11 de abril de 2021
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A propósito del Día de la Mujer

20 de marzo de 2016
Por Diego Franco Molina
Por Diego Franco Molina
20 de marzo de 2016

Diego Franco Molina 

Franco Diego cuatroEl tránsito de las mujeres por la historia no ha sido fácil. El desconocimiento de sus potencialidadades y de su integralidad ha atravesado diferentes etapas desde épocas donde era tratada como un objeto, una incapaz, discriminada, hasta alcanzar ser considerada mujer de la casa, definida como la que cuida con esmero el gobierno del hogar. Hoy ha logrado nuevos espacios que le permiten competir y compartir con el hombre iguales oportunidades en el mundo de los negocios, del trabajo, de la administración.

Para obtener este reconocimiento en justicia, han  debido luchar en pro de que se le reivindiquen sus derechos. Acá es menester hacer un repaso al pasado. Desde la Grecia antigua, donde los hombres decidían sobre la Polis ajenos a las mujeres y esclavos quienes por no tener la calidad de ciudadanos no podían determinar su destino, pasando por la edad media, cuando la mujer hacía parte de las propiedades que se mercadeaban, pues eran consideradas seres sin alma y sin razón, su papel se reducía a ser hembras y madres sometidas; en la Revolución Francesa donde se proclamaron los derechos del hombre, se ignoró a las mujeres como actoras claves en dicho proceso. Este legado ha contribuido a que la Sociedad Industrial considere a la mujer como objeto, como propiedad privada, ciudadana de segunda clase, trabajadora explotada y de doble jornada, maltratada y expuesta a múltiples formas de violencia y acoso.

Sin embargo los siglos XIX y XX han sido el escenario donde los grupos que habían quedado excluidos de la ciudadanía lucharon por sus derechos. Pero la consecución del voto, los derechos civiles, políticos y económicos, no ha significado que tengan las mismas posibilidades en la práctica para poder ejercerlos. El ejercicio de la ciudadanía no tiene el mismo valor y significado para los distintos ciudadanos y ciudadanas; pues la clase social, la etnia y el sexo generan desigualdades que no habían podido ser resueltas por la formulación de marcos jurídicos igualitarios.

En este marco de inequidad histórica, las mal llamadas representantes del “sexo débil”, han luchado en defensa de sus derechos. Ya a las puertas del tercer milenio, la mujer está ejerciendo el liderazgo que durante muchos siglos le fue negado, actuando con mayor libertad y dejando de lado al machismo, que ellas mismas propiciaban.

Hoy protagonizan un cambio revolucionario ante la mentalización de sus capacidades y fortalezas que, por su naturaleza, ponen de cara frente al sexo fuerte, cambio que se ha desarrollado en los últimos años en una paciente y callada labor de preparación y constante lucha en procura de espacios, que conquista permanentemente y con mayor competencia y entrega, en su constante afán de buscar sus derechos, de actuar en condiciones, reales de equidad y respeto, de participar y de ejercer la ciudadanía, circunstancia que las ha llevado a conocer sus responsabilidades frente a la sociedad, sus compromisos frente a los demás seres con quienes comparten su mundo y a dejar de lado prejuicios, costumbres y formas de discriminación, por otras formas de relación que están contribuyendo a las transformación social.

Hoy cuando las democracias parecen consolidarse y existen principios de igualdad jurídica entre las personas, la participación de la sociedad civil en general y de las mujeres en particular en procesos de desarrollo, es bien importante; en el caso colombiano normas Constitucionales dan soporte a estas nuevas circunstancias. Concretamente los artículos 13 y 43 establecen la igualdad ante la ley y que no permitirán discriminaciones por razón de sexo, así como igual debe ser el trato, las protecciones, las libertades y las oportunidades. Las mujeres colombianas han participado de la historia social, económica y política del país; desde las mismas luchas de la independencia, su presencia en la vida nacional nunca había sido tan visible como en las últimas décadas. El camino que han debido recorrer ha sido particularmente intransitable, debiendo ganar en franca lid y hombro a hombro mayores cuotas de participación, motivadas por los movimientos feministas.

Ya pasaron las épocas en que las mujeres eran una minoría en la fuerza laboral, rompiendo el viejo esquema de la dependencia, mas sin embargo no podemos tapar el sol con los dedos. Sabemos que en Colombia los diagnósticos coinciden en que los índices de pobreza, desempleo, nivel salarial y desprotección en materia de salud son más graves en las mujeres que en los hombres. Lo que pasa es que ellas han aguantado más, son más resilentes  en medio de una sociedad que les ha sido injusta, han encontrado incompatibilidad entre su actividad laboral y la crianza de sus hijos, en un camino de lleno de dificultades y obstáculos donde sólo se les preparaba para atender lo cotidiano. Sin embargo han seguido adelante, firmes en su propósito de superarse y profesionalizarse. Hoy han demostrado su gran capacidad para asumir iguales obligaciones con semejantes o mayores rendimientos; a mí personalmente me agrada trabajar con ellas, por el alto concepto que tienen de la responsabilidad, de la honestidad, de la lealtad, además por su mayor compromiso con las labores que asumen.

En los últimos años se ha comenzado a dar pasos importantes en procura de la igualdad, sobretodo en el ámbito de la política.

En las elecciones locales de octubre de 2015 se implementó por tercera vez la cuota de género desarrollada por la Ley 1475 de 2011. Esta norma, siguiendo el ejemplo de 100 países en el mundo, ordenó la inclusión de por lo menos un 30% de los dos géneros en las listas de candidaturas a coporaciones en las que se disputen cinco escaños o más. Este mandato únicamente aplica para cargos colegiados, es decir, aquellos que estén formados por varias personas, como ocurre con las asambleas, concejos, juntas administradoras locales y Congreso.

La reforma Constitucional de 2015 (Acto Legislativo 02), conocida como Reforma de Equilibrio de Poderes, estableció los principios de PARIDAD, que indica que el 50% de integrantes en todos los espacios de participación ciudadana deben ser mujeres; UNIVERSALIDAD, que ordena la aplicación de la cuota de género en todas las corporaciones colegiadas sin tener en cuenta el número de curules; y ALTERNANCIA, según el cual las listas de los partidos y movimientos políticos deben organizarse siguiendo el orden hombre- mujer-hombre-mujer, etc. Estos principios constitucionales deben ser reglamentados a través de la aprobación de una ley estatutaria que establezca su implementación progresiva.

La consolidación de la paz y de un eventual escenario de postacuerdo, requiere ante todo del fortalecimiento de la democracia a través de la inclusión paritaria de las mujeres en los espacios de toma de decisión. El liderazgo de las mujeres, su talento, son elementos clave para la paz, la democracia y el desarrollo. Al respecto es necesario, más allá de la aplicación de la cuota de género, avanzar en la aprobación de una ley estatutaria que reglamente los principios de paridad, alternancia y universalidad que se incluyeron en la reciente Reforma Constitucional.

Las mujeres en Colombia son más de la mitad de la población y son, además, el mayor número de quienes egresan de las universidades cada año. Su liderazgo y participación política son fundamentales para fortalecer la democracia, el desarrollo y la paz en Colombia, no solo porque las mujeres tienen igualdad de derechos, liderazgo y talento, sino además porque las agendas de igualdad son un beneficio para toda la sociedad. El talento de las mujeres es fundamental para mejorar el país. Su rol de liderazgo contribuirá a fortalecerlo desde las regiones y a construir una Colombia más equitativa, incluyente e igualitaria. Es fundamental que las instituciones del Estado fortalezcan su trabajo para contrarrestar la persistencia de estereotipos discriminatorios que dificultan la participación de las mujeres en política, y que los asuntos de igualdad de género y de derechos de las mujeres sean prioritarios como asuntos de Estado.

En el caso concreto del Ministerio de Trabajo, conjuntamente con la Alta Consejería para la Equidad de la mujer, estamos promocionando ante las empresas la certificación del “Sello Equipares  de equidad laboral”, al amparo del Decreto 4463 de 2011, que consiste en una herramienta de transformación cultural y organizacional, que busca impactar los esquemas internos de las empresas para eliminar las desigualdades, los desequilibrios salariales y demás barreras y brechas de género que existen en materia laboral. Es un Sistema de Gestión que nos ayudan a construir un país más equitativo, con empleos dignos, decentes y de calidad. En consecuencia la inclusión justa y equitativa de la mujer en el mercado laboral no es sólo una cuestión de derechos, es una herramienta de desarrollo económico y social que nos beneficia a todos.

Los espacios alcanzados por la mujer, la motivan en su permanente carrera por consolidar una sociedad fortalecida por el logro de la equidad entre géneros, para lograr las condiciones de crecimiento que las actuales circunstancias exigen, como fundamento de una sociedad más justa, donde la mujer tenga un lugar preponderante en la vida nacional.

A pesar de los obstáculos de la vida cotidiana, cada vez las mujeres conquistan espacios de mayor responsabilidad en el mundo laboral; merced a su grado de desempeño, la calidad de sus tareas y su nivel de preparación lo que les permite tener las competencias para asumir en nuestra sociedad un rol más activo y participativo, con mayor compromiso y liderazgo.

Director Territorial Caldas