18 de abril de 2021
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Pasiones para escribir

15 de agosto de 2015
Por Hernando Salazar Patiño
Por Hernando Salazar Patiño
15 de agosto de 2015

hernando salazar

Nuestro colaborador Hernando Salazar Patiño, hace las siguientes anotaciones a la última columna de Marco Aurelio Uribe, en Eje 21 

Hombre Marco Aurelio.

Siempre leo tus cosas y por ellas me he informado de tus rencores; de tus pruebas sobre algunos personajes, de las que y de los que no tenía ni idea y por eso nada puedo decir y menos pensar; de tus ideas, de las que he compartido algunas y las que no, el respeto implica que me limite a su coherencia y a su consecuencia.

Tus apuestas, que no «reflexiones» para elegir alcalde de Manizales, en las que muestras tu favoritismo, con todo tu derecho, y tu rechazo, con el mismo derecho, no faltaba más, me sorprendieron porque usaste un término inadecuado para exponer tu opción absolutamente clara pero que es producto de tu deseo, no propiamente de una reflexión, de un análisis detenido o concienzudo, ni menos de una reflexión política, que conlleva balances de pros y contras objetivos en cuanto más se pueda y no subjetivos o pasionales. Que son legítimos y expresan sentimientos, pero no analíticos que expresen pensamientos. Ni menos reflexión filosófica.

Las tuyas se acercan más a la definición de reflexión en la física. Hay también repulsiones físicas. Y en tu escritos las expones.

Pero lo que me sorprendió fue que un zorro como tu en la política, con formación universitaria y experiencia jurídica y burocrática,  todavía recurras a la fraseología estudiantil de los sesentas y setentas, a la llamada lucha de clases, al lenguaje del resentimiento social del comunismo de masas trasnochado que ni los sindicalistas usan, ni menos los exmarxistas ni marxistas epigonales y si acaso, porque ignoraba que sobrevivía aún, es apenas un complejo de pobre de provincia. Creo que ni Renan Barco en su condena a los «blancos» de Manizales, llegaba a tanto.

Que no te guste Adriana para alcalde, santo y bueno. Y si te gusta ese joven Cardona, está bien. Pero ese paralelo que estableces, no es ni siquiera de mala leche Marco Aurelio. Es escolar. De escuela de sindicato, por lo extremo, por lo maniqueo, por lo totalitario.

Tu candidato tiene todas las cualidades del mundo sin una sola limitación. Y la señora que no te gusta, tiene todos los defectos del mundo, incluidos aquellos de los que ningún ser tiene la culpa, porque nadie escoge donde ni de quien se nace. Estoy seguro que tu muchacho tampoco, y pones como  virtudes personales situaciones del azar o del destino, como el envidiable de haber nacido en La Cabaña.

Dejemos en claro, que aunque te conozco desde la época del imperialismo político absoluto (para no volver a esos nombres gastados) que se vivía en Caldas hace treinta años o más, en el que eras uno de sus procónsules, la frecuencia con la que he tratado contigo, que no ha sido mucha, es un noventa por ciento más asidua que la he tenido con la señora Gutiérrez, con quien si acaso he hablado tres o cuatro veces en mi vida, y nunca por más de dos minutos. Esto pare decirte que no he sido amigo suyo, así hayamos tenido amigos comunes, como sucede contigo, y que no soy su defensor de oficio.

Pero es que tu escrito me dejó, entre la sorpresa que he confesado y otras preocupaciones de más calado, unas dudas de carácter histórico y psicológico.

De verdad, la oligarquía manizaleña, que no sé si existe y si ha tenido el poder político electoral en las últimas décadas, entiendo que no, ha sido tan aplastante, discriminadora, excluyente, etc, etc como tu dices? Ni Valencia Llano cuando marxista, lo dice en sus libros ni pone ejemplos.

Sería estupendo que en un recordatorio de la historia, citaras casos en los que esos rotundos calificativos con los que te refieres a la clase alta de la ciudad, tuvieron expresión fáctica. ¿Nacer en esa clase es para ti, per se, una falla o impedimento ético o prueba de incapacidad para regir al municipio? Y solo los de origen humilde o sencillo pueden comprender al pueblo? Eso no alcanza a demagogia, es solo inferior a tu potencialidad argumentativa.

Ese otro término, «indolente», para referirte a la candidata Adriana Gutiérrez, leyendo su significado no logro acomodárselo. Así no la conozca mucho. Ah, sí, también nació en el campo. Su paso por las altas cámaras fue más que decoroso hasta donde estoy informado. Y sé que el fácil y mezquino expediente ya superado de una foto, no será uno de tus bastiones mentales.

No me estoy pronunciando, espero que me entiendas, a favor de su candidatura, que es una cuestión para mí personal porque no soy político, ni partidista,  sino pensador de la política, como tampoco estoy en contra de tu muchacho de La Cabaña, del que tengo buenas referencias pues entiendo que es hermano de una encantadora alumna que tuve años atrás, cuyos ojos, sonrisa y dulzura no olvido y no contemplo desde esos tiempos.

Pero Marco Aurelio, no llames «reflexiones» a tus insultos, porque usas expresiones insultantes y señalamientos de clase como si lo fuesen, ni a tus elogios, así ejerzas el derecho a la libertad de expresión, pero es que antes te he leído más preciso aun en tus durezas. «Reflexiones» son las de tu tocayo, el emperador romano Marco Aurelio. Reléelo, y entenderás por qué me desconcertaste en un  tema que, por cierto, me va y me viene poquitísimo.

Con aprecio,

Hernando Salazar Patiño