11 de abril de 2021
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Como la cola de la lagartija

4 de abril de 2016
Por Óscar Tulio Lizcano
Por Óscar Tulio Lizcano
4 de abril de 2016

Óscar Tulio Lizcano

Oscar Tulio Lizcano¡Qué desconsuelo! Panfletos e intimidaciones de la banda criminal Autodefensas Gaitanistas de Colombia originaron el paro armado que afectó esta semana no solo la tranquilidad de varias regiones de Antioquia, sino también la economía y el orden público. Inermes, comerciantes cerraron sus negocios, conductores pararon sus vehículos y hasta algunas escuelas y hospitales cerraron sus puertas.

La orden de paro se hizo una bola de nieve en corto tiempo. Sorprende con impotencia y rabia tener que cumplir las órdenes de estos criminales, para poder preservar la vida. Con dolor de patria se comprueba más la poca confiabilidad del ciudadano en el Estado, un Estado que cuenta con una de las instituciones armadas más numerosa de América Latina. Este paro, según señalaron en un comunicado esos criminales, busca legitimar políticamente su actividad ilegal, exigiendo del Gobierno una negociación de paz.Está claro que el objetivo de esta intimidación es crear las condiciones para obtener beneficios de la justicia colombiana. Como con el proceso de los paramilitares, la fracasada ley de justicia y paz permitió que muchos de ellos hoy estén libres. Ahora un nuevo proceso con las Farcy el ELN inicia.

Los criminales, en ese contexto, han de considerar que mediante las mismas formas de lucha y buscando reivindicaciones políticas, van a lograr sentarse enuna mesa para dialogar sobre el principio de “igual razón, igual derecho”. La situación es muy compleja dada la carencia de una política contundente del Estado, la falta de credibilidad en la justicia colombiana y los terribles niveles de corrupción.

Se vio en el paro armado: un territorio sin Estado, hasta las alcaldías cerraron sus puertas y la Fuerza Pública indirectamente contribuyó al juego criminal, pues no permitía el paso vehicular de un municipio a otro, advirtiendoa los ciudadanos que no corrieran riesgos y que no estaban en condiciones de garantizar la seguridad.

Denuncias concretas se escucharon en los medios de comunicación. Y de la institucionalidad se escuchó la voz del ministro de Defensa, resignando a decir que “había total normalidad en las capitales del país”. Como si esas otras regiones fueran otra Colombia. El fenómeno de los grupos ilegales es como la cola de las lagartijas, que cuando se cortan les crecen nuevamente.

Colombia sigue siendo uno de los países más desiguales del mundo, con altos niveles de corrupción y falta de oportunidades. Es un caldo de cultivo para que estas bandas criminales ganen fuerza. Si a eso le sumamos las generosas arcas del narcotráfico, será un problema de nunca acabar. Es más, sus finanzas están mejor que nunca, con el actual precio del dólar. Como si fuera poco, la producción de coca ha crecido en 44 % con relación al 2014, con un incremento en el precio de un mil por ciento.

Compleja situación que vive Colombia. ¿Qué debemos hacer con criminales que intimidan a un país y paralizan a una de las regiones más importantes para la economía colombiana? De ninguna manera, señores gobernantes, será quedarnos inermes viendo cómo le vuelve a crecer la cola a la lagartija. El Colombiano.