15 de abril de 2021
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La muerte simbólica.

18 de abril de 2016
Por Víctor Zuluaga Gómez
Por Víctor Zuluaga Gómez
18 de abril de 2016

Víctor Zuluaga Gómez

victor zuluagaEl chileno Julio Namhauser hizo famoso su poema “Todo cambia” en la voz de Mercedes Sosa. Dice en un aparte: “Cambia el clima con los años, cambia el pastor su rebaño, y así como todo cambia que yo cambie no es extraño.”

Vinieron a mi memoria los temas abordados con algunos indígenas que llegaban a Pereira procedentes del Occidente de Mistrató. Les decía que el abandono de su territorio ancestral traería cambios culturales importantes, así procuraran conservar la lengua y algunas costumbres. Otros tiempos, otros escenarios y, los cambios, las transformaciones son inevitables en la medida que se tienen que adaptar a nuevas situaciones, por el espacio, el tiempo y las comunidades con las cuales deben interactuar.

Y en lo que tiene que ver con las teorías que en su momento significaron avances importantes, también cabría el mismo destino. Así lo reconoce Miguel Ángel Herrera en el último semanario virtual de “Viva la ciudadanía”, haciendo alusión a Gramsci y Luciano Concheiro: “Lo que dicen los mitos es que para hacer la historia hay que vencer el miedo y atreverse a morir ”  Y no hay duda que sí. Se trata de dos muertes, la simbólica y la real. Pero, la primera tiene la ventaja que los seres humanos que la protagonizan continúan con vida. Y si lo pensamos en términos colectivos, con Gramsci, y con quienes lo antecedieron en el pensamiento socialista y comunista, es requisito darle muerte a lo viejo, y a lo que ha probado ser ineficaz e inidentificable por las multitudes subalternas.” Y añade: “A contrapelo del socialismo proclamado, la gente de a pie, pienso que interioriza más el verdadero sentido de la democracia, y recupera la marcha de la revolución democrática, dispuesta y hecha de la pluralidad de los grupos y los pensamientos emancipatorios.”

Quiero hacer hincapié en lo que el autor llama “la gente de a pie”, es decir, el ciudadano común y corriente, aquel que no ha tenido la posibilidad de acceder a una formación académica ni siquiera de Educación Media, y que los teóricos, los expertos, los que se mueven  en el mundo de las letras sin contacto alguno con el vulgo, desconocen en absoluto sus necesidades, sus expectativas, sus anhelos, sus sueños. Es decir, por un lado va la teoría y por otro lado la realidad. Porque seguimos aferrados a teorías que dieron cuenta del mundo en el siglo XIX y hoy, la realidad ha cambiado.