15 de abril de 2021
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Crece la audiencia sobre la «doctoritis»

28 de abril de 2016
28 de abril de 2016

el campanario

El Campanario ha tenido acceso a un cruce de correos entre el economista Guillermo León Velásquez, el ex alcalde de Bello (la segunda ciudad de Antioquia), y el filólogo santandereano Jairo Cala Otero, el muy leído y consultado defensor del idioma castellano.

Los dos caballeros se suman a través de sus plumas al debate nacional que ha generado el sarampión de la “doctoritis” que puso en evidencia, por la vía de la falsedad, al alcalde mayor de Bogotá, Enrique Peñalosa, escaso de diplomas como su antecesor, Gustavo Petro.

POR FAVOR, NO ME LLAMEN DOCTOR, NI SEÑOR

Es del siguiente tenor el pronunciamiento de Velásquez Cardona, desde Medellín:

Respetado profesor Cala:

La doctoritis comenzó con la proliferacion de Universidades de tablero y tiza y cuando volvieron la educación un lucrativo negocio con la invención de los Pregrados, Grados, Phd, Magiste y Doctorados que no son más que unos cursos de dos semestres sobre lo mismo y a unos costos astronómicos.

Hasta 1968 las pocas universidades que había, otorgaban títulos de doctor en varias carreras así: doctor en derecho y ciencias políticas, doctor en ciencias económicas, doctor en filososfía y letras etc. Curiosamente, a los médicos les otorgaban título de médico-      cirujano.

El titulo de doctor lo sinvergüenciaron los lagartos a quienes por el sólo hecho de usar corbata, les decían doctor, otros que si  había pasado por la Universidad sin aprender nada, exigían que los llamaran doctores y se firmaban doctor fulano de tal.

Peor está pasando con el título de señor; en los medios de comunicación se habla del señor Timockenco, el Señor Marquitos Calarcá, el Señor Mancuso, el señor don Berna, el señor Iván Márquez y muchos «señores» más. A mí ya no me gusta que me digan doctor ni señor.

Cordial saludo

Guillermo León Velásquez C.

LA RESPUESTA DEL PROFESOR CALA OTERO

Respetable señor Velásquez:

Su comentario no solamente tiene la impronta de la verdad, sino que viene a constituirse en una pieza más para seguir escribiendo sobre ese mal endémico de muchos connacionales: la «doctoritis». Por tal razón le solicito autorización para incluir ese apunte en un próximo artículo que escribiré sobre ese tema, que, según puedo deducir de otros comentarios que he recibido, ha despertado inusitado interés entre muchos compatriotas.

Lo exhorto a seguir contribuyendo al fortalecimiento de la cruzada contra la «doctoritis», y a remarcar la dignidad que concede el apelativo señor, con la única excepción que usted, con acierto,también señala en su comentario.

Y le presento mis disculpas por contravenir una de sus reglas, pues al principio de esta nota lo llamé señor. Pero aun así me reafirmo en ese vocablo, ¡porque no me cabe duda de que usted es un señor!

Amigablemente.

 

JAIRO CALA OTERO

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