23 de abril de 2021
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¡¡Muere democracia, muere!!

Por Hernando Arango Monedero
18 de octubre de 2015
Por Hernando Arango Monedero
18 de octubre de 2015

Por Hernando Arango Monedero

hernando arangoAlguien podrá espantarse ante la exclamación con la que titulo este escrito. La realidad es que debemos espantarnos todos ante las cosas que venimos haciendo los colombianos de una u otra índole, y sea el lugar que ocupemos en la escala social y económica.

Los unos, haciendo lo que se nos viene en gana cuando llegamos a posiciones de dirección en las distintas ramas del poder, bien sea Ejecutivo, Legislativo o Judicial. Y, por qué no, también en el sector privado. Y ni qué decir, nosotros, cuando como electores o simples integrantes de la sociedad que conformamos, aceptamos, toleramos y hasta cohonestamos los comportamientos con los que cada día nos sorprenden desde todos los sectores de la actividad humana.

¿Acaso, no somos testigos de que, cuando alguien se dedica a negocios ilícitos, como pueden ser: el contrabando, la consecución de contratos mediante sobornos, el trámite de licencias por vías indebidas y, toda clase de indelicadezas , a ese tal por cual se le sigue aceptando en el núcleo social que comparte con nosotros y, no pocas veces, se le califica como el macho, el capaz, el vivo, el hábil y le damos cuanto calificativo se nos antoja para destacar y loar el “éxito” de ese sinvergüenza?

Y sí es el funcionario público que: se presta, facilita, o vende favores: ¿No realiza sus actividades con nuestra venia y sigue su estela de miserablezas sin que haya quién lo detenga, sociedad que lo aísle, o se le expulse del partido que dice representar? Y, ¿Acaso no sigue ocupando lugares de preeminencia en su sector y nadie dice nada?. Y, ¿No recibe avales para alcanzar dignidades y, campante, sigue la veleta salpicando todo lo que a sus manos llega, y una y otra vez es consultado, cual guru, mientras su ejemplo sirve a otros para proceder, siguiendo los pasos “exitosos” del maestro que, indemne, llega a la cúspide de su carrera? ¿Y, no es por él, por esta lacra social, por quién votamos en señal de aceptación y respaldo a lo que es una sucia trayectoria? Y, acaso, por qué no, ¿también aceptamos se le promocione para que represente al país en cualquier organismo internacional, sin que nos importe que, de su nombre, en esos círculos del mundo se conozca su escabrosa trayectoria? Así, con pasividades, una tras otra, demostramos que nada nos importa y, de esta manera, cada vez le damos muerte a la democracia.

Al llamar a la muerte de la democracia, sólo estoy anticipándome a lo que cada vez hacemos cuando no expresamos nuestro desacuerdo, disgusto o rechazo a quienes de estas maneras se comportan. Cuando aceptamos con el silencio los procederes erróneos de la dirigencia política. Cuando contribuimos con nuestro voto a la elección de sujetos que con descaro se presentan como salvadores de las comunidades; cuando silentes permanecemos ante las expresiones que desde los cuerpos colegiados algunos espetan sin responsabilidad alguna sobre los problemas de la patria. Cuando se apoyan actitudes y determinaciones de otros por el sólo prurito partidista, sin miramientos para con las buenas costumbres y la ética. Cuando nada hacen frente a los graves problemas y retos de la sociedad.

Mencionar nombres propios no tiene sentido cuando las conductas se generalizan pero, a manera de ejemplo, bástenos saber el que, ante unos avales para candidatos en el norte del país, el dirigente de un grupo político manifestó su desacuerdo. Ese dirigente fue removido de su cargo en el grupo y, quién lo reemplazó dio los avales antes negados, y la danza continuó. Allí están los que debieron ser rechazados. Otro “prohombre”, dirigente de otra colectividad, avaló la candidatura de un aspirante a gobernación del oriente sin la exigencia de una limpia hoja de vida, y nada pasó. Por más señas, de poco ejemplo podía servir el sujeto en cuestión, y menos ser él para exigir conductas ceñidas a la ética. Al sur, un individuo perseguido por las autoridades, ya contaba con el aval de su partido para la gobernación de su departamento. Y ya hemos oído de la cantidad enorme de inscripciones que han debido ser anuladas por inhabilidades simples y hasta por delitos y condenas sobre tales candidatos. Todos estos actos, son estocadas que se le dan a la democracia. Estocadas derivadas de la irresponsabilidad de la dirigencia de los partidos y del silencio nuestro antes estos desafueros.

Y ni que hablar de los delitos derivados del traslado de votos de un lugar a otro. Municipios con mayor cantidad de inscritos que de habitantes regulares. Descaradas conductas que se vuelven como armas para dar muerte a la democracia. Y, ni hablar de la compra de votos. Compra de votos que se hace en las narices de las autoridades por personas conocidas en el medio y en la actividad, pero que gozan de un cierto fuero que les permite asestar contundentes golpes a la democracia. Y la sociedad guarda silencio cómplice.

Por supuesto, ante estos mandobles contra la democracia, más temprano que tarde le aparecerá el “salvador”. El sempiterno “salvador” del pueblo. El “redentor” que bajo nombres y figuras diferentes, aparece comprometiéndose a sanear las costumbres políticas. Comprometiéndose a respetar las libertades republicanas. Comprometiéndose a mejorar los hasta ahora deficientes sistemas de salud y educación. Comprometiéndose a depurar las costumbres de los politiqueros de hoy. Comprometiéndose a respetar la propiedad privada y la democracia. Y, el pueblo alborozado irá atrás de las notas de este émulo del flautista de Hamelín para caer en el Chávez o en el Castro. Tarde será pues para lamentarse y estaremos en el lugar y en el sistema que hemos cultivado, y añoraremos la democracia que perdimos. Entre los vecinos se oyen los lamentos y nuestros oídos aparecen sordos.

Estamos a un día de que esto ocurra. Un día, que puede ser un año. A lo mejor dos o cinco. Pero, si aprovechamos ese día que falta, y con vigor exigimos decencia, compromiso y trabajo real, sacaremos las rémoras que hasta hoy han abusado del sistema, de la bondad y, también, de la ignorancia que como pueblo hemos demostrado a través de los años. Aún hay tiempo, pero este se agota. Conocemos a los que irresponsablemente dicen: ¡ MUERE DEMOCRACIA, MUERE!

Manizales, octubre 18 de 2015.