11 de abril de 2021
Directores
Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

Una Fiscalía manida, estropeada y utilizada

6 de mayo de 2016
Por Marco Uribe
Por Marco Uribe
6 de mayo de 2016

Marco Uribe

Marco UribeNo se puede asegurar que el Fiscal sea el segundo cargo más importante del país, pero de lo que sí se tiene la certeza es de que  la Fiscalía en la estructura estatal es uno de los organismos primordiales. La creación de la Fiscalía, junto a la Acción de Tutela,  fue un gran avance que se introdujo a nuestra normatividad  por el constituyente de 1991, el primero, como organismo investigador y acusador de la comisión de delitos, y el segundo, como mecanismo de protección y defensa de los derechos fundamentales “per se” que tiene toda persona. Y para colmo de males, como ocurre con todo lo que es bueno para toda la comunidad, las dos instituciones han sido manidas, estropeadas y utilizadas en procura de satisfacer grandes intereses personales desplazando al interés general, y sin dolientes a la vista en ninguna de las tres ramas del poder público. 

Desde su creación hasta la fecha la Fiscalía General de la Nación ha sido blanco de graves señalamientos hechos por personas de todos los pelambres  por su desacierto en su conducción, inoperancia en su funcionalidad, ineficacia en sus resultados y por anidar en su seno un alto grado de corrupción que robustece la asfixiante impunidad; para unos y otros, todo debido a la incondicionalidad con los grandes empresarios y con la élite política, los lazos estrechos y la connivencia con los grupos al margen de la ley, la descarada manipulación de las pruebas, las reiteradas violaciones al debido proceso, sus filtraciones e imprudencias mediáticas que entorpecen las investigaciones en favor de la delincuencia, etcétera, etcétera,.   

No creo que se tenga que emular con un Carrara ni con un Ferri para ocupar el cargo de Fiscal General de la Nación, la formación académica recibida en la universidad por los estudiantes en las disciplinas del Derecho, son suficientes,  y es por ello que la Constitución exige como requisito sine qua non para desempeñar el cargo que sea  Abogado titulado, no siendo óbice para que los magistrados de la Corte Suprema de Justicia, en un gesto de alta responsabilidad y como una obligación personal y para con el país, exija a los aspirantes a ocupar dicho cargo un conocimiento amplio en materia criminal; así como también, escudriñar hasta la saciedad sus valores éticos y morales, las relaciones personales, laborales y económicas que haya tenido en su pasado, a fin de evitar a futuro impedimentos vergonzosos y perturbadores en la investigación y acusación por la comisión de delitos. 

No he considerado en ningún momento que la Fiscalía General de la Nación sea una criatura deforme parida por la Constitución de 1991, como lo afirmó Fernando Londoño Hoyos en un artículo publicado por el Diario La Patria – “Fiscales: tragedia nacional” -, en el cual esboza unos perfiles con verdades a medias sobre algunos de los anteriores Fiscales, haciendo serias y graves imputaciones y que aún siguen en la impunidad, ya que no se ha abierto investigación alguna ; no obstante lo anterior, el Jurista y Columnista señala de manera cierta y veraz fallas estructurales y algunos hechos patéticos que se han dado en esa Entidad con algunos de sus Fiscales por su proverbial ignorancia del derecho penal, lo cual no sólo nos produce inseguridad e incertidumbre, sino una inmensa vergüenza ajena ante la comunidad internacional por el elegido, por el postulante y por el nominador.(léase fiscal, presidente y corte suprema, respectivamente). 

Sin posar de nefelibata, y la verdad sea dicha, no tenía el más mínimo conocimiento de que Alfonso Gómez Méndez  tuviese esas relaciones non sanctas con los farianos, ya que siempre he tenido las mejores referencias de su probidad como Jurista. Dudo mucho que se vuelva a repetir una era o etapa tan aciaga y negra como la que se padeció con el fiscal Osorio, manizaleño de nacimiento y dipsómano por adopción, quien sobresalió dejando huella indeleble por su inocultable simpatía, protección y ayuda desvergonzada a la cúpula paramilitar y, especialmente, a sus benefactores incrustados en las Fuerzas Armadas, como el General Rito Alejo del Rio. Esta clase de especímenes solo recibirán castigo cuando se despoje a la Cámara de Representantes de esta función judicial… 

Y ni hablar de la época del ‘tontanato’ y del “aquelarre” bajo la dirección de Iguarán Arana, de quien el Jurista y Columnista ya dijo todo, sólo  le agregaría su falta de entereza, honradez y dignidad en el manejo de ciertos procesos que se vieron limitados por su temor reverencial hacia Uribe. Claro, estos valores no se le pueden exigir a un “memo”. Y, qué tal, Eduardo Montealegre, el megalómano empedernido, prepotente jurista, el enfermizo mediático, el protector de la empresa más defraudadora de la Salud de los colombianos, la persona que volvió añicos los recursos financieros de la Fiscalía para pagar favores íntimos a una tal Springer, según lo sostiene la mayoría de colombianos; los anteriores fiscales mencionados quedan en pañales al lado de éste. 

Todas las debacles que han ocurrido en la Fiscalía, secundadas por su timonel, son de responsabilidad exclusiva del presidente de turno, quien postula, de la corte suprema de justicia que designa o elige, y todo por cuenta del circulo vicioso e ignominioso de “tú me eliges, yo te nombro y no te investigo” 

Es hora de que la Corte Suprema de Justicia empiece a mostrar una cara distinta frente al país  y afronte sus responsabilidades con sapiencia y decisión, borrando de tajo cualquier sospecha de venalidad, de politización, de polarización y que, de paso, demuestre que la creencia generalizada que se tiene de compromisos vinculantes con varios miembros del poder legislativo, son infundados y que no existen, que sus sentencias no son sesgadas,  que no patrocinan ninguna impunidad, y que imparten justicia de manera diáfana, pronta y cumplida. Situación ésta que es la ideal en un Estado de Derecho, y que prodiga seguridad y tranquilidad en toda la comunidad. Además, todo esto garantiza la estabilidad y preservación del resto de instituciones. 

Señores magistrados de la Corte Suprema de Justicia, quiera el Señor que en esta oportunidad se corrijan los yerros en que incurrieron en las pasadas elecciones de algunos Fiscales. El país, y en especial su descendencia en la posteridad, se lo agradecerán.  

Apostilla: La elección de Fiscal no la puede definir ni los altos y bien remunerados cargos de Fiscales delegados que ofrezca, ni en la abundancia de desayunos con tamal y chocolate que prodigue, ni en los arrodillados y fatigantes lobbys que haga, ni en la cantidad de borracheras con whisky de contrabando, no. Esta designación es de gran trascendencia y es el primer escalón para alcanzar una buena administración de justicia.

Manizales, mayo 6 de 2016.