12 de abril de 2021
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Un 2016 esperanzador para todos

1 de enero de 2016
Por Augusto León Restrepo
Por Augusto León Restrepo
1 de enero de 2016

A VUELAPLUMA

augusto leon restrepo

¡Eso.¡Eso!.¡Eso!. Ojalá que a cada documento que contiene lo acordado en la Mesa de La Habana, se le haga el foro como el que presenciamos, en el que cada quien saca a relucir al Abogado, al Politólogo que lleva por dentro y al ciudadano preocupado que asume los complejos tiempos que le tocó vivir con sus problemas pero también con sus soluciones. Y sin que lo maten por lo que piense. Ni que se haga matar, por imponer sus convicciones, porque los cementerios están llenos de héroes sacrificados por causas efímeras, que hoy son y mañana no aparecen. Rememoren los que sacrificaron sus vidas por defender y tratar de establecer por la fuerza el comunismo. Y otras creencias fundamentalistas que si no han desaparecido en su totalidad, están prontas a pasar al museo de antigüedades, salvo el supérstite terrorismo que es lo más demencial y alucinante con que nos han podido castigar a los habitantes contemporáneos del planeta.

Muy bien que se festeje el acuerdo último de la mesa de La Habana. Pero con serenidad y realismo. Todo no está concluido hasta cuando esté concluido. Sin la dejación de armas por parte de las Farc, no podrá haber plebiscito, asamblea constituyente ni nada que se parezca, ni adjudicación de curules para los subversivos que permita que con ellos las reformas y reivindicaciones se puedan poner en práctica, desde el escenario natural que es el Congreso de la República. Que es lo que indica , con obviedad, el criterio político correcto. Porque hay que echar mano de lo obvio, de lo que en apariencia es claro, de las perogrulladas o de los lugares comunes si se quiere, para poder entender lo que se ha obtenido en estos tres años que parecen interminables. En lo de La Habana de lo que se trata es de que un grupo subversivo que nos azota desde hace cincuenta años con el equivocado criterio de que sería posible equilibrar la sociedad, acabar con las inequidades y las diferencias a través de las balas, reconozca que ese expediente no lo justifica nadie en absoluto, en especial en Colombia, donde quienes esgrimieron los argumentos terroristas, son repudiados por el pueblo en una casi que totalidad de opinión, como lo demuestran los sondeos de los últimos veinte años.

Y que se dediquen a echar discursos proselitistas a ver si nos convencen de que el socialismo del siglo XXI es el milagroso maná ideológico que nos conduzca al edén anhelado.Edén que de ninguna manera es el neoliberalismo materialista, que es para los que más ojaldre traguen. Explico: solo los ricos, los que que tienen billete, gozan de las huríes y de la glotonería. La felicidad de los más pobres, que todos los días son más, no es de este mundo. De pronto, la media está en lo que propuso un Papa de Roma, ¿Juan XXIII?: no se trata de que los ricos sean menos ricos; se trata de que los pobres sean menos pobres. Que tradujo el expresidente Alfonso López Michelsen en una frase que le leí o que le oí: no se trata que los del Chicó (barrio clasudo bogotano de la segunda mitad del Siglo XX, para que entiendan mis pocos lectores extranjeros) vivamos como los de Ciudad Bolívar (sector popular bogotano) si no que los de Ciudad Bolívar puedan vivir algún día como los del Chicó.

Obviedades , mi querido Pambelé. Como la de que desarmar por las buenas a grupos terroristas como las Farc y el Eln, que durante cincuenta años han ocupado vastos territorios colombianos sin que nuestras fuerzas armadas institucionales hayan podido doblegarlas, exige el consumo de batracios, no apto para estómagos delicados ni para santanderistas, legalistas y constitucionalistas a ultranza que prefieren pulir unos incisos a costa de la vida de unos combatientes, defensores de unas realidades políticas que no valen un ápice. De una parte, la lucha armada y el terrorismo como mecanismo político reivindicatorio y de la otra, la defensa de una institucionalidad minada por las inequidades sociales, una justicia al garete, unos legisladores ineficientes, unos gobernantes fruto de elecciones compradas y de amañados amancebamientos «programáticos» y unas fuerzas armadas sospechosas o culpables de corrupción y de falsos positivos, inicuos procederes que anatemizan al Estado colombiano.

Obviedades, como la de que hay que tener presente que lo de La Habana no es ni rendición ni entrega por parte de las Farc. Es el resultado de una osada propuesta del Presidente Santos , con los resultados conocidos, al 31 de diciembre del 2015. El primero, de que está en el horizonte el cierre de un conflicto armado de más de cincuenta años. Con toda clase de costos, inaceptables para los ortodoxos de las mas disímiles pelambres. Y para los insensatos. Pero con soluciones colombianas, nuestras, para la hora presente, fruto de un realismo histórico que nos ha de conducir a que LA VIDA, como valor absoluto de la civilización, sea la que impere. Y la gran posibilidad de que a través de la política, sin armas, se logre una sociedad en que quepamos todos. Con el perdón, la tolerancia y la razón, como enseñas. Que, es obvio, no es consecuencia inmediata de la firma de unos papeles en La Habana, sino de la conducta interna y externa de cada quien en busca de la gran utopía universal: la Paz. Un 2016 esperanzador para todos ustedes.