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Las cortes y matrimonio

16 de abril de 2016
Por Hernando Arango Monedero
Por Hernando Arango Monedero
16 de abril de 2016

Hernando Arango Monedero

hernando arangoEn la semana fuimos informados por un comunicado de prensa, que la Corte Constitucional ha determinado que la Constitución Colombiana había sido modificada o, diría mejor, adicionada, porque no de otra manera puede interpretarse, la decisión tomada en el sentido de denominar la unión entre personas del mismo sexo, como matrimonio. De esta manera, de un solo tajo, la Constitución ha cambiado y de paso la definición misma de matrimonio que nos entrega el diccionario de nuestra lengua.

Comprensible es que quienes siendo del mismo sexo quieran unir sus vidas y obtener iguales ventajas derivadas de dicha unión. Comprensible es que quieran hacerlo bajo determinadas solemnidades. Todo eso es perfectamente comprensible y no creo que haya quién se oponga a los que deseen hacerlo. Finalmente, cada uno es dueño de hacer de su vida un joto, como bien decían antes. Lo que no es bien claro es la razón por la cual haya de cambiarse el significado de los vocablos y así cambiar lo que por siglos ha tenido un contenido definido e incontrovertible. El matrimonio ha sido, y tiene que ser la unión entre un hombre y una mujer con finalidad clara procrear y constituir una familia. No creo que sea menester ir al diccionario a buscar el significado de la palabra matrimonio, ya que todos lo tenemos claro.

Ahora bien, si lo que desean las personas del mismo sexo, es unir sus vidas, al igual que lo hacen hombre y mujer, pues que más que denominar esa unión con el nombre adecuado, nombre que también se encuentra en el diccionario de la lengua. Podría denominársele, por ejemplo, mariconada, como quiera que mariconada es la acción del maricón, y maricón es un invertido, como invertido es aquél que va contra natura en materia sexual.

Habrá quienes se ofendan por la palabra mariconada, pero no veo el por qué, máxime cuando no se ofenden cuando son denominados gays, y a sí mismos ellos se denominan, palabra que tiene el mismo significado y, por el simple hecho de ser un extranjerismo, en nada difiere de la usada en Español.

Insisto, si lo que quieren es darles a este tipo de personas iguales derechos derivados de una unión deseada, nadie se opondrá a ello, pero usar el nombre de una institución que por años se ha tenido como sagrada, es sólo una muestra de que la imaginación ha perimido y no encuentran palabra distinta para designar su anhelo.

Espero, al igual que esperamos muchos otros, que los magistrados tengan presente que el hecho de confundir vocablos no es cuestión de avance, tal y como quieren al así designar a la unión de hombre con hombre y mujer con mujer. Avance será el otorgar igualdad de derechos, pero no lo es el crear confusión y así no sepamos que, cuando se diga: estamos casados, sea la misma expresión para quienes están mariconiados. De esa manera, sabremos a que atenernos ante quiénes así se manifiesten.

Ah! Y que en el futuro, en seguimiento a los “avances” en los que ahora se compite, tengamos no matrimonio entre bestia y humano, y podamos entonces denominarlo, por ejemplo: burrada, o vacada o perrada, a gusto de quienes avanzados tomen por esos caminos dentro de las libertades por las que se lucha a cada día.
Espero no ofender al buscar designaciones para los que ahora desean una igualdad de derechos, más que de nombres o designaciones para su unión.

Bogotá, abril 17 de 2016.