13 de abril de 2021
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Breve mosaico sobre la vejez (I)

17 de diciembre de 2015
Por César Montoya Ocampo
Por César Montoya Ocampo
17 de diciembre de 2015

cesar montoya

¿Cuándo  y cómo  los griegos acumularon tanta sabiduría ? Imposible saberlo.Tenían que ser disciplinados en los estudios, intensas en pedagogías sus universidades, incorporada al numen de los intelectuales la luz de sus bibliotecas, inmersos en filosofías profundas quienes rectoraban la vastedad de esa cultura.

Los libros  escritos por los eruditos, miles de años atrás, son, aún  hoy, antorchas, cataratas diáfanas, refugio sedativo de belleza inconmensurable. Por ejemplo, el tema sobre la  ancianidad sobrecoge  a muchísimos autores,dejándonos reflexiones de hondo contenido.

En “Los Suplicantes” de Eurípides, un personaje de esa tragedia, plantea el no resuelto interrogante sobre la reencarnación.  Se pregunta: “¿Por qué no les es posible a los mortales ser jóvenes dos veces y dos veces viejos”? Después de hacer perífrasis en torno de los años, exclama : “!Oh implacable vejez, cómo te odio! Cómo odio a quienes quieren  alargar su vida y pretenden desviar el curso de la muerte….”.

En “Los Heráclidas”,  el  mismo autor afirma que el anciano Yolao “se ha convertido de viejo  en jóven otra vez”.

En la tragedia “Alcestis”, también escrita por Eurípides, la hija de Pelias,manifiesta : “Con palabras vanas los ancianos desean morir y se quejan de la vejez y de la larga duración de la vida, pero cuando la  muerte  se acerca, nadie quiere  morir y la vejez ya no es una carga para ellos”.

Los griegos aplicaban una original eutanasia a los ancianos. Cuenta Homero en “La Odisea” :  “……cuando en la ciudad envejecen los hombres de una generación,              presentábase Apolo que lleva arco de plata y Artemis y los van  matando con suaves fle- chas”.

Son abundantes las referencias sobre la vejez  en las tragedias griegas. Esquilo  en “Agamenón”  exclama : “Cuando el verdor de los años  se ha marchitado ya, la vejez decrépita , seca y sin hojas, va haciendo su camino sobre sus tres pies, sin mas fuerzas que un niño, y arrastrándose con incierto paso a modo de un sueño que anduviese vagando en pleno día”.

En “La Ilíada” de Homero, dialogan Agamenón y Néstor. Dice el primero : ¡“Oh anciano! ¡Así como conservas el ánimo en tu pecho, tuvieras ágiles las rodillas y sin menoscabo las fuerzas! Pero te abruma la vejez, que a nadie respeta. Ojalá que otro cargase con ella y tu fueras contado en el número de los jóvenes. Respondióle Néstor, caballero gerenio :  ¡Atrida! También yo quisiera ser como cuando maté al divino Ereutalión. Pero jamás las deidades lo dieron todo y a un mismo tiempo a los hombres : si entonces era joven, ya para mi llegó La senectud. Esto no obstante, acompañaré a los que combaten  en carros para exhortarlos con consejos y palabras que tal es la  misión  de los ancianos. Las lanzas las blandirán los jóvenes que son mas vigorosos y pueden confiar en sus fuerzas”.

En las “Memorias de Adriano” Marguerite Yourcenar relata las masoquistas  reflexiones del emperador Adriano sobre su adonis. “Antínoo temblaba, no de terror como lo creía en ese momento, sino bajo la influencia  de un pensamiento que comprendí  más tarde. Espantado ante la idea  de la decadencia, es decir de la vejez,  había debido prometerse  mucho tiempo atrás que moriría en la primera señal  de declinación, y quizás antes”.

“Es preferible perecer que llegar a viejo” escribe la genial escritora.

Sándor Márai, ya decrépito,amurallado en las últimas hojas amarillas de su almanaque y arruinado  por los dolores del alma, grita : “A veces me averguenza estar vivo”.

Se suicidó.

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