberrante deriva autoritaria que el régimen ha emprendido desde que perdiera las elecciones legislativas celebradas en diciembre del año pasado.

Paso a paso, Maduro ha destruido la escasa institucionalidad que había en el país, vaciando de contenido el término democracia; ha ignorado al Parlamento, al que ha despojado de sus poderes, y se ha apoyado en un Tribunal Supremo de Justicia diseñado a su medida para que valide cuantas trampas necesite hacer para sostenerse en el poder. Y, para colmo, ha cegado la única vía constitucional que le quedaba a la oposición para lograr su salida: el referéndum revocatorio, un instrumento diseñado por el propio Chávez que ahora Maduro ha bloqueado gracias a las artimañas del Consejo Nacional Electoral, también sometido a sus designios.

El último instrumento a disposición de la oposición es el proceso de destitución del presidente, también previsto en la Constitución, que sin duda Maduro también bloqueará, cegando toda posibilidad de cambio y abriendo peligrosamente, en ausencia de una mediación fructuosa, las puertas a una confrontación.

Oponerse al régimen de Maduro no es fácil: se paga con la cárcel, la detención arbitraria, la intimidación física o la confiscación de la propiedad. Pero cada día que pasa las razones de la oposición son más fuertes, los argumentos del régimen más débiles y su apoyo internacional más escaso. Si sigue unida, la oposición sin duda triunfará.

EDITORIAL/EL PAÍS, MADRID