16 de abril de 2021
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Pragmatismo para terminar con esta pesadilla

4 de enero de 2016
Por Óscar Tulio Lizcano
Por Óscar Tulio Lizcano
4 de enero de 2016

Óscar Tulio Lizcano

Oscar Tulio LizcanoLlegó el 2016, un año que trae consigo grandes expectativas para los colombianos. La negociación en La Habana le otorga intensidad y zozobra. Por más de 50 años hemos esperado un cese a la guerra con las Farc y ahora parece que el fin está cerca. Al menos así queremos que ocurra, pues el enfrentamiento entre el Estado y esa guerrilla ha dejado una impronta de dolor incalculable en nuestra sociedad.

Las Farc hace décadas recurren a prácticas terroristas financiadas por el narcotráfico, que han degradado su ideología y el propósito político que dio origen a su lucha. Aun hoy, incluso, la mayoría de los colombianos los siguen considerando unos delincuentes que han sembrado odio y sangre en el país. Así que será muy difícil que esa imagen cambie positivamente.

Pese a lo anterior, no podemos dejar de celebrar que este 2016 arranca con la ilusión de cerrar el conflicto más largo de la historia colombiana; sin desconocer, desde luego, que al mismo tiempo se abrirá un camino lleno de espinas para la reconciliación y el perdón. Pasarán generaciones, pero esperamos lograrlo.

El número de víctimas que esta guerra ha dejado en Colombia es enorme. Es apenas justo que en el año que recién dejamos atrás, estas hayan sido un factor determinante en los diálogos de La Habana. Para muchos de los que hemos sufrido los vejámenes de las Farc, las expectativas de que por fin vamos a conocer la verdad se mantienen vivas.

La verdad es altamente significativa para el acuerdo de paz. Las Farc, a pesar de su torpeza política y terquedad ideológica, han cedido en ese aspecto, aunque inicialmente habían argumentado cínicamente que no dirían la verdad para salvaguardar la dignidad de sus combatientes. Esa verdad también se contrapone con el pánico que deben estar sintiendo aquellos que se han beneficiado de esta cruenta guerra.

Falta mucho por ver, pues el perdón pedido por “Álape” debido a la masacre de Bojayá, y todo lo escrito en el papel, es un tímido asomo de una verdadera voluntad de reparación. Las Farc están en el ojo del huracán de una opinión pública que aun no les cree, que ha vivido durante muchos años inserta en un hostil ambiente de pugnacidad, odios y venganza. El paramilitarismo y sus alianzas con el Estado, además, dejaron cruentas cicatrices.

El año 2015 fue muy duro y, pese a ello, hubo acuerdos determinantes para llegar al lugar donde estamos ahora. Uno de esos acuerdos fue el de las víctimas, que incluye un novedoso sistema de justicia transicional. Este año vienen grandes retos y no será fácil tampoco, porque el Gobierno debe propiciar nuevas normas o reformas constitucionales para implementar los acuerdos.

El 2016 será un año difícil y esperanzador para los colombianos, cansados de esta guerra loca. Altas dosis de pragmatismo necesitaremos —como las del presidente Santos— para ponerle fin a 50 años de guerra y alcanzar eso que hemos soñado: terminar esta larga pesadilla. El Colombiano.