19 de enero de 2019

Curules para Farc: ¿apertura política o piñata populista?

Por El Nuevo Siglo
3 de julio de 2016
Por El Nuevo Siglo
3 de julio de 2016

Opinión ajena

Gobierno y Farc pactan mecanismo de estabilidad jurídica al acuerdo final de paz

EL NUEVO SIGLO

TRAS LA firma días atrás del acuerdo entre el Gobierno y las Farc alrededor de la mecánica del cese el fuego y el cronograma del desarme subversivo, el debate que se tomó esta semana el país político fue otro: ¿cuántas curules se le deberían dar a las Farc en caso de que de desmovilice y se convierta en un partido?

Como si fuera una especie de ‘piñata’ o de ‘subasta’ de inmediato empezaron a surgir propuestas de todos los lados. La Fundación Paz y Reconciliación, por ejemplo, planteó darle, directamente, nueve curules en el Senado –equivalentes al número de senadores de la Unión Patriótica asesinados en las décadas de los 80 y 90- así como la creación de 17 curules adicionales en la Cámara, bajo la figura de circunscripciones especiales de paz. Es decir que aquí sí habría que ir a elecciones.

Entretanto, el magistrado del Consejo Nacional Electoral, Armando Novoa, indicó que radicaría un acto legislativo para crear 13 “circunscripciones transitorias especiales de paz”, con enfoque regional y no departamental y con una duración de tres periodos congresionales en la Cámara de Representantes.

Pero la cuestión no acabó allí. Mientras voces de varios partidos como el Polo Democrático o la Alianza Verde indicaban que no tendría lógica que las Farc desmovilizadas tuvieran más curules –a dedo o bajo la figura de la circunscripción electoral especial- que los partidos de izquierda democrática o independientes que nunca han acudido a la violencia y se someten al dictamen de las urnas, se escucharon otras propuestas no menos novedosas.

El senador Antonio Navarro, de la Alianza Verde y desmovilizado del M19, trajo a colación una propuesta del ex fiscal de la Corte Penal Internacional, Luis Moreno Ocampo, quien alguna vez planteó que los líderes guerrilleros podrían estar en el día en el Congreso y en la noche en sitios de reclusión, como parte del cumplimiento de las penas restrictivas de la libertad por los delitos cometidos.

Otras voces fueron más allá, indicando que no tendría lógica alguna que a las Farc se le otorgaran curules automáticas o vía circunscripciones especiales de paz, cuando las negritudes y los afrodescendientes, que son más de seis o siete millones de personas en Colombia, apenas si tienen tres o cuatro curules en Senado y Cámara. También se escucharon protestas de los colombianos que viven en el exterior, alegando que pese a ser más de cinco millones viviendo en el resto del mundo, sólo tienen una curul en la Cámara de Representantes. Tampoco faltaron los voceros de las organizaciones de las víctimas del conflicto armado, que indicaron que si el victimario tenía diez curules en el Congreso, pues quienes sufrieron sus acciones delincuenciales también deberían acceder a igual número de escaños en el Legislativo. Y la tapa vino cuando alias ‘Popeye’, uno de los lugartenientes de Pablo Escobar y quien salió de la cárcel poco tiempo, llegó a plantear que bajo la misma fórmula de la justicia transicional que se aplicará a las Farc y todos los involucrados en el conflicto armado, él podría aspirar a una curul al Senado…

Aquí y ahora

Pese a que hubo analistas, partidarios y contradictores del proceso de paz que advirtieron que se trataba de un debate gaseoso y hasta apresurado, lo cierto es que el tema de la participación política de las Farc una vez se firme el proceso de paz, el acuerdo respectivo sea refrendado en las urnas y se cree el partido político en que derivaría la guerrilla desmovilizada y desarmada, es uno de los temas que se está discutiendo en estos momentos en la Mesa de La Habana, como parte de los 31 temas pendientes que quedaron en los 6 puntos gruesos de la agenda ya pactados.

Hasta el momento lo único claro es que, según el acuerdo sobre participación política -firmado en 2013- se crearán unas circunscripciones especiales de paz en zonas afectadas por el conflicto armado.

El Gobierno sostiene que se no se trata allí de darles curules directas a la guerrilla en el Congreso, las asambleas y los concejos municipales. Sin embargo, en agosto del año pasado, al reiterar ese condicionamiento, el propio presidente Santos indicó que, a manera de debate, darle ocho o diez curules a las Farc desmovilizadas en la Cámara no parecería un costo alto si con ello se lograba aclimatar la paz.

Pero lo cierto es que la cúpula guerrillera no parece estar pensando en unas pocas curules en la Cámara sino que aspiraría a que buena parte del ‘secretariado’ y del ‘estado mayor’ pueda, ya convertida esa facción en movimiento político, llegar al Senado y, dada su probada impopularidad y las amplias reservas ciudadanas sobre lo pactado con la guerrilla, que lo haga por la vía de la asignación directa de escaños y no teniendo que pasar por las urnas, ya que allí no sumarían mayor cantidad de votos.

Incluso, en un comunicado de noviembre pasado, dado a conocer en La Habana, las Farc habían pedido que para su “participación activa en la política abierta” era necesario la “asignación directa” de curules en el Congreso, asambleas departamentales y concejos municipales “al menos dos periodos” de sesiones, es decir 8 años.

¿Entonces?

El debate es muy complejo. Las encuestas reveladas esta semana sobre el proceso de paz evidencian que si bien hay optimismo por la firma del acuerdo final, la oposición a una participación política de las Farc es muy alta, sobre todo su implica la asignación directa de curules sin que se sometan a elecciones abiertas.

En la Mesa no hubo ningún pronunciamiento al respecto esta semana, ni del Gobierno como tampoco de las Farc, pero se sabe que el tema sí se está discutiendo y que, al final, todo dependerá de la decisión política que tome el propio presidente Santos. Una decisión que no sólo debe comprender el hecho de dar o no curules a la guerrilla, sino si ello se hará de manera directa o por la vía de las urnas (mediante circunscripciones especiales de paz), si serán en Senado y Cámara, cuántas, por cuánto tiempo, a partir de cuándo y si ello se extenderá también a asambleas y concejos.

Este pulso no será nada fácil de resolver y menos en un ambiente de polarización política tan marcado en Colombia, y sabiendo que el tema de las curules para la guerrilla será determinante a la hora de votar un eventual plebiscito por la paz.