22 de abril de 2021
Directores
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Sin goles no hay paraíso.

22 de septiembre de 2016
Por Esteban Jaramillo
Por Esteban Jaramillo
22 de septiembre de 2016

Por Esteban Jaramillo Osorio.

Esteban JaramilloDice Guardiola  que los partidos se ganan en el medio campo. No es verdad absoluta, si se admite que sin goleadores no hay triunfos y sin ellos no hay paraíso. Los duelos también los ganan los porteros. Casos hay por miles. En el último juego del Once Caldas, Cuadrado cerró su “cabaña” y se convirtió en figura. Es común que lo haga. Al  frente, Viera también exhibió su habitual repertorio de atajadas, evitando un resultado mayor en contra de Junior.

Acostumbrado estaba “el blanco” a moverse entre las últimas posiciones de los clasificados y las primeras de los eliminados, sin alentar ambiciones, porque no conseguía darle sentido a su juego: ganaba poco y no convencía.

Llegó Lisi y empezó a marcar tendencias  y a identificar un estilo, con  orden en el campo de parte de sus jugadores de regreso a sus posiciones más rentables, para mejorar la producción y  robustecer la autoestima.

El último partido tuvo un valor especial, similar al compromiso con Nacional, el año anterior en Agosto, cuando con la victoria Torrente apagó un incendio que amenazaba con dejarlo sin cargo. Se ganó sin angustias, con mucho carácter, potenciando el trabajo colectivo que disimuló las  siempre criticadas carencias individuales, especialmente en la defensa.

Los últimos triunfos no permiten aun lanzar juegos pirotécnicos ni pavonearse autosuficientes, porque el objetivo esta a medio camino.

Con el semáforo en verde para seguir el ascenso, el Once está obligado a duplicar esfuerzos y rendimientos, para justificar el alboroto de los últimos días, con la modificada percepción del aficionado.

Las cifras, en  la estrecha tabla, aun no son compatibles con  las ambiciones de clasificar. Lisi se ve serio, con llegada a los jugadores y sin posturas desafiantes o demagógicas.

Con evidentes progresos en el aspecto físico, debe subsanar,  dentro de las tantas tareas pendientes en materia táctica, las ranuras, llamémoslas grietas, en la recuperación de los balones perdidos, para evitar que la alabada mejoría en el rendimiento del equipo, termine siendo flor de un día.