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Conciencia ecológica

10 de mayo de 2016
Por mario arias
Por mario arias
10 de mayo de 2016

Por: mario arias gómez

mario arias

El crecimiento de la sociedad del “desperdicio” reposa sobre el afán acumulativo e ilimitado de riquezas y cachivaches por encima de lo que se necesita para vivir y disfrutar el fugaz paso por la “Pacha mama”. Acopio causante de los desniveles y desigualdades que terminan en estorbo y basura que destruye la naturaleza. J. M. Barrie, creador del célebre Peter Pan, dijo: “Nunca entendemos lo poco que necesitamos de este mundo hasta que nos damos cuenta que lo hemos perdido”. El economista Latouche, profesor emérito de la U. de Paris-Sud, propulsor del decrecimiento, crítico del desarrollo sostenible, asegura: “El altruismo debería sustituir al egoísmo; el placer del ocio a la obsesión por el trabajo; la importancia de la vida social al consumo desenfrenado; lo razonable a lo racional”. Premisas conectadas al medio ambiente que Arturo Yepes ha visibilizado desde su diligente Presidencia de la Comisión Quinta de la C.

Agenda legislativa que ha priorizado la perniciosa contaminación provocada por las bolsas plásticas que desde 1960 se introdujeron al país, cuya vida útil promedio es de 25 minutos. Su degradación se calcula que tarda cinco siglos. Luego de cumplir tan modosa función -enfundar frutos, mercaderías, recopilar basuras, residuos domésticos e industriales- son desechadas. Uso y abuso que afecta el medio ambiente y vida marina, parte recarga los rellenos sanitarios, tapona los alcantarillados, causa de las inundaciones, llega a los ríos y arrecifes donde  peces, delfines y tortugas -en riesgo de extinción- se las tragan al ser confundidas con las algas y medusas para morir infectadas. Bogotá dispuso desde el 2011 la racionalización, reutilización y reciclaje de las bolsas de polietileno o polipropileno.

La corriente económica encabezada por sádicos de cuello blanco como el multimillonario suizo Stephan Schmidheiny -mayor “lobista” de empresas contaminantes- precursor del Consejo Mundial para el Desarrollo Sostenible, inculpado del homicidio de miles de obreros en una de sus fábricas de amianto y M. F. Strong del sector minero y petrolero, quien fue paradójicamente secretario general de la Conferencia de Naciones Unidas para el Medio Humano que dio inicio -20 años después- en la Cumbre de la Tierra de Rio 92, al abstruso tema del Desarrollo Sostenible. Rupestres bestias negras, autistas de la realidad social; artera y profana entelequia asida mediante técnicas de manipulación e intensas campañas publicitarias, principio de los males ambientales presentes. Falaz culto de un crecimiento espurio, urgente de desechar.

El pasado 29 de abril, El Ministerio del Medio Ambiente, inspirado por la cruzada: “Reembólsale al planeta”, concebida por el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF), reguló en el ámbito nacional, el uso de las bolsas plásticas con medidas inferiores a 30×30 centímetros; medida que propende por su supresión definitiva. Lucha en beneficio de las próximas generaciones, que invitó a sustituirlas por los antiguos canastos y mochilas artesanales. Solo falta por definir aspectos puntuales, como el gramaje -peso en gramos del plástico por metro cuadrado-.

El plástico oxo-biodegradable no es garantía de sanidad, luego de fragmentarse, permanece en el medio ambiente por un mínimo de sesenta años. Otra clase de plástico biodegradable -denuncia la organización Surfrider- se descompone solo en condiciones industriales. De degradarse -el proceso no sería absoluto- ya que miles de fragmentos microscópicos permanecen y son ingeridos por el 38 % de especies de aves y el 26 % de los mamíferos marinos. El ser humano al consumir estos cardúmenes que viven cerca a las playas contaminadas, el 35 % conserva en sus vientres una o dos piezas de plástico, nocivo para para quien lo consuma (Estudio del Instituto de Investigación Marina Algalita-California).

La producción de materias primas plásticas desde 1.950 no cesa de crecer. Mundialmente sobrepasa las 300 millones de toneladas. El 30 % -botellas y bolsas- solo se usan una sola vez y buena parte contamina playas y parques. Al llegar a los océanos, forman islas del tamaño -casi- de un continente. Según la organización ecológica alemana, Deutsche Umwelthilfe (DU), el consumo anual de bolsas plásticas en el mundo excede el billón. Solo un diez % es reciclado. Las peligrosas sopas de plástico -terrenales y marinas, pequeñas o grandes- matan más animales que el cambio climático. San Francisco-California es pionera en la prohibición -desde el 2007- de las bolsas de plástico. Este año prohibió la venta de agua embotellada en plástico de menos de 0.6 litros de capacidad, en instalaciones y eventos públicos. México no permite el suministro gratis de bolsas que no sean biodegradables. Loables medidas dignas a imitar.

Desechos que anegan el mundo, contaminan -como las pilas- acuíferos, suelos, humedales. Según los biólogos son responsables de la desaparición de numerosas especies de animales y plantas. Retales aprovechables -en su mayoría- al convertirlos mediante el reciclaje en un creciente y multimillonario negocio. Va unas cifras: En 2009 se tiraron a la basura 1.3 mil millones de toneladas de llantas usadas; en el 2010 se desecharon 15.8 millones de toneladas de libros, revistas y otros productos de papelería; se descartaron más de 22.3 mil toneladas de textiles. De 152 millones de teléfonos móviles y portátiles, los  estadunidenses descartaron 135 millones que fueron a los basureros. En el 2011 se eliminaron 32.7 mil millones de latas de aluminio  por US$ 820 millones. Según la Unite for Sight, más de cuatro millones de anteojos; 350 millones de pares de zapatos; 20 mil toneladas de pelotas de tenis y 10 millones de bicicletas fueron a dar a los basureros de EE. UU y Europa.

En el entendido que “un desarrollo infinito en un planeta finito no es sostenible”, es de aplaudir la meritoria y samaritana campaña de cognición que defiende la economía verde, cuya pedagogía ecológica promueve en Caldas el precitado Arturo Yepes -de su bolsillo- a través de la “Alianza para el Progreso”, en busca de  configurar una sociedad más justa, equitativa y solidaria. Lección ligada al agua y aire puro (un carro libera una tonelada al año del tóxico CO2); a frenar la deforestación, al uso intensivo de agrotóxicos; a prohijar las energías limpias y renovables; al uso de la bicicleta; a reforestar los nacimientos hídricos; a dar un manejo adecuado a los rellenos sanitarios. “La fuerza desencadenada del átomo lo ha transformado todo menos nuestra forma de pensar -advirtió Einstein-. Por eso nos encaminamos hacia una catástrofe sin igual”.

Bogotá 11 de mayo/16