20 de abril de 2021
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Recuperemos Bogotá

Columnista de opinión en varios periódicos impresos y digitales, con cerca de 2.000 artículos publicados a partir de 1971. Sobre todo, se ocupa de asuntos sociales y culturales.
18 de septiembre de 2015
Por Gustavo Páez Escobar
Por Gustavo Páez Escobar
Columnista de opinión en varios periódicos impresos y digitales, con cerca de 2.000 artículos publicados a partir de 1971. Sobre todo, se ocupa de asuntos sociales y culturales.
18 de septiembre de 2015

gustavo paez

 Como alcalde de Bogotá, Enrique Peñalosa recuperó la calle El Cartucho, habitada por la peor crápula y convertida en foco de la droga, el raterismo, el tráfico de armas y toda clase de vicios. Sórdido lugar adonde la propia policía se cuidaba de penetrar. Los alcaldes eran conscientes de este cáncer social y de la necesidad de erradicarlo, pero eludían el problema.

La atmósfera de corrupción infectó a todo el barrio, compuesto por catorce mil personas que vivían dentro del libertinaje más abyecto, y habitado en otra época por gente distinguida. Desde los años ochenta comenzó a ser invadido por pordioseros, jíbaros, prostitutas y maleantes, hasta volverlo uno de los sitios más peligrosos de Bogotá. Fue Peñalosa quien acometió el acto valeroso del desalojo y la demolición, librando a la ciudad de un antro de podredumbre, a la vez que rescataba el sector y ofrecía a sus moradores fórmulas de rehabilitación. Allí se construyó el parque Tercer Milenio. Este acto es modelo de la autoridad bien ejercida.

Bajo el lema Recuperemos Bogotá, el líder del progreso bogotano en los años 1998-2000 adelanta hoy su campaña hacia la reconquista de la Alcaldía. Para nadie es secreto que se trata de uno de los alcaldes de mayor visión y desempeño que ha tenido el distrito. A su sólida cultura profesional y destacado ejercicio en diversas posiciones de la vida pública se suma su constante preocupación por los problemas de Bogotá.

En su paso por la Alcaldía dejó mejoras de profundidad y largo alcance, entre las que se cuentan TransMilenio, novedoso sistema de transporte admirado y copiado por otros países; el desarrollo urbano integral, con énfasis en el espacio público; la construcción de colegios y la ampliación de cupos escolares; la creación de las grandes bibliotecas El Tintal, El Tunal y Virgilio Barco, y trece más de inferior nivel.

Quince años después, Bogotá es una ciudad detenida. Ha sido un proceso progresivo, hasta llegar al desgreño causado por las torpes administraciones que hemos sufrido. Los gobiernos de izquierda resultaron un fracaso. Problemas como el tránsito caótico, la inseguridad, el abandono de la infraestructura urbana y el desgobierno dondequiera se mire hacen insoportable la vida bogotana.

En reciente encuesta, el ochenta por ciento de las personas consultadas dice que las cosas van por muy mal camino y quiere un cambio. Se ha llegado a los peores extremos de la inconformidad y la desesperanza. La otra Bogotá, la Bogotá humana, es la que dejamos perder. Y hay que recuperarla.

En la mira de Peñalosa está la ciudad del futuro, la ciudad con calidad de vida, que  surgirá con ideas como estas: más TransMilenio, “eficiente, rápido, pulcro y seguro”, sin descuidar el metro con el componente de tramos elevados; la recuperación del espacio público; la seguridad ciudadana; la reparación de las vías; el mejoramiento de todas las entradas y salidas de Bogotá; la descontaminación y ampliación del río Bogotá; la construcción de ALO (Autopista Longitudinal de Occidente). Y óiganse estos anuncios de especial significado: la necesidad de que la ciudad demuestre respeto por el ciudadano; llenar el alma con la recreación y no con la droga.

Ha llegado la hora en que los ciudadanos deben escoger el modelo de ciudad que quieren. Es preciso romper las cadenas del atraso y la parálisis que hoy tienen hundida a Bogotá. A la vista está la opción de un ejecutivo comprobado y garantizado.

 

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