11 de abril de 2021
Directores
Orlando Cadavid Correa
Evelio Giraldo Ospina

NAVIDAD, EVOCACIÓN DE ESPERANZA

24 de diciembre de 2015

Los hogares se reúnen hoy en torno a la Sagrada Familia para celebrar el nacimiento del Niño Jesús, que trae la esperanza de oportunidades futuras y de cambios en nuestras vidas.

Cerca de 2.016 años hace que la Historia de la humanidad cambió gracias al nacimiento de un líder, cuyo legado contundente obliga a laicos y opositores a reconocer la trascendencia de Cristo en el devenir del hombre.

Para los fieles se trata de Dios que, hecho hombre generosamente 33 años después, dará su vida para la salvación eterna del hombre. Es así como en la escena del Pesebre se observa el nacimiento del niño que recuerda el milagro de la existencia e inspira en la fe, la esperanza de una oportunidad, de una resurrección futura.

En el ciclo de la vida, siempre entre nacimiento y muerte, un infante despierta en las personas de bien la ilusión y la alegría en el alma, porque en ellos se ve la sonrisa de la ingenuidad, la mirada de la confianza, el movimiento de los brazos de quien se deja sorprender y se arriesga por la fe.

La Navidad es intoxicada por el materialismo consumista en la medida en que nosotros se lo permitamos, pero, si dejamos el cinismo de lado, quién en Colombia no atesora recuerdos de alegría y de verdad, como:

-La Novena en torno a los abuelos.

-La tarde en que, en familia, armamos aquel Pesebre que a veces carece de coherencia estética (y la pesadilla de desbaratarlo).

-Los patos que pretenden nadar en lagos de lata cubiertos de aluminio y rodeados de casitas desproporcionadas, y quizás desportilladas, que custodian un recuerdo en nuestra memoria que no queremos olvidar.

-El dulce pero desentonado coro de la familia, acompañado de instrumentos improvisados.

-El afán por ir a la cama para pretender estar dormidos y querer ver al Niño Dios.

-El quemón en la búsqueda del buñuelo imperfecto para comerlo a pedacitos.

-Los juegos con los primos, y quizás un primer amor en las calles.

-Las eternas discusiones sobre si es mejor la natilla o el manjar blanco

-Las infinitas anécdotas…

Pero lo verdaderamente importante se esconde valioso detrás de ellas. Allí está lo más esencial y real de las almas que han hecho viable este país y que en esta época detienen su ritmo para permitirse mostrar sus emociones y encontrarse con ellas mismas, con los amigos y con la familia.

La fe es certeza, no escondamos el corazón, que las emociones que inspira la Navidad permanezcan para que creamos y materialicemos las posibilidades de aquello que soñamos desde la bondad que nos une. Que en esta época, desde la oración o la reflexión, conectemos con y desde el alma.

En torno a la Sagrada Familia se unen hoy las familias para la celebración del nacimiento del Niño Jesús y en él la esperanza. Que el calor disperse la neblina, que seamos conscientes del poder de creer, coherentes y disciplinados con el hacer. Que desde la más elevada inspiración reaccionemos con conciencia como agentes transformadores de nosotros mismos, nuestro entorno y nuestro universo. Que desde las dos orillas nos una la fuerza de la Navidad.

EL COLOMBIANO/EDITORIAL