15 de abril de 2021
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Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

LAS VOCES DE LA DESEPERANZA

23 de marzo de 2016

El panorama que vive el país en estos momentos, sin duda alguna es de una gravedad enorme. Los niveles de corrupción que se pueden observar en todos los campos, a saber, la salud, los suplementos alimentarios que maneja el Ministerio de Educación, la descomposición en las altas Cortes, los sobrecostos en obras como el caso de Reficar y en fin, por donde se mire, produce desazón.

Sin embargo, como decía la premio nobel de neurología, Rita Levi Montalcini, a lo largo de los últimos cientos de años la humanidad no da muchas muestras de mejoría en lo que tiene que ver con la construcción de una sociedad que permita una convivencia armónica. Pero por lo mismo, de ninguna manera podemos renunciar a que el mañana sea mejor, que podamos corregir errores y que el espíritu de solidaridad se consolide entre los seres humanos. Para ello hay que trabajar, para ello es necesario sembrar de manera permanente la semilla en el hogar, en los centros educativos y abonar de manera permanente para que pueda crecer este espíritu tan esquivo en la actualidad, de la ética.

Por ello, sorprende el discurso del doctor Fernando Londoño cuando de una manera ciega descalifica los diálogos de paz y de inmediato compara a Colombia con lo que se vive actualmente en nuestra vecina Venezuela, esgrimiendo como argumento el fantasma del comunismo. Porque nada tiene que ver una cosa con otra. Nada tiene que ver lo que se vive en Venezuela o en Cuba o lo que ocurrió en la Unión Soviética, con el panorama que se avecina para Colombia en el caso de llegarse a firmar un acuerdo de paz entre la guerrilla y el gobierno. Porque lo primero que hay que decir es que se deberán tomar una serie de medidas en lo que tiene que ver con la distribución de la tierra, la inversión en el agro para los sectores campesinos más necesitados y es quizás este el punto que más aterra al doctor Londoño y todos los terratenientes que acaparan la inmensa mayoría de las tierras en el país. Si bien lo que muestra el comunismo en la Unión Soviética, en Alemania, en Cuba, en Venezuela es un estruendoso fracaso, tampoco podemos decir que un capitalismo cerrero en donde importa mucho la libertad pero poco la igualdad o la equidad, ha logrado consolidar unos procesos de vida humana con calidad sino para un reducido número de sus integrantes. La prueba la ha dado el joven francés que ha publicado recientemente lo que podríamos llamar la nueva versión del  Capitalismo en donde pone al desnudo que una ínfima minoría acapara la mayor parte de la  riqueza del Planeta. Por lo mismo hablar de promedios cuando tanta diferencia, es bueno para la propaganda capitalista pero no para describir la realidad que vivimos.

Necesitamos más acción y menos maldición.