18 de abril de 2021
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Hoy me condenaron al fuego eterno del infierno

23 de marzo de 2016
23 de marzo de 2016

Iglesia Palermo

Por: María Teresa Peñaloza
Periodista y vecina del barrio Palermo de Manizales

Soy vecina de la Parroquia de Nuestra Señora del Sagrado Corazón del barrio Palermo de Manizales y una feligrés  con voz débil que clama en el desierto en protesta por el exceso ruido que producen los altoparlantes de la iglesia para llamar a misa, los cuales fueron silenciados hace tres semanas por la Secretaría del Medio Ambiente de la Alcaldía de este municipio.

Por estar de acuerdo con esa medida, algunos feligreses de esta parroquia me condenaron al fuego eterno del infierno. Esta es la historia: Vivo en este barrio, y exactamente en frente de la iglesia, hace 35 años. Han cambiado de párroco durante este tiempo, unas cuatro veces. Como no quiero personalizar, omito sus nombres pero no los hechos. A cada uno de ellos les manifesté personalmente, la incomodidad para nosotros sus vecinos, que causan los  parlantes cornetas que utiliza la parroquia para llamar a misa, por el exceso de volumen. Nunca hicieron caso de mi voz débil que clamaba silencio. Por qué de mi solicitud?  Porque vivo enfrente de esa iglesia y el sonido que producen esos parlantes, que son cuatro, invaden mi intimidad hasta el punto que si escucho música, o veo la televisión o escucho las noticias en la radio, los dichosos parlantes opacan el sonido de lo que en ese momento estoy oyendo. Además, mis oídos retumban, siento un corrientazo que recorre toda mi espina dorsal hasta estallar en mi cerebro. No me molesta suenan a las 6:30 de la mañana, a las 11: 30 de la mañana, o las 5: 30 de la tarde, o 6:30 de la tarde o a las 7:30 de la tarde para llamar a las misas de las horas en punto después de esa media hora en que repican, no las campanas, sino los parlantes  a todo volumen. Me molesta porque ese ruido ensordecedor invade toda mi casa, todo mi cuerpo y ensordece mis débiles oídos.

Iglesia de Palermo uno de sus costadosPero no sólo a mí me mortifican los parlantes, también a mis vecinos, sólo que ellos no han querido sumarse a mi protesta porque tienen temor. Hace un mes, antes de que unos vecinos valientes pusieran la queja formal ante la Secretaría del Medio Ambiente, y que de haberlo sabido me hubiera sumado a esa queja, hablé con el párroco para solicitarle con mucho respeto que bajara el volumen de los parlantes cornetas para llamar a misa y de los ocho parlantes que tiene dentro del templo para oficiar el acto religioso. Debo aclarar que durante la celebración de casi todas las misas hay un cantante con un instrumento  musical eléctrioa que conecta a otro altavoz que se suma a los ocho ya descritos. Desde mi casa, no sólo escucho las llamadas a misa, sino soporto estoicamente todas las celebraciones hasta el punto de contestar los Ave María!!! Así se lo di a entender al párroco el día que hablé con él hace un mes. Me contestó que haría lo posible para bajar el volumen. Nada hizo hasta el día en que lo silenciaron.

Llamaba por teléfono a la parroquia solicitando comedidamente que bajaran el volumen de las misas, y sólo recibía insultos de las personas que me contestaban el teléfono: ¡Usted sí que molesta! Es la única persona que se queja, cámbiese de barrio!!

Hoy trascendió en las noticias el silencio de los parlantes, mal llamadas campanas, de la parroquia de Palermo. Varios medios de comunicación se hicieron presentes para entrevistar al párroco y a los feligreses que estaban ante las puertas de la iglesia en ese momento, entre ellos, yo. Cuando me abordaron los periodistas, les di a conocer mi molestia, según el relato que acabo de comentar en este escrito. Para mi sorpresa, algunos feligreses allí presentes, me abordaron con agresividad verbal: me echaron del barrio, me calificaron de ir en contra de la fe religiosa, de atentar contra la libertad de culto, y hasta tuvieron el descaro de preguntarme si yo era católica. Y para colmo, me mandaron arder al fuego eterno del infierno.

Los que protestan en contra del ruido que produce, o producía esa iglesia, no viven a su alrededor, no entienden que el alto volumen atenta contra la intimidad, la salud auditiva y la contaminación ambiental, y tampoco entienden o no saben del código del buen vecino. Además, Dios, o Jesucristo no invitan a la oración y al recogimiento con gritos, ni con parlantes cornetas. Para el recogimiento y la oración se necesita del silencio, en el que me encuentro gozando ahora que callaron los parlantes de la parroquia del Nuestra Señora del Sagrado Corazón, ubicada en el barrio Palermo de Manizales.

Iglesia de Palermo misa marzo 23 de 016
En la Parroquia Nuestra Señora del Sagrado Corazón de Jesús de Palermo el sacerdote celebró a las 6 y 30 de la mañana de este miércoles santo la primera misa.

Para un mayor entendimiento del tema, agrego en esta nota algunos conceptos de la Corte Constitucional:

 La periodicidad de las emisiones de ruido relacionada con la expresión de ritos religiosos, la hora en que se producen, los medios empleados en la celebración, el lugar y la intensidad sonora, constituyen  un conjunto de elementos relevantes para establecer si el ejercicio de la libertad de cultos y de religión, puede llegar a ser desproporcionado e implica la interferencia indebida en derechos ajenos de terceros; o por el contrario, resulta ser un ejercicio cuya expresión se concilia en debida forma con el ejercicio simultáneo de los derechos fundamentales de otras personas[48]. Dado que el ruido producido  con la manifestación personal o colectiva de un credo puede llegar a perturbar derechos de terceros y ser un factor que trastorne la tranquilidad, la intimidad  e incluso a largo plazo, la salud y vida de las personas que se ven constantemente expuestas a un desequilibrio del medio ambiente circundante o de sus jornadas de sueño y de descanso, la Corte Constitucional ha reconocido que la realización de actividades de expresión de un credo – cantos, palmas y prédicas, con el apoyo de instrumentos musicales y equipos de sonido -, puede afectar  el descanso de algunos ciudadanos e incidir en su intimidad[49].

3.4. La jurisprudencia constitucional relacionada con los conflictos entre el derecho a la libertad de cultos y el derecho a la intimidad.3.4.1. La Corte Constitucional ha construido desde sus inicios, una nutrida línea jurisprudencial relacionada con el ejercicio de la libertad de cultos (Art. 19 CP) y su relación con otros derechos fundamentales, como  es el caso de los derechos a la tranquilidad y a la intimidad personal y familiar (Art. 15 y 28 CP)[55]. De hecho, ha resuelto situaciones en las que se han presentado graves conflictos entre centros de culto – con ocasión del ruido que generan las prácticas religiosas como los cantos, alabanzas y usos de equipos de amplificación o instrumentos musicales-, amparados por el derecho fundamental al ejercicio de  la libertad de cultos, enfrentado del otro lado, al derecho a la tranquilidad e intimidad de sus vecinos[56]. Tomando en consideración diversos pronunciamientos de esta Corporación  relacionados con este conflicto, se resaltan a continuación algunas reglas jurisprudenciales relevantes para la resolución de casos relacionados con esta tensión entre derechos, así: 

– Frente al conflicto de estos derechos, debe intentarse una solución que no sacrifique el núcleo esencial de ninguno de ellos y que atienda la importancia y la función que cada uno de estos derechos cumple en una sociedad democrática[57]. Lo que procede entonces es armonizar ambos derechos fundamentales, para que los dos sean protegidos. La orden que se imparta no debe intentar establecer la prevalencia de la intimidad sobre la libertad de cultos, sino limitar la actividad sonora de quien la genera en exceso, de tal manera que el ruido emitido no sobrepase el nivel de sonido tolerable[58]. De este modo, toda restricción que apunte a la disminución o terminación  de los encuentros religiosos para reducir al mínimo las presuntas molestias invocadas por alguna persona, es inconstitucional por afectar el núcleo esencial del derecho a la libertad de cultos[59]. 

– Con el propósito entonces de ponderar los derechos en conflicto – intimidad y libertad de cultos -, se impone considerar la periodicidad del ruido, el lugar en el que se encuentra el centro de culto y los medios técnicos utilizados para la expresión de las prácticas religiosas[60]. En el análisis del caso, deben distinguirse en consecuencia, entre los ruidos evitables y aquellos que resultan inevitables. Frente a los primeros, opera con toda su fuerza el derecho a la intimidad personal y familiar, ya que  se protege a las personas de la “la interdicción de ruidos molestos e ilegítimos”[61]. No obstante, como el derecho a la intimidad  tampoco es un derecho absoluto, su protección no implica evitar cualquier ruido posible en la expresión de la libertad de cultos, sino aquellos sonidos que excedan el nivel predeterminado por las autoridades competentes, dado que la vida en sociedad implica soportar cargas razonables[62]. En ese sentido, por ejemplo, la sentencia T-1321 de 2000 (M.P. Martha Sáchica Méndez), concluyó que era abiertamente desproporcionada la restricción impuesta por una autoridad municipal  de limitar por completo los cantos y el uso de instrumentos musicales, en la manifestación de un culto religioso[63]. 

– Las prácticas rituales, en consecuencia, tales como la alabanza y cantos a Dios, están protegidas por la Carta, en tanto que son elementos necesarios de la libertad de cultos. El núcleo esencial de la indicada libertad está constituido precisamente por las posibilidades, no interferidas por entes públicos o privados, de autorizar el testimonio externo de las creencias, en espacios abiertos o cerrados, siempre que al expresar las convicciones espirituales que se profesan, no se cercenen ni amenace los derechos de otros, ni se cause agravio a la comunidad, ni se desconozcan los preceptos mínimos que hacen posible la convivencia social[64]. La utilización de altoparlantes, micrófonos u otros instrumentos que potencian la expansión sonora, como medios para difundir la religión, pueden derivar en actos intrusivos en la intimidad de las demás personas, si las circunstancias de tiempo, modo y lugar en que se produce la emisión del mensaje obliga a los individuos,  a ser receptores involuntarios[65] del mismo. 

– La medición del ruido, además, puede ser decisiva para establecer si existe un ejercicio abusivo del derecho a la libertad de cultos, ya que un nivel de ruido que sobrepase los niveles autorizados por la ley, puede impedir el libre desenvolvimiento de la vida privada y constituye por lo tanto, una injerencia arbitraria que vulnera el derecho a la intimidad personal y familiar. De ahí que constituya un uso abusivo de la libertad de cultos, un ejercicio de ese derecho que produzca ruido por fuera de los parámetros normativos máximos[66] establecidos en la ley.”[67] 

No obstante, las restricciones a la utilización concreta de medios técnicos de los cultos en la práctica, deben cumplir tres requisitos desde la perspectiva de una eventual limitación: (1) deben ser neutrales o independientes del contenido del culto; (2) deben servir a la protección de un valor o interés constitucional significativo; (3) deben dejar alternativas viables para la divulgación del mensaje. En suma, las restricciones a los medios,  no pueden ser una censura “instigada por quienes no comparten una fe o creencia” religiosa.[68] 

– En cuanto al lugar de celebración del culto, debe considerarse si se trata de un foro público o privado. Si dicha emisión se realiza en un “foro público”, esto es, calles, parques y plazas públicas,  “está excluido por definición el derecho a no ser forzado a escuchar o a ver lo que allí se dice o muestra”. Si el foro es privado se justifican las restricciones, siempre que no constituyan una interferencia sustancial del proceso de comunicación del culto[69]. 

– Por otra parte, la periodicidad y el grado de perturbación por ruido pueden significar claramente un ejercicio abusivo del derecho. En la sentencia T-172 de 1999 (M.P. Alejandro Martínez Caballero), se dijo que “constituye un abuso del derecho de la mencionada congregación religiosa, y directamente de quien la dirige, (…) el ruido de  70 u 80 personas cantando y aplaudiendo en diferentes horas del día y aún en horas de la noche, acompañadas por un tambor y una guacharaca, cinco días a la semana, en un barrio residencial y con una evidente injerencia en la  vida de los vecinos tal como se deduce del acervo probatorio, [lo que]constituye una situación contraria a las expectativas legales y a los derechos de los demás[70]”. 

– La decisión de  una comunidad religiosa de radicarse en una zona de la ciudad calificada con un uso restrictivo del suelo, incide igualmente en el ejercicio del culto, ya que la escogencia  de un lugar  específico queda sujeta a la regulación urbanística y sanitaria establecida para ese sector. La posibilidad de fijar la sede en una zona menos limitada, permite un ejercicio más amplio de los derechos fundamentales[71].

Iglesia Palermo foto una
Los feligreses fueron entrando a cuenta gotas a la iglesia de Palermo en la mañana de este miércoes santo para asistir a la misa matinal.