22 de abril de 2021
Directores
Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

POR LA VIDA SILVESTRE

23 de mayo de 2016

La cacería de nuestros grandes mamíferos pone de presente la necesidad de proteger las especies silvestres, vitales para el equilibrio de los ecosistemas. Urge conservar sus hábitats.

La supuesta cacería de un jaguar en el Magdalena Medio antioqueño volvió a poner en la mesa de discusión el estado de desprotección de muchas de las especies silvestres, en especial aquellos mamíferos carnívoros de mayor tamaño.

Pese a que las entidades relacionadas con su protección, desde el Ministerio de Ambiente hasta las Corporaciones Autónomas Regionales (CAR) y las secretarías municipales mantienen campañas educativas para reducir la presión sobre esos animales, su declive se mantiene y se percibe en casos muy sonados como los dos osos de anteojos cazados en la región cundiboyacense a comienzos de este año.

La reducción de las poblaciones de mamíferos está muy relacionada con el tráfico ilegal de especies emblemáticas como los osos perezosos y por la pérdida del hábitat natural, que las afecta a todas.

No en vano la última publicación del Instituto Humboldt sobre los grandes felinos evidencia que los dos más grandes, el puma y el jaguar, están amenazados por ese factor y cinco de las seis presentes en el territorio nacional han sido diezmadas por “cacería retaliativa por ganaderos”.

Una retaliación originada cuando el felino se alimenta de algún vacuno, que se da por la creciente expansión del espacio ganadero a costa del bosque donde habitan y a la cacería de las especies de las que vive el animal. Esos choques han afectado también al oso de anteojos.

El documento del Humboldt cita que “ningún felino colombiano ha atacado a humanos sin provocación, entiéndase, sin que antes le hayan disparado”.

La realidad demuestra la necesidad de encontrar soluciones viables para evitar la desaparición de estos grandes animales silvestres y de otros menores que hablan de la salud de los ecosistemas, por tanto de la vitalidad del territorio con todas las interacciones que en él se dan.

Hace un año la Alcaldía de Santa Rosa de Osos lanzó un programa de protección al puma, con la intención de resarcir al propietario por la muerte de cualquier res atacada por ese felino que habita en el corredor de las altas cuchillas del norte del departamento.

El programa murió por falta de recursos y, entre dientes, se dice que la muerte de pumas prosiguió.

Cornare y su programa Banco2 acaba de sumar 200.000 hectáreas para proteger al puma pagándoles a campesinos por cuidarlos. La intención también es, dado el caso, reconocer el dinero por la pérdida de una res.

Con tareas educativas, además, se pretende llegar a más campesinos para mostrarles la necesidad de cuidar las especies silvestres y los felinos.

Ninguna razón justifica hoy la caza de individuos de estas especies que no atacan al hombre. Su desaparición sería un golpe que desestabilizaría el equilibro ecosistémico con consecuencias negativas a mediano y largo plazo.

El deber de los colombianos es sumar esfuerzos para proteger las 492 especies de mamíferos que habitan el territorio, según actualización reciente, tal como lo mandan distintos convenios internacionales suscritos por el país, como el de la biodiversidad, cuyo día mundial se celebró precisamente ayer.

Queda claro que se necesitan más acciones contundentes para evitar la cacería de los grandes mamíferos, una obligación de Ministerio y Corporaciones pero también un compromiso que debe partir de cada ciudadano.

Hay espacio para todos.

EDITORIAL/EL COLOMBIANO