11 de abril de 2021
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De Ponce es el trono de Manizales

11 de enero de 2016
11 de enero de 2016
Enrique Ponce sale en hombros plaza de toros de manizales efe 10 de enero de 16
Enrique Ponce sale a hombros con El Juli en el cierre de la Feria de Manizales. EFE (foto publicada en El Mundo de España)
Lucas Pérez
El Mundo.es

«Pasarán los años, pasará la vida, y la faena de Ponce se recordará de aquí a la eternidad. La contaremos a los nietos: ‘Yo recuerdo, hijo…’ Y los nietos a los nietos». Así definía Zabala de la Serna en 2006 una soberbia faena de Ponce en la Maestranza en una crónica titulada De Ponce es el trono de Sevilla. Pasados los años, el incombustible Ponce ha generado innumerables cumbres más que contar a esos nietos.

Por ejemplo la de este domingo en Manizales, la sevilla colombiana, una demostración más de magisterio que le valió para llevarse su cuarta Catedral que premia la mejor faena del ciclo.

Se anunciaba el mano a mano con El Juli como un duelo generacional entre dos colosos españoles, entre dos figuras de época ídolos en el país. Y la corrida no pudo empezar mejor.

Salió ‘Cigarrito’ y comenzó a llover: y las gotas se fundieron con una obra sublime de Enrique Ponce para abrir boca. En los lances de recibo, el toro ya mostró su buena condición. Y las chicuelinas ceñidas presagiaron una magna creación.

Suave la apertura con un cambio de mano hasta el más allá, Ponce prosiguió después con esa línea de dulzura. Y la obra rompió en una tercera tanda con un redondo que aún perdura.

Al natural pulseó a ‘Cigarrito’ y cada remate provocó sonoro ole en los tendidos. Como si un domador se tratase, Ponce citó al toro como en dos tiempos. Ahora por aquí, ahora por allá, y el de Ernesto siguió las telas como hipnotizado. Soberbio en redondo, rompió a sonar Feria de Manizales, el pasodoble de las obras sublimes. Una gran estocada dio paso a las dos orejas.

El triunfo inicial de Ponce motivó a El Juli, que se tiró de rodillas para recibir al segundo. Ajustadísimo quite por saltilleras. De hinojos de nuevo en la apertura, rotunda, prosiguió Julián a gran nivel con el toreo en redondo, vertical primero, encadenando muletazos después como si de una ruleta interminable se tratase. Y prosiguió con una arrucina perfecta que hizo sonar también Feria de Manizales. La locura se desató cuando, sin apenas espacio, el madrileño se sacó un muletazo por la espalda. Las arrucinas de epílogo provocaron incluso una leve petición de indulto para Tequilero pero Juli entro a matar. Un pinchazo hondo y dos descabellos dejaron el premio en una oreja.

Más distraído de salida, ‘Banquero’ bajó el nivel de sus hermanos. Genuflexo,Ponce se sacó el toro a los medios y tras una primera tanda en redondo, este éste hizo amagos de rajarse. Ciencia y paciencia. Así logró el valenciano que continuara embistiendo. Profundo al natural. Y encadenados los molinetes antes de que el toro se apagara definitivamente. La espada se llevó el premio.

‘Timonero’, que hizo cuarto, se resistía a embestir a la muleta de El Juli, y tras una fase en la que alargó todo lo posible su embestida, no hubo otra opción para calentar los tendidos que el toreo de cercanías. Y vaya si calentó el ambiente.Menudo arrimón de Juli, con los pitones del toro a milímetros de sus muslos. No siempre hubo limpieza pero la capacidad del torero entusiasmó de tal manera que el respetable rompió a aplaudir en pie. Y cayeron las dos orejas.

Había tomado ventaja El Juli y Ponce, pese haberlo logrado absolutamente todo en el toreo, no quería ganarse la pelea. Ni siquiera numéricamente. La condición desentendida de ‘Clarinetero’ no se lo puso fácil pero parece que para este torero no hay nada imposible. Solemnidad en su andar y maestría en la forma de llevar cosido al toro en su muleta. ‘¡Gracias Enrique!’, le gritaron desde el tendido. Y el de Chiva respondió con la poncina en los medios. Sublime. El público enloquecido. Y ‘Cielo andaluz’ sonando desde la grada. Y otra vez la poncina. Y los del desprecio, las trincheras, los cambios de mano… Y los tendidos convertidos en un manicomio gritando ¡torero torero!. Sólo la espada impidió el premio gordo pero la oreja paseada tuvo honores de Catedral.

Como en un intercambio de golpes, era turno para El Juli. Y sin probaturas se llevó el sexto a los medios. Pero el de Ernesto fue el garbanzo negro y no permitió un cierre redondo a una tarde para la historia que terminó con la imagen triunfal con los toreros y el ganadero a hombros.