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Nos pusieron a prueba

22 de febrero de 2016
Por Nicolás Aguilar
Por Nicolás Aguilar
22 de febrero de 2016

Nicolás Aguilar

Nicolas aguilar columnaEn días pasados la guerrilla de las FARC realizó todo un despliegue proselitista en Conejo, La Guajira. Llamó la atención antes que nada lo sorpresivo y poco anunciado del asunto que entre sus muchos atropellos tuvo la presencia de negociadores guerrilleros de los que están en La Habana. Estos individuos que han cometido probadamente delitos como terrorismo, homicidio, secuestro, narcotráfico, reclutamiento de menores, y se extiende la lista… hoy se pasean por el país sin dificultad, como si fueran héroes o como si el país tuviera que agradecerles lo que han hecho. El mensaje tiene más de fondo que de forma, y a mi parecer, el Gobierno Santos puso a prueba la paciencia de los colombianos.

¿Quién no quiere la paz? Tal vez quienes han demostrado no quererla son aquellos que hoy vacacionan desde Cuba, mantienen sus armas y durante los últimos años han optimizado su principal actividad económica, el narcotráfico. La paz es un anhelo basado en la idea de que la sociedad tenga la tranquilidad y las garantías de ofrecer una vida acorde y propicia a los sueños y proyectos que las personas quieran trazar en su tiempo; la paz es un estado que se llena cuando no sucede lo contrario, que en la mayor parte de los casos es la guerra; la paz es confiar, creer, y tener la seguridad de que ninguna variable negativa ajena a nuestras intenciones va a aparecer.

Decir que Colombia va por el camino de la paz es un absurdo. Perdonar no es malo, y permitir que quienes se hayan equivocado en sus decisiones y actuaciones se reincorporen a la vida civil y legal está muy bien, que aceptar que por la manera como han actuado y la dimensión de sus actos se deba considerar un asunto de diferente trato, es objetivo, pero lo que no se puede permitir es que se abuse de la ley, de la justicia y mucho menos de la memoria de las víctimas. El proceso de La Habana nació cojo, lo que primero se debió solicitar era que los ilegales demostraran sus supuestas intenciones de paz, no lo contrario, pues lo que se hizo fue que el Gobierno (nuestro representante) demostrara su debilidad y permisividad. ¿Paz a toda costa? Eso no es paz, y de esa manera los ilegales arrinconaron al gobierno, se robaron la agenda del país y saben que lo que pidan “os les será concedido”, y han pasado muchas cosas, abusos que hacen doler a la patria, pero pongámonos en el presente, y abordemos lo de Conejo.

Ver a los guerrilleros induciendo políticamente a los ciudadanos legales, es como ver a un grupo de violadores dando campaña de educación sexual en un colegio ¿Qué de diferente tiene? Aplica perfectamente.

Colombia y los colombianos le responden en su mayoría a la ley. Eel esfuerzo de cada ciudadano al superar dificultades, trabajar por su manutención, por la de sus familias, el querer prosperar y tener un mejor futuro no puede ser golpeado al darle luces a unos delincuentes que no solo no quiere responder a la justicia sino que además quieren una remuneración económica.  Qué sentido tendrá para los colombianos seguir pensando en estudiar, trabajar, respetar el estado, si hay otros caminos más fáciles… ya nos paso con el narcotráfico, y a pesar de castigarlo hoy sigue siendo una puerta en la que muchos ingresan porque a pesar de ser ilegal deja rápidamente rendimientos económicos. Cómo será entonces con un camino que, a diferencia del narcotráfico, no se castiga ¿Esto trae paz o aumenta la violencia?

El gobierno retó a los ciudadanos permitiendo que los guerrilleros asistieran con tranquilidad y libertad a Conejo, La Guajira, lo interpretó como un mensaje que dice –A pesar de los desgastes del proceso en La Habana, y los abusos cometidos, los ciudadanos seguirán aguantando, porque quieren paz. Y Claro que los colombianos queremos la paz, y que más hubiéramos querido que las FARC efectivamente hubieran terminado sus actuaciones en contra del país, pero ahí siguen, y ahora que fueron a Conejo, repartieron sus volantes promoviendo el Socialismo, hablando de que son el ejercito del pueblo, y nadie dijo nada contundente. Van a seguir haciéndolo en otros lugares.  Ya verán.

¿El ejercito del pueblo? Llos que secuestran, torturan, matan y desplazan, ellos en verdad se hacen llamar el ejercito del pueblo y no se sonrojan… así es, no se sonrojan en lo más mínimo, ni lo harán, y como saben que tienen todo el poder frente al gobierno seguirán abusando y seguirán avanzando en su carrera de buscar el poder ¿Cómo será Colombia gobernada por las FARC?, y si los ciudadanos no nos expresamos, pues con seguridad el gobierno no nos va a seguir retando, sino que va a hacer realidad esta idea de que las FARC sean una fuerza legal, y ya veremos las consecuencias. Hoy podemos actuar, mañana, ya no.