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Las confrontaciones civiles*

12 de junio de 2016
Por Jesús Helí Giraldo Giraldo
Por Jesús Helí Giraldo Giraldo
12 de junio de 2016

Colombia, de la Independencia al caos

Por: Jesús Helí Giraldo Giraldo

jesús heli giraldoUn análisis de los 100 años posteriores a la Independencia de Colombia, período comprendido entre 1819 y 1919, nos presenta un panorama desolador: la paz, la libertad  y la unidad en la justicia, esperadas durante los 300 años de lucha contra el imperio español, no aparecen en nuestro suelo. Correspondió esa centuria a la fundación de nuestros pueblos y a la colonización interior en medio de guerras fratricidas.

Salud, juventud, genialidad y vida fueron arrebatadas por el monstruo de la guerra. Lo doloroso es la forma cruel y sanguinaria de los ataques de  hermanos entre sí. Después del grito de independencia de 1810 surgieron más de 10 guerras civiles, empezando en 1812 y concluyendo en 1902, con la famosa  “Guerra de los mil días”.

La esclavitud continuó recibiendo apoyo nacional, al desconocer los derechos de indios y negros quienes junto a los criollos conquistaron con sudor y sangre la independencia del dominio español. Los intereses sociales, religiosos, políticos y económicos provocaron enfrentamientos por doquier. Las confrontaciones surgidas entre hermanos compatriotas después de 1810 dejaban la sensación de que la independencia parecía un remedio peor que la enfermedad. Vemos a los criollos recién liberados pretendiendo imponer  por las armas sus ideas de gobernar la nación independiente. La organización política y administrativa originó sangrientos enfrentamientos. La llamada Patria Boba (1812-1813) provocó la reconquista española, en medio de la sangre y el terror.

Después del 7 de agosto de 1819, cuando los españoles fueron derrotados definitivamente, surgen enfrentamientos locales y el desorden es el dueño del suelo independiente. La disolución de la Gran Colombia y la pérdida de Panamá demostraron la incapacidad de responder con inteligencia al papel suscrito por la historia cuando nos entregó la antorcha de la libertad.

Giraldo familia filadelfiaLos distintos nombres adoptados para nuestra patria: La Gran Colombia, la Nueva Granada, Los Estados Unidos de Colombia, La Confederación Granadina, República de Colombia, fueron asociados con guerra y muerte.
Guerras Civiles. Guerra entre Federalistas y Centralistas (1812-1616), Guerra Civil (1828-1829), Guerra Civil (1830-1831), Guerra de los Supremos (1839-1841), Guerra Civil (1851), Guerra Civil de 1854, Guerra Civil (1860-1862), Guerra Civil (1876-1877), Guerra Civil de 1885, Guerra Civil de 1895, Guerra de los Mil Días (1899-1902).

Ese fue el común denominador durante los 100 años posteriores al grito de independencia. El esfuerzo por derrotar al enemigo extranjero y la esperanza de paz constituyó una frustración histórica ante la violencia despiadada y boba: unos defendían a los comerciantes  y otros a los artesanos, luchas intestinas entre los históricos y los racionalistas y entre liberales y conservadores, entre bolivarianos y santanderistas, federalistas y centralistas, “gólgotas” y “draconianos”, puntos de vista diferentes siempre defendidos por las armas.

Militaristas de nuevo cuño interesados en establecer dictaduras, enfrentados a movimientos regionales, encarnizados en la defensa de un ego mayor al que querían erradicar. Se derrotó al ejército invasor pero se prendió la hoguera de la muerte por el repartimiento del poder y por las riquezas heredadas de los españoles.
 

El fin del primer siglo de independencia nos deja un panorama desolador. En el siglo XX y lo corrido del XXI la paz no ha encontrado su reino. Ya no son las guerras declaradas, a excepción de las dos guerras mundiales a las cuales el país no pudo ser ajeno. Son los conflictos debidos a la beligerancia interna partidista, egoísmo, corrupción y la ambición desmedida, lo que ha motivado muertes y miedo. La llamada época de la Violencia en Colombia y el surgimiento de los movimientos guerrilleros y subversivos no han permitido conocer la paz.

 

La historia colombiana está saturada de guerras. Muchos analistas llegaron a pensar que el nuestro era un país inviable, en vía hacia el colapso, una nación paria. De una población “biológicamente violenta”, hablan otros. Tener uno de los mayores índices de violencia en el mundo justifica las aseveraciones de los analistas sin excusa para calificarlas como exageradas.

 

Desde los años sesenta del siglo anterior, después de superar la funesta etapa de la violencia política que dejó centenares de miles de muertos en Colombia por el enfrentamiento entre los dos partidos tradicionales, liberal y conservador, era conocida como La Violencia, aún no superada totalmente, surgen en el escenario nacional diversos grupos armados que continúan el desangre de la patria.

 

Las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, FARC, el Ejército de Liberación Nacional, ELN, Ejército Popular de Liberación, EPL y otras organizaciones armadas ilegales, constituyeron los ejércitos izquierdistas contra el Estado, algunos de los cuales después de 50 años aún siguen vigentes. A estos grupos extremistas de izquierda, o como consecuencia de ellos, hay que sumarles las Autodefensas Unidas de Colombia, AUC, fenómeno conocido como paramilitarismo, movimiento armado ilegal de carácter derechista, junto a las Bandas criminales, Bacrim, contradictores de los ejércitos ilegales de izquierda. Las bandas criminales, narcotraficantes y delincuentes de todo tipo, más la corrupción política agobiante y las malas costumbres, cierran el camino a la paz y mantienen latente el enfrentamiento armado entre los colombianos.

 

Sin embargo la  libertad en medio de la armonía entre todos los colombianos ocupará siempre el primer renglón en el libro de nuestras esperanzas. Sólo una misión y una visión fundidas en el trascender humano hacia una vida humana amable y pacífica, en medio del concepto y el dinámico accionar de la unidad, justifican nuestra existencia.
*Fuente: Mi familia Giraldo y Filadelfia, libro escito por Jesus Helí Giraldo Giraldo