14 de abril de 2021
Directores
Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

LO QUE EMPIEZA MAL…

26 de febrero de 2016

Luego de más de un mes de debates, reuniones y muchísimos reclamos de ciudadanos, el Ministerio del Transporte tuvo que echar para atrás las tablas para liquidación de impuestos de los carros usados, aunque hasta último momento trató de sostener –de una manera que bien merece el calificativo de caprichosa– la validez de su primera propuesta basada en un trabajo de investigación de la firma Datasoft, cuya idoneidad al menos en el tema del mercado de los vehículos no fue la adecuada. De esto hoy no queda duda.

La persistencia del Ministerio conllevó una serie de perjuicios en el recaudo del tributo, pues los traspasos quedaron paralizados y ahora viene la cadena de reclamos de quienes tuvieron que cancelar al tenor de las tablas erradas y deben proceder a una engorrosa e incierta tarea de devolución. Esa misma causal ha sido un freno enorme para la venta de vehículos nuevos, pues en la mayoría de esas negociaciones está de por medio la entrega de un usado en parte de pago y hasta tanto no aparezcan los traspasos consolidados las financieras no desembolsan los préstamos, por lo cual se desaceleró toda la cadena. Escollo cuando menos inoportuno en un momento en el que el consumo interno debe mantenerse dinámico para ayudar a que no sea tan fuerte la merma en el crecimiento económico.

El caso es que las secretarías de Hacienda locales también sufrieron graves perjuicios, pues su recaudo se detuvo y les tomará tiempo actualizar sus bases de datos y los sistemas para acomodar el pago automático y las liquidaciones sugeridas a los usuarios de acuerdo con los nuevos valores.

Las famosas y en buena parte inútiles doce mil y pico referencias que ahora tiene la tabla, a pesar de los ajustes y revisiones, siguen con inconsistencias, como es de suponerlo en un listado de esa complejidad, según los primeros reportes de los usuarios que las han indagado. Y es imperdonable, no obstante las múltiples advertencias de los gremios consultados, que sigan sin contemplar los avalúos para los autos que tienen papeles del 2016, pero que fueron vendidos y operan desde el 2015 con la consabida depreciación que les corresponde. Esta corrección puede generar una nueva revisión de todos los valores.

La reflexión de fondo es si un impuesto de esta incidencia, que cobija a más de seis millones de propietarios, se puede seguir manejando a dedo y discreción del grupo de funcionarios que esté en el momento en el Ministerio.

Se necesita una base técnica, consistente y constante que funcione de manera automática, que respete la depreciación que tiene un bien de consumo como el automóvil y que no se calibre con factores caprichosos y de bolsillo, como el IPC u otro que le quieran acomodar anualmente.

El Ministerio está saliendo a tumbos de este mal paso, pero tiene que  evitar que esto vuelva a suceder en noviembre próximo. Debe fijar unas políticas claras, técnicas y reales, para lo cual necesita asesorarse debidamente, pues su grupo de trabajo interno y los acompañantes, en esta ocasión, improvisaron y fallaron de manera flagrante en un campo en el que, sobre todo en este momento, el margen de improvisación debe ser nulo.

EDITORIAL/EL TIEMPO