19 de abril de 2021
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La revolución boliviariana y el petróleo

20 de enero de 2016
Por Víctor Zuluaga Gómez
Por Víctor Zuluaga Gómez
20 de enero de 2016

Víctor Zuluaga Gómez

victor zuluagaLa búsqueda afanosa de un sistema económico que no se fundamente en la libre empresa, en la libre oferta y demanda, ha generado esfuerzos en Rusia, en Cuba, en China, y Yugoeslavia y últimamente en países latinoamericanos como Ecuador, Bolivia y Venezuela.

Es, de alguna manera la escogencia entre igualdad y libertad, dos principios que se enarbolaron dentro de la lucha en Francia que desembocó en la Revolución. Se asume un principio dicotómico del todo o nada el blanco o el negro.

La situación que se ha venido presentando en Venezuela entre la llamada Revolución Bolivariana que inauguró Chávez y la oposición, partidaria de un régimen capitalista de libre empresa, pareciera que estuviese destinada a eternizarse en nuestro hermano país.

Si se analiza la situación de la economía cuando se encontraba en el poder Chávez, sin lugar a dudas tendríamos que reconocer que se produjeron una serie de medidas que favorecieron a los sectores más pobres de la población y se trató con mano dura a los inversionistas extranjeros. Eso lo pudo llevar a cabo, sin embargo, cuando el precio del petróleo a nivel internacional alcanzó unas cifras elevadas. Pero desinflado el precio del petróleo, la economía venezolana se vino a pique, porque una reducción del precio del oro negro en un 70%, tiene que producir unas consecuencias desastrosas.

Habría que preguntarse la razón por la cual el modelo de la Revolución Bolivariana no ha podido sortear con eficacia la situación del precio internacional de su principal producto de exportación. Todo indica que hubo dos factores claves en este fracaso: uno, la corrupción que ha venido campeando en las filas de la dirigencia chavista y dos, una política de desarrollo industrial inexistente que ha permitido que Venezuela dependa de manera exclusiva de la venta de su petróleo, pero con un enorme vacío en lo que tiene que ver con su producción industrial nacional. Así incluso lo reconocen algunos analistas económicos que defienden el modelo chavista como  Alfredo Serrano Mancilla, director del Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica, cuando dice:

“He aquí la decisión alrededor de esta pugna entre dos modelos completamente antagónicos e irreconciliables. Del neoliberalismo ya se conoce su libreto, y sus consecuencias. En cambio, la revolución bolivariana hasta el momento nunca había tenido que afrontar sus propias tensiones económicas internas en medio de una gran tempestad externa. Ahí radica el verdadero reto en estos momentos: escaparse de la vía neoliberal al mismo tiempo que se crea una nueva senda económica de respuestas efectivas en el marco del horizonte estratégico trazado por el chavismo.” Y remata diciendo: “Es preciso ordenar lo que se puede producir y lo que no. La Revolución Productiva exige ponerse manos a la obra con los nuevos motores económicos, considerando: a) el verdadero valor agregado que se puede generar internamente, y b) el límite externo impuesto por las cadenas globales de valor. De nada serviría producir nuevos bienes si para ello se acaba importando buena parte del valor agregado.

En síntesis, queda claro que el modelo chavista funciona en época de vacas gordas, es decir, cuando los precios del petróleo permiten subsidiar los productos básicos en sumo grado, lo que ha producido un contrabando enorme de mercancía hacia Colombia y que en gran medida ha provocado las medidas que ha tomado Maduro para la frontera con Colombia.